De hecho, un reciente estudio de la Universidad de Northwestern (Estados Unidos) determinó que ajustar el horario de la última comida del día tiene beneficios directos en la salud cardiovascular.
La investigación comprobó que dejar de comer tres horas antes de acostarse mejora indicadores clave como la presión arterial y el control de la glucosa, incluso sin reducir la ingesta de calorías.
El impacto de la sincronización circadiana
El objetivo central del estudio fue explorar si la realización de un ayuno nocturno que esté alineado con el ciclo natural de sueño-vigilia de una persona tenía impacto en la salud cardíaca y metabólica. Esto se relaciona estrechamente con los conocimientos que se vienen generando respecto a los ritmos circadianos y el papel fundamental que juegan en la función cardiovascular.
Para ello, los participantes adelantaron su última comida para que ocurriera tres horas antes de dormir y extendieron su ayuno nocturno unas dos horas más de lo habitual. No se trataba de bajar calorías ni cambiar los alimentos, sino de retocar los horarios de ingesta.
Junto a esa modificación se integró también una mejora ambiental: las luces de la casa se atenuaron tres horas antes de irse a la cama, para generar una combinación de oscuridad y ayuno, que permitió que el metabolismo y el sistema cardiovascular se sincronizaran con el descanso nocturno.
Resultados en la salud cardiometabólica
Los investigadores registraron mejoras significativas en los voluntarios tras seguir este esquema. Entre ellas, se destacaron:
- Reducción del 3,5 % en la presión arterial durante la noche.
- Caída del 5 % en las pulsaciones nocturnas.
- Los niveles de azúcar en sangre mejoraron, lo que sugiere una mayor eficiencia metabólica al procesar los alimentos antes de que el cuerpo entre en modo de reposo.
La doctora Daniela Grimaldi, especializada en investigación en neurología, quien lideró el estudio, dijo que "programar nuestra ventana de ayuno para que funcione con los ritmos naturales de vigilia y sueño del cuerpo puede mejorar la coordinación entre el corazón, el metabolismo y el sueño, los cuales trabajan juntos para proteger la salud cardiovascular”.
Un aspecto relevante de la investigación es la alta adherencia que tuvo de los participantes, que alcanzó el 90%. Esto demuestra que, a diferencia de otras dietas restrictivas, la coordinación de los horarios de comida es una estrategia no farmacológica factible de mantener a largo plazo.
El estudio concluye que estas mejoras en las funciones cardiometabólicas ocurrieron de forma independiente a la pérdida de peso o a la restricción calórica. La clave del beneficio reside en la coordinación entre el corazón, el metabolismo y el ciclo de sueño, lo que protege la salud cardiovascular al permitir que el organismo se recupere adecuadamente durante la noche.
Una mala salud cardiometabólica aumenta el riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, enfermedad del hígado graso no alcohólico y enfermedades cardiovasculares.