Podríamos decir que hay dos tipos de personas: las que duermen poco (bastante menos de lo recomendado por los médicos), llenan sus baterías a café, cumplen con todo lo que tienen que hacer y el cansancio no les gana. Y, por otro lado, las que duermen bastante más de lo que les dijo el médico y se levantan sin remordimiento alguno cuando el día ya está más que en marcha para el resto del mundo. Pero (siempre hay un pero), resulta que sus rutinas de sueño hacen que los dos envejezcan más rápido que el resto.

El dato salió de un trabajo que hicieron investigadores de la Universidad de Columbia y que se publicó esta semana en la prestigiosa revista Nature. Allí se informa que tanto dormir poco como dormir mucho se asocia a un envejecimiento más acelerado en el cerebro, el corazón, los pulmones, el sistema inmune y otros órganos.

Al cruzar las horas que cada participante dijo que dormía con las estimaciones de edad biológica que debía tener, los científicos encontraron un patrón: quienes dormían menos de seis horas y quienes dormían más de ocho mostraban un envejecimiento biológico más rápido. Los niveles más bajos se registraron entre quienes reportaban dormir entre 6,4 y 7,8 horas por día.

“Estudios previos encontraron que el sueño está vinculado en gran medida al envejecimiento y a la carga patológica del cerebro. Nuestro estudio va más allá y muestra que dormir muy poco y dormir demasiado se asocian a un envejecimiento más rápido en casi todos los órganos”, dijo Junhao Wen, profesor asistente de Radiología en Columbia y líder de la investigación.

Foto: Magnific

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Un reloj distinto para cada órgano

Los llamados “relojes de envejecimiento” que utilizaron los especialistas para esta investigación estiman si una persona envejece más rápido o más lento que su edad cronológica. Funcionan en base a aprendizaje automático e información biológica, como proteínas obtenidas de un análisis de sangre.

La mayoría entrega un número único para todo el cuerpo, pero para analizar los resultados hay que tomar en cuenta que los órganos no envejecen todos al mismo ritmo. Para esquivar ese factor, el equipo liderado por Wen está trabajando en relojes específicos por órgano, construidos con datos de medio millón de participantes del Biobanco del Reino Unido. De allí tomaron imágenes médicas, proteínas asociadas a cada órgano y moléculas detectadas en sangre.

Hay un detalle personal en la elección del tema: “También soy alguien de sueño liviano y me estaba preocupando por los efectos en mí mismo”, contó Wen.

Las enfermedades que aparecieron asociadas

El estudio también rastreó vínculos entre la duración del sueño y una lista larga de patologías que pueden venir asociadas y que hacen que, más que una causa, la falta o exceso de sueño sea un síntoma.

Entre esas enfermedades están:

“El amplio patrón cerebro-cuerpo es importante porque nos dice que la duración del sueño es una parte profundamente incorporada a toda nuestra fisiología, con implicancias de largo alcance en todo el cuerpo”, señaló Wen.