El teclado permite escribir con rapidez, pero registrar información no es lo mismo que aprenderla. Escribir a mano requiere coordinar movimientos, la vista y las sensaciones corporales, y su ritmo más lento puede favorecer la selección y organización de las ideas. ¿Qué relación existe entre esta diferencia y la capacidad de recordar lo aprendido?

José Ángel Muñoz, profesor de Psicología de la Universidad Internacional de La Rioja (Unir), explica cómo influye esta práctica en el aprendizaje y qué lugar ocupa frente a las herramientas digitales.

Aunque escribir en papel y teclear comparten los mecanismos básicos del lenguaje, no implican exactamente la misma actividad cerebral. Mientras escribir a mano exige trazar cada letra y coordinar los movimientos de los dedos y la muñeca, teclear consiste en localizar y pulsar las teclas. Un estudio realizado mediante electroencefalografía encontró una actividad cerebral más rica e interconectada durante la escritura manual, posiblemente porque integra información visual, movimientos y sensaciones corporales.

¿UNA MEJORA EN LAS CAPACIDADES COGNITIVAS AL ESCRIBIR A MANO?

La mayor complejidad de esta actividad cerebral abre la posibilidad de que escribir a mano contribuya a la memoria y la comprensión. Sin embargo, los resultados de este tipo de estudios no permiten demostrar por sí solos una mejora general de las capacidades cognitivas.

Uno de los posibles beneficios de la escritura manual reside en el proceso que exige para tomar apuntes. Como no siempre es posible anotar todo al mismo ritmo al que se recibe la información, es necesario identificar lo esencial, resumirlo y establecer relaciones entre los conceptos. Ese trabajo puede ayudar a comprender mejor los contenidos y recordarlos posteriormente.

“Debemos seleccionar la información importante y sintetizarla: un esfuerzo que ayuda a mantener la atención y que puede facilitar que recordemos mejor las ideas y comprendamos sus relaciones”, explica Muñoz.

El teclado, en cambio, permite registrar más información en menos tiempo, pero la transcripción automática puede reducir el procesamiento activo de los contenidos. Por eso, más que elegir una modalidad sobre otra, importa cómo se utiliza cada herramienta.

ENTONCES, ¿ESCRIBIR MEJOR A MANO O A MÁQUINA?

La escritura manual sigue siendo útil en un mundo digital, especialmente para aprender, organizar ideas y reflexionar sobre las propias experiencias.

Combinar ambas modalidades permite aprovechar sus ventajas: el teclado puede utilizarse para tomar apuntes con rapidez durante una clase o una reunión, mientras que el papel permite volver sobre esa información, reorganizarla y sintetizarla. También es posible poner a prueba lo aprendido intentando explicar por escrito lo aprendido sin consultar los materiales, para identificar qué conceptos necesitan repasarse.

Elaborar esquemas, conectar ideas mediante dibujos o escribir sobre experiencias personales también puede favorecer la organización de la información. Sin embargo, la escritura manual no desarrolla automáticamente la memoria, la atención o el pensamiento crítico: estas capacidades requieren práctica y una enseñanza adecuada.

LA ESCRITURA DURANTE LA INFANCIA Y EN LA EDUCACIÓN

La infancia y la adolescencia son etapas especialmente importantes para el aprendizaje, ya que el cerebro presenta una mayor plasticidad y capacidad para reorganizar sus conexiones a partir de las experiencias. Por eso, la escritura manual podría tener un papel relevante durante esos años. Aun así, todavía es necesario determinar si sus posibles ventajas se mantienen a largo plazo y qué efectos tienen a lo largo de la vida.

En la adultez y la vejez, escribir a mano también puede ayudar a ejercitar las capacidades cognitivas, al permitir procesar la información con más detenimiento. No obstante, sus beneficios varían según cada persona y no existe una única modalidad adecuada para todas las edades.

En el ámbito educativo, el desafío consiste en integrar las herramientas digitales sin dejar de lado el papel. Mientras que el teclado facilita la rapidez, la automatización de tareas y el registro de grandes volúmenes de información, el papel puede contribuir a procesar los contenidos con más detenimiento, sintetizar conceptos y afianzar lo aprendido.

La incorporación de la tecnología a las aulas no tiene por qué ser incompatible con el uso del lápiz y el papel. La clave está en enseñar a elegir la herramienta más adecuada según el objetivo: utilizar los recursos digitales para trabajar con eficiencia y recurrir a la escritura manual cuando sea necesario profundizar en la comprensión.

“La escritura manual no es una solución mágica, ni reemplaza otras formas de aprendizaje. Es una herramienta que merece conservarse y ejercitarse, especialmente durante las etapas educativas en las que se desarrollan las habilidades cognitivas fundamentales”, insiste Muñoz.

IDENTIFICAR NUESTRAS EMOCIONES

La escritura manual también puede servir para explorar las propias experiencias y reconocer las emociones que generan. Poner en palabras lo que sentimos permite detenerse a examinarlo, identificar matices y comprender mejor las reacciones personales. Por eso, puede funcionar como un recurso complementario en determinados procesos de psicoterapia.

Sin embargo, reconocer las emociones no implica necesariamente saber gestionarlas, una habilidad que requiere aprendizaje y práctica.

“Identificar, comprender y gestionar las emociones son habilidades que necesitan educación, experiencia y práctica. Escribir a mano puede facilitar ese trabajo, pero no garantiza por sí solo una mejor gestión emocional ni sustituye el desarrollo de esas capacidades”, concluye el profesor de la Unir.

Con información de Europa Press.