Si fuera por los influencers de las redes sociales, la solución a todos los problemas del mundo sería eliminarla con un simple “ayuno de dopamina”. Pero, por supuesto, no todo es tan sencillo.

Analicemos qué dice la ciencia y por qué, en realidad, el problema no es la dopamina, sino nuestros hábitos.

Vale reconocer que, apenas abrimos un ojo, la mayoría de nosotros comienza con el scroll infinito del día en el celular. Las notificaciones, los mails, las redes, Whatsapp... la pantalla que nos ata y la culpa la enviamos directamente a la “hormona del placer”.

¿Qué es la dopamina?

En primer lugar, hay que saber que no es posible eliminar la dopamina, ya que es un neurotransmisor importante para el funcionamiento normal del organismo. Los neurotransmisores, para comprenderlo fácilmente, se encargan de llevar información de una neurona a otra. De esa forma, toman parte en diferentes conductas, acciones, adicciones o estados de ánimo; el cerebro es la gran maquinaria detrás de todos ellos.

Como explica Sandra Ortonobes, la española creadora del canal de divulgación científica La Hiperactina, “la dopamina no se libera simplemente porque algo nos guste, sino porque nuestro cerebro quiere que lo repitamos”. ¿Por qué es importante esto? Porque está en las decisiones que tome cada uno si esto se transformará en un problema o no.

Algunos ejemplos:

-  Entramos a Instagram, pasamos una hora viendo videos graciosos, se genera dopamina y al cerebro le encanta. Lo pedirá de nuevo.

-  Salimos a caminar, respiramos aire fresco, movemos el cuerpo, ganamos en salud y vitalidad. Al cerebro le encanta. Lo pedirá de nuevo.

- Comemos helado, mucho helado y elevamos nuestros niveles de azúcar en sangre hasta límites poco recomendables. Al cerebro le encanta. Y lo pedirá de nuevo.

En los tres casos se libera dopamina y el cerebro querrá repetir esa acción, porque se sintió bien. Ahí es donde entra a jugar el círculo de la recompensa inmediata y las decisiones que cada uno tome: si transformamos la caminata en hábito o si elegimos el celular y el helado.

Dopamina para lo bueno y para lo malo

La clave es que la dopamina no es la enemiga. Ella no aparece únicamente cuando hacemos cosas que no son buenas para la salud, como tomar un helado por día o pasar horas mirando videos en TikTok, también se activa en la caminata o cuando disfrutamos del arte, de una charla con amigos o leer un buen libro.

Pero seamos sinceros: esta no suele ser la opción elegida. Entonces, el hábito que se instala es el menos beneficioso para nuestro cuerpo y poco podemos reprocharle a este neurotransmisor. “En resumen, la dopamina ayuda a crear hábitos, tanto buenos como malos, y por eso hay que ser conscientes de lo que estamos fomentando con nuestras acciones”, agrega La Hiperactina.

La trampa de los ayunos de dopamina

Ahora que ya sabemos cómo funciona la liberación de dopamina, podemos comprender por qué es una gran mentira que nos propongan un “ayuno”. Sería más sincero (y sano) emprender un ayuno de hábitos que nos hacen mal y no aportan nada bueno a nuestra salud mental y física. Pero seguro que eso tendría muchos menos adeptos.

Los programas de ayuno que proponen en redes sociales suelen comenzar con un detox digital, luego avanzar a un abandono progresivo de la comida chatarra y finalmente, atacar las compras compulsivas a las que invitan las redes y las apps de celulares. Si vamos al fondo de la cuestión, todo esto es beneficioso y conviene ponerlo en práctica. Ahora, es bueno saber que aunque le llamemos “ayuno de dopamina”, en realidad, lo que estamos haciendo es un ajuste de hábitos a una versión saludable.

Sandra Ortonobes lo explica así: “¿Tienen sentido estos ‘ayunos’? Pues hasta cierto punto sí, porque es verdad que en muchas ocasiones estamos sobreestimulados y tampoco nos viene mal desconectar un poco. Ahora bien, llamarlo ‘ayuno de dopamina’ y reducirlo todo a la dopamina es un error. Nuestro cerebro es complejísimo, y como saben bien los psicólogos, crear hábitos y, sobre todo, deshacerlos, es un proceso largo en el que intervienen distintas regiones de nuestro cerebro, y en el que la dopamina es solo una pieza más del puzzle”.

Así que, como ella misma concluye, en los “ayunos de dopamina” hay más de marketing que de ciencia.

¿Por qué no podemos vivir sin dopamina?

La biomédica explica que si los niveles de este neurotransmisor bajaran demasiado, nuestro cuerpo se enfrentaría a problemas muy serios y toma como ejemplo la enfermedad de Parkinson. En ese caso, las neuronas “encargadas de producir dopamina van muriendo progresivamente”.

“Como resultado, la cantidad de dopamina disponible en el cerebro disminuye poco a poco. Y aquí viene lo importante: una de sus funciones es intervenir en el control del movimiento. ¿Qué pasa en la enfermedad de Parkinson? Pues que, al no haber suficiente dopamina, este control del movimiento se pierde, lo que da lugar a esos temblores y rigidez muscular tan característicos de esta enfermedad”, agrega.

La especialista enumera además otros casos en los que se observan niveles bajos de dopamina:

-         en las personas con síndrome de Tourette

-         en quienes tienen el síndrome de las piernas inquietas

-         personas con depresión

-         personas con trastorno de déficit de atención (TDAH)

-         personas que sufren esquizofrenia

-         incluso en algunos casos de estreñimiento crónico.

“Ayuno de estimulación”: un título poco llamativo

El inventor del término “ayuno de dopamina” fue Cameron Sepah, psiquiatra estadounidense, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de California, y su idea tuvo tanto éxito que poco después de lanzarla salió a aclarar que no debía tomarse de forma literal.

“El nombre ‘ayuno de dopamina’ es un poco inapropiado. Es más bien un ayuno de estimulación. Pero el nombre funciona bastante bien. La dopamina es simplemente un mecanismo que explica cómo las adicciones pueden reforzarse, y le da un título atractivo”, dijo Sepah en un correo electrónico, según cita el New York Times.

Como explica un artículo de Harvard Health Publishing, “lo que Sepah pretendía con su ayuno de dopamina era un método, basado en la terapia cognitivo-conductual, que nos permitiera estar menos dominados por los estímulos dañinos —los mensajes, las notificaciones, los pitidos, los timbres— que acompañan la vida en una sociedad moderna y centrada en la tecnología”.

El psiquiatra buscaba que quienes “ayunaran” dejaran de responder automáticamente a cada uno de esos estímulos y pudieran modificar sus hábitos, por medio de la limitación de “estímulos que refuerzan ciertas conductas”. ¿Qué significa esto? Si cada vez que estamos aburridos tomamos el celular y pasamos una hora mirando videos, se establece una conducta repetitiva, un hábito y el cerebro pide más. En cambio, si logramos cortar con eso mediante este “ayuno”, salimos del círculo.

Ese era el significado original del ayuno: era una metáfora que aplicó Sepah para la aplicación de una “estrategia psicológica con evidencia sólida para tratar conductas compulsivas, como la adicción a Internet”, explica Ortonobes.

El paso siguiente será reflexionar y tomar la decisión de qué hábitos “dopaminérgicos” queremos mantener y cuáles no.

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