Después de un accidente cerebrovascular (ACV), estirar un brazo y alcanzar un vaso sobre una mesa, por ejemplo, puede ser toda una proeza. La persona intenta llevar el brazo hacia delante y el codo se le dobla solo, como si tuviera instrucciones propias. No es falta de fuerza, ni de empeño. Las secuelas del evento hicieron que los músculos “olvidaran” cómo trabajar juntos y las cosas se complican. Pero hay formas cada vez más novedosas de recuperarse.

Un ACV puede interrumpir las señales que el cerebro envía para controlar el movimiento. La persona quiere extender el brazo y el bíceps se “prende” en el momento equivocado, el codo se flexiona justo cuando debería estirarse y no sucede lo que la persona desea. La recuperación es lenta, pero posible.

Para investigar cómo mejorar esta situación, la Universidad de Northwestern reclutó pacientes con discapacidad moderada a grave en el brazo debido a un accidente cerebrovascular ocurrido al menos seis meses antes del inicio del estudio. “Los participantes jugaron un videojuego de estilo de los años 90 en una computadora portátil durante 90 minutos al día, cinco días a la semana en casa y un día en el laboratorio, durante seis semanas, mientras llevaban pequeños sensores en el brazo afectado”, relata la web de esa casa de estudios.

Lo que hacían los sensores era medir la velocidad y la intensidad de las señales eléctricas que viajaban a través de los nervios de los músculos del brazo de cada participante, y luego traducían esas señales en acciones de movimiento dentro del juego. Las personas estudiadas debían completar tareas en el juego, como por ejemplo volar un helicóptero por la pantalla para aterrizar en un objetivo en movimiento.

El sistema de videojuegos y sensores, denominado interfaz mioeléctrica para el acondicionamiento neurorrehabilitador (MINT, por sus siglas en inglés), identifica los músculos que presentan un acoplamiento anormal y los reeduca para que vuelvan a moverse de forma independiente.

El funcionamiento se basa en que cada músculo maneja una dirección del cursor: el bíceps lo lleva a la derecha, el deltoides hacia arriba. Entonces, si el sistema detecta que “se prenden juntos”, el cursor sale en diagonal. El juego va poniendo los blancos cada vez más lejos de esa diagonal y el participante solo puede alcanzarlos si activa un músculo y no el otro.

Qué mostró el ensayo

“Escuchar a los participantes decir que están recuperando la movilidad en su brazo y que esto les ayuda en su vida diaria es muy gratificante”, dijo Marc Slutzky, doctor en Filosofía (2001), doctor en Medicina (2002), máster en Educación Médica (2003) y máster en Educación Médica (2006).

Según informa la web de la Universidad, luego de seis semanas de terapia basada en juegos, algunos supervivientes de ictus mejoraron la función de sus brazos casi ocho veces más que los del grupo de control. El hecho de que pudieran jugar en sus casas les facilitó el acceso a la terapia y aumentó las repeticiones de extensión de brazo.

“Los participantes también comentaron que el juego hizo que la rehabilitación fuera más amena”, informa el sitio.

“El estudio evaluó la mejoría mediante una prueba cronometrada que mide la funcionalidad en las actividades cotidianas. Los científicos observaron que los participantes del grupo experimental completaron las tareas diarias más rápidamente que los del grupo de control. Asimismo, los participantes del grupo experimental experimentaron mejoras en el rango de movimiento de su brazo afectado, y esta funcionalidad continuó mejorando un mes después de finalizar la terapia”, agrega.

Por ahora, MINT no está a la venta y se mantiene como dispositivo de investigación, armado por el laboratorio de neuroprótesis de Northwestern con una empresa de tecnología médica, aclaran los investigadores.