En su columna del programa Perros de la calle, el psicoanalista y escritor argentino Gabriel Rolón abordó un tema que aparece con frecuencia en su consultorio: la distancia entre lo que creemos merecer y lo que efectivamente recibimos. Como él mismo definió: “El merecimiento y la vida no se llevan bien”.
Buscar no garantiza obtener
Para explicar su argumento, el autor recordó una anécdota de su infancia, que marcó su vida. Él tenía nueve años, y un día acompañó a su padre a trabajar en una estancia. Se quedó mirando los maizales, las vacas y las ovejas que pertenecían a otros, cuando el hombre vino a ver cómo estaba y le preguntó en qué pensaba. Él respondió: “Mirá todo lo que hay ahí adelante”. Y lo que le devolvió su padre le quedó grabado: “Cuando mires hacia delante y lo que hay ahí te guste, andá a buscarlo”.
Esa frase le quedó a Rolón como una enseñanza para siempre, pero marcó una clave que es determinante: ir a buscar no garantiza obtener. “A veces, que vos puedas tomar lo que deseás no depende de vos”, dijo. “Eso de ‘desealo que lo vas a atraer’ es una tontería. El deseo no atrae nada; lo que hace es empujarte a ir hacia lo que deseás”, recalcó.
El desprecio al fracaso
Otro punto que integró en el análisis fue el de animarse a ir a buscar el objeto del deseo, pese a la posibilidad implícita de fracasar. “Vivimos en una época que le tiene desprecio al fracaso, y eso presiona mucho. Vivimos en una cultura que no soporta el fracaso, que solo quiere a los ganadores y que es muy cruel con el que pierde”, afirmó.
Para ilustrar eso, se valió de un ejemplo futbolístico muy actual. River Plate de Argentina estaba siendo abucheado y los jugadores, insultados, hace poco más de una semana. Estaba quedando descalificado de una competencia por no ganar un partido que ya se acercaba al final. Pero en el mismo momento en que desde la tribuna bajaban las frases más duras, el jugador Juanfer Quintero hizo un gol y River pasó del calvario a la gloria, y los jugadores pasaron de ser los peores a ser los ídolos.
El mismo jugador, con la misma entrega, en un segundo, pasa de “tronco” a “genio” por un gol, resumió Rolón.
Y esa lógica, sacándola del fútbol y aplicándola a la vida diaria, presiona a las personas a la hora de salir a buscar lo que desean. Porque quien se prepara, se esfuerza y no obtiene el resultado que esperaba queda expuesto a ser visto como un fracasado. Y también a sentirse como tal. Entonces, el miedo lo paraliza y ni siquiera intenta lograr lo que sueña. Está tan incorporada la cultura del éxito, que no se tolera la posibilidad de perder.
¿Y el merecimiento?
Al ser consultado sobre si no existe el merecimiento, Rolón afirmó que sí, existe, “pero la vida no sabe de merecimientos”. Y sumó: “No siempre gana el mejor, no siempre gana el más bueno, no siempre gana el más noble”. Incluso contó que suele escuchar en su consultorio casos de parejas que se separan y uno dice que el otro lo dejó por alguien que "no lo merece".
Hay que esforzarse por merecer algo, enfatizó, pero “no hay que creer que haberse esforzado te garantiza obtenerlo”. Y cuando pasa que la persona no alcanza eso, aparece la frustración, que deriva en enojo.
“Hay que tener en cuenta esto: cuando uno cree que algo le corresponde, ya sea por mérito o por lo que fuere, tiene que manejarse con mucho cuidado. Porque cuando no viene y vos sentís que lo merecías y no te lo han dado, la sensación que ocurre dentro de vos es de frustración y te vas a enojar con los demás o con vos, y ahí va a haber algo muy difícil de resolver”, sentenció.
Para Rolón, lo único que es enteramente propio de cada uno es el deseo y la decisión de moverse hacia él. Lo formuló así: “Lo que es tuyo es tu deseo y lo que te corresponde es el hacer el esfuerzo para ir en pos de lo que deseás”. Si después eso se obtiene o no, queda librado a variables que escapan al control individual.