Montevideo Portal
“Sabemos que son cosas que pueden ocurrir. Son cosas muy poco frecuentes, pero, aunque sea muy poco frecuente, a quien le toca es el 100%, o sea que no es un argumento para no preocuparse”, dice el pediatra Álvaro Galiana a Montevideo Portal sobre el caso de la niña de cinco años que murió el pasado domingo por meningitis. Se trata de una enfermedad de difícil detección y que, si no es tratada a tiempo, puede ocasionar daños irreversibles.
“La enfermedad meningocócica tiene como una de sus formas de presentación la meningitis, pero no es la única. Todo está vinculado a la infección por un agente bacteriano que se llama meningococo”, explica Galiana. Ocurre con más frecuencia en niños, aunque también puede afectar a bebés y adolescentes.
“A partir del momento en que una persona se infecta con el meningococo, lo aloja en su aparato respiratorio”, indica el pediatra. Aquí pueden ocurrir varios escenarios. El primero de ellos, que no pase nada más de eso. “La inmunidad del propio individuo rechaza el agente y se acaba”, comenta Galiana.
El segundo escenario posible es una bacteriemia. “A veces, vinculado a situaciones de estrés o de infecciones virales como el virus de la influenza, la bacteria pasa del aparato respiratorio a la sangre”, explica. Aquí, el paciente puede sufrir un cuadro febril, pero después mejorar y recuperarse.
El problema ocurre cuando el pasaje de las bacterias desde el sistema respiratorio hasta la sangre llega al sistema nervioso central. Allí, la localización de las bacterias en las meninges —membranas que envuelven el encéfalo y la médula espinal— derivan en una meningitis, “un cuadro más severo que se asocia con fiebre, vómitos, aumento de la presión a nivel del encéfalo, rigidez de nuca y, muchas veces, un compromiso de la conciencia”, detalla Galiana.
Un diagnóstico tardío de la enfermedad puede ocasionar daños irreversibles en el sistema nervioso central. Aún peor, el cuadro puede derivar en una púrpura fulminante y terminar ocasionando la muerte. “La púrpura fulminante es un cuadro en el que el niño pasa de estar globalmente sano a, en pocas horas, tener un cuadro febril”, detalla Galiana. “A veces no se hace el diagnóstico claro porque la fiebre es común a muchas otras infecciones, y ese atraso favorece a que se extiende la enfermedad”, agrega.
Por lo general, los síntomas iniciales de una enfermedad meningocócica suelen ser muy parecidos a los todas las infecciones bacterianas y virales, algo que la vuelve difícil de diagnosticar en su primera fase. “Todas las enfermedades infecciosas empiezan con cefaleas, fiebre, a veces dolores en el cuerpo, dolores musculares”, subraya Galiana.
Según el pediatra, hay unos puntos claves sobre los cuales prestar atención para detectar a tiempo la enfermedad meningocócica. “Hay lo que llamamos en medicina una depresión neuropsíquica, o sea, una lenta desconexión del niño con respecto a su entorno”, detalla.
“En general, en una infección más banal, tú le bajás la fiebre al niño y lo ves que está globalmente muy bien. Solo se siente muy mal cuando está con la fiebre alta. En estos casos, no pasa eso: aunque se baje la fiebre, a la mamá le llama la atención que sigue estando más deprimido”, explica Galiana. “Esos son signos de compromiso del sistema nervioso que hacen que sea muy importante que consulte rápidamente con el médico”, subraya.
El pediatra también destaca la aparición de petequias —pequeños puntos negros en la piel— como otro síntoma importante de la infección. “Si el niño está con fiebre y vómitos y aparecen estas lesiones en la piel o tiene rigidez de nuca, implica sí o sí ingresar a una puerta de emergencia o a una unidad de cuidados intensivos y administrar medicación y antibióticos por vía intravenosa”, destaca.
Cómo prevenirla
La manera más eficaz de evitar la meningitis es a través de las vacunas. “Tanto para el meningococo serogrupo B como para el meningococo serogrupos A, C, Y, W, tenemos vacuna. Si las personas están bien inmunizadas para estos agentes, no se infectan, no se enferman y anda todo en orden”, comenta Galiana.
Galiana dice que a partir del plan de inmunización implementado en 2025, todos los niños a partir de ahora recibirán las vacunas correspondientes a las enfermedades meningocócicas. “A la larga, va a cubrir a todos los niños, por suerte”, comenta.
El problema, según el pediatra, está en el antiguo esquema de vacunación uruguayo. “Los niños que hoy están inmunizados son los niños de 11 años que hayan nacido después de julio del 2014, o los nacidos desde el año 2025 y que cumplen un año ahora”, explica. “Los niños que tienen hoy 5 o 6 años no están cubiertos, a no ser que se hayan dado la vacuna de forma privada, pagando de su bolsillo”, explica.
En ese sentido, Galiana es claro: tener las vacunas al día es vital. “Si no han recibido la vacuna y los niños están con fiebre y vómitos, hay que estar atentos a ver cómo reaccionan. Si el cuadro persiste a pesar de los tratamientos iniciales, es bueno que sean controlados por un pediatra”, concluye.
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