Nadie entrenaría una maratón el día anterior a la carrera. Sin embargo, la mayoría de los pacientes que van a someterse a una cirugía mayor llegan al quirófano sin ninguna preparación sistemática. Un estudio de Stanford Medicine afirma que cambiar eso podría marcar una diferencia significativa en la recuperación.
La investigación introduce o refuerza un concepto que todavía no es rutina en la mayoría de los hospitales: la prehabilitation o rehabilitación previa, un proceso que busca mejorar la condición física, mental y nutricional del paciente en las semanas previas a la operación.
La idea no es nueva, pero lo que este estudio aporta es evidencia sobre por qué funciona mejor cuando es personalizada, y qué pasa exactamente en el sistema inmune cuando se hace bien.
El problema con los consejos genéricos
Que un médico le diga a un paciente “coma bien, haga ejercicio y duerma suficiente” antes de una cirugía es una recomendación razonable, pero seguramente sea poco eficaz. “Aunque los médicos lo recomiendan, lograr que los pacientes lo cumplan y se adhieran a estos programas de prehabilitación es bastante difícil”, admitió Brice Gaudilliere, médico y doctor en investigación, profesor de anestesiología de Stanford Medicine y uno de los autores principales del estudio.
Para la investigación, el equipo de Stanford comparó dos grupos de pacientes adultos programados para cirugías mayores con entre cuatro y cinco semanas de anticipación a la operación. La mayoría estaban relacionadas a la zona abdominal o eran casos de cáncer o condiciones gastrointestinales.
Un grupo recibió un folleto con recomendaciones generales sobre ejercicio, dieta mediterránea, técnicas de mindfulness y una aplicación de entrenamiento cognitivo. El otro grupo recibió exactamente las mismas áreas de trabajo, pero con dos sesiones semanales de coaching personalizado y remoto, adaptado al progreso individual de cada uno.
Los resultados mostraron diferencias claras. Los pacientes con coaching personalizado llegaron a la cirugía en mejor condición física y cognitiva, y sus células inmunes estaban mejor preparadas para responder a la lesión quirúrgica y a posibles infecciones. Más importante aún, tuvieron muchas menos complicaciones postoperatorias que quienes siguieron el programa estándar.
Según explica Stanford Medicine, la cuestión biológica es la clave: una cirugía mayor desencadena una respuesta inmune potente que cumple un papel central en la recuperación —desde el control de infecciones hasta la cicatrización y la función cognitiva posterior. La prehabilitación personalizada modula esa respuesta de forma favorable.
El entrenamiento antes del partido
Cindy Kin, profesora asociada de cirugía de Stanford y coautora del estudio, lo resumió con una analogía: "Nunca correrías una maratón sin entrenar para ello". La cirugía mayor, según los investigadores, impone al cuerpo una carga física comparable a un evento de alto rendimiento deportivo. Entonces, prepararse con semanas de anticipación no es un lujo, sino una estrategia con base biológica.
Una aclaración necesaria: el ensayo incluyó 58 pacientes en un único centro médico académico, lo que limita la generalización de los resultados. El propio estudio reconoce que escalar este modelo a sistemas de salud más amplios —con mayor diversidad de pacientes y recursos variables— es el desafío que sigue.