Un estudio liderado por la Universidad de Anglia del Este y la Universidad Queen Mary de Londres abre una vía prometedora para la detección precoz de la demencia: identificar metabolitos derivados de la microbiota intestinal en sangre capaces de anticipar el deterioro cognitivo años antes del diagnóstico clínico.

La investigación, publicada en la revista Gut Microbes y respaldada parcialmente por Alzheimer's Research UK, refuerza el creciente consenso científico en torno al eje intestino-cerebro como factor clave en la salud neurológica.

Evidencia temprana desde el intestino

El equipo analizó muestras de sangre y heces de 150 adultos mayores de 50 años, incluyendo individuos sanos, personas con deterioro cognitivo leve y sujetos con quejas subjetivas de memoria. Mediante técnicas de aprendizaje automático, evaluaron 33 metabolitos producidos por bacterias intestinales.

El hallazgo central es que incluso en etapas muy iniciales —cuando los síntomas son apenas perceptibles— ya existen alteraciones medibles tanto en la composición de la microbiota como en los compuestos químicos que esta libera al torrente sanguíneo.

Un modelo basado en solo seis metabolitos logró clasificar a los participantes con una precisión cercana al 79%, y diferenciar a individuos sanos de aquellos con deterioro cognitivo leve con más del 80%.

Implicancias clínicas y tecnológicas

Los resultados abren la posibilidad de desarrollar análisis de sangre simples y no invasivos para identificar a personas en riesgo mucho antes de que la enfermedad se manifieste plenamente. Esto representa un cambio potencialmente estructural en el abordaje de la demencia, que actualmente suele diagnosticarse en fases avanzadas.

Además, el uso de inteligencia artificial para procesar estos datos biológicos complejos subraya el papel creciente de la tecnología en la medicina predictiva.

Prevención: una nueva frontera

Más allá del diagnóstico, el estudio sugiere que la microbiota intestinal podría convertirse en un objetivo terapéutico. Intervenciones como cambios en la dieta, uso de probióticos o estrategias de nutrición personalizada podrían, en el futuro, contribuir a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.

Con información de Europa Press