La muerte del actor argentino Luis Brandoni, quien se encontraba internado a causa de un hematoma subdural, volvió a instalar en la conversación pública un término médico que muchas veces se escucha, pero poco se conoce en profundidad.

Un hematoma subdural es una condición grave, que puede desarrollarse tanto después de un traumatismo severo como de un golpe aparentemente menor, y requiere atención médica inmediata.

Qué es el hematoma subdural

Según la web de la Clínica Universidad de Navarra, el hematoma subdural es una acumulación de sangre entre la duramadre (la capa más externa de las membranas que recubren y protegen el cerebro) y la superficie del cerebro mismo. Esa sangre proviene de la ruptura de pequeñas venas que atraviesan ese espacio llamado, justamente, espacio subdural.

A medida que la sangre se acumula, genera presión sobre el tejido cerebral. Dependiendo de la velocidad con la que crece esa presión y de la zona afectada, las consecuencias pueden ir desde síntomas neurológicos leves hasta el coma y la muerte.

Tipos de hematoma subdural

Una de las razones por las que este tipo de hematoma puede pasar inadvertido durante horas o días es que existen tres formas de presentación, con tiempos de evolución distintos, según detalla Cleveland Clinic:

-       Agudo: el más peligroso. Los síntomas aparecen minutos u horas después del traumatismo. La presión sobre el cerebro aumenta rápidamente y, sin tratamiento urgente, puede causar parálisis, coma o muerte.

-       Subagudo. Los síntomas se desarrollan entre uno y siete días después de la lesión. Puede ocurrir incluso con una conmoción cerebral.

-       Crónico. Es más frecuente en personas mayores de 65 años, presenta un sangrado lento y los síntomas pueden tardar semanas o incluso meses en aparecer. En muchos casos, la persona no recuerda haber sufrido ningún golpe.

Causas y factores de riesgo

La causa más frecuente es un traumatismo craneal, que puede originarse en una caída, un accidente de tránsito, un golpe durante la práctica deportiva. Pero además, como explica MedlinePlus —la enciclopedia médica de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos—, el cerebro tiende a encogerse con la edad, lo que estira las venas del espacio subdural y las vuelve más vulnerables incluso ante impactos menores en adultos mayores.

Entre los factores que aumentan el riesgo se encuentran:

-       Edad avanzada (el cerebro encogido genera más tensión sobre las venas subdurales)

-       Consumo de anticoagulantes, como la warfarina o la aspirina, que dificultan la coagulación

-       Trastornos de la coagulación, como la hemofilia

-       Consumo crónico de alcohol (daña el hígado y reduce la producción de proteínas coagulantes)

-       Práctica de deportes de contacto o de alto impacto

-       Antecedentes de traumatismos craneales repetidos

Síntomas: señales de alerta que no deben ignorarse

La variedad de síntomas de un hematoma subdural depende de qué tan rápido se acumula la sangre y en qué zona ejerce la presión. Según agrega Cleveland Clinic, en los hematomas agudos, la presentación es violenta, mientras que en los crónicos puede confundirse con otras condiciones como una demencia o un accidente cerebrovascular, por ejemplo.

Los síntomas más frecuentes incluyen:

-       Dolor de cabeza persistente e intenso

-       Náuseas y vómitos

-       Confusión, somnolencia o desorientación

-       Dificultad para hablar o para tragar

-       Debilidad o entumecimiento en un lado del cuerpo

-       Problemas de visión o de equilibrio

-       Convulsiones o pérdida del conocimiento

-       Cambios de personalidad o conducta (especialmente en hematomas crónicos)

Un dato clave para no desatender: en algunos casos puede existir un período de lucidez tras un traumatismo y esto lleva a pensar que la persona está bien, pero los síntomas recién se manifiestan horas o días después. Entonces, ante un golpe fuerte en la cabeza siempre es bueno mantener la atención.

Diagnóstico y tratamiento

Si hay sospechas, lo mejor es concurrir al médico y que se realice un examen neurológico. El profesional puede solicitar una tomografía computarizada (TAC) o una resonancia magnética (RM) en caso de ser necesario. Estas imágenes permiten confirmar la presencia del hematoma, su tamaño y la presión que ejerce sobre el cerebro.

Y si se confirma la presencia de un hematoma subdural, el tratamiento dependerá de la gravedad. Los hematomas pequeños y sin síntomas pueden manejarse con reposo, medicamentos y seguimiento por imágenes, pero en casos de sangrado significativo, puede ser necesaria una cirugía de urgencia, explican los diversos sitios de información especializada.

Según MedlinePlus, existen dos técnicas principales para abordar esta situación. Una es la craneotomía, en la que se extrae temporalmente una sección del cráneo para drenar el coágulo, y la segunda son los orificios de trepanación, que son pequeños agujeros que permiten insertar un drenaje. Este segundo procedimiento es el más usado en hematomas crónicos, indica el sitio especializado en salud.

De qué depende el pronóstico

El pronóstico varía enormemente según el tipo de hematoma, la edad del paciente y, sobre todo, la velocidad con la que se recibe atención médica. De acuerdo con la Cleveland Clinic, los hematomas agudos tienen tasas de mortalidad y daño cerebral permanente muy altas: aproximadamente la mitad de los pacientes con hematomas agudos grandes no sobreviven, y quienes lo hacen suelen presentar secuelas.

Los hematomas crónicos, en tanto, tienen mejor pronóstico en general, especialmente si el paciente llega consciente y es tratado a tiempo.

La recuperación puede requerir fisioterapia, terapia del habla y rehabilitación cognitiva, dependiendo del grado de afectación que tenga la persona que lo sufre.