En 1976, nueve de cada diez jóvenes estadounidenses de último año de secundaria habían probado el alcohol alguna vez. Hoy, casi cincuenta años después, esa cifra no llega a la mitad. Es uno de los cambios de hábitos más llamativos que registra la historia reciente de la salud pública juvenil en ese país.
Según el estudio Monitoring the Future, que releva anualmente los comportamientos y actitudes de estudiantes de 12° grado en Estados Unidos, el porcentaje de adolescentes de entre 17 y 18 años de edad que alguna vez consumió alcohol cayó del 92% en 1976 al 47% en 2024.
Es la primera vez en la historia del relevamiento —que lleva casi cinco décadas de seguimiento ininterrumpido— que ese número queda por debajo del 50%.
La caída no fue lineal ni uniforme a lo largo del tiempo: entre fines de los 70 y principios de los 90, el indicador se mantuvo relativamente estable, rondando el 90%. La tendencia descendente comenzó a acelerarse a mediados de esa década y se volvió mucho más pronunciada en los últimos quince años: entre 2010 y 2024 el porcentaje bajó casi 25 puntos, un ritmo de descenso considerablemente mayor al de cualquier período anterior.
Las razones detrás de esta transformación son objeto de debate entre investigadores. Algunos apuntan al mayor acceso a información sobre los riesgos del alcohol, al endurecimiento de las leyes sobre consumo en menores y a campañas de prevención sostenidas en el tiempo. Otros señalan factores culturales más amplios, como el creciente tiempo que los adolescentes pasan en entornos digitales en lugar de reuniones sociales presenciales donde históricamente circulaba el alcohol.
Los datos son del Institute for Family Studies y se basan en respuestas a la pregunta “¿Alguna vez tomaste una bebida alcohólica, más que unos pocos sorbos?”. El año 2020 fue excluido del análisis por las distorsiones generadas por la pandemia de covid-19, que alteró profundamente los patrones de vida y socialización de los jóvenes.