Cómo influye la alimentación en el lipedema: “No son kilos de más, es tejido enfermo”
Miles de mujeres pasan años a dieta, peleando con algo que no es un problema de alimentación. La nutricionista Paola Pacífico lo explica.
Hace años que se cuida con las comidas, controla cuánto, cuándo y qué come. Probó dieta tras dieta, nutricionistas, médicos y se dejó tentar por tratamientos mágicos que le prometían soluciones para ayer. Sin embargo, se ve igual y se sigue sintiendo mal. Sus piernas siguen pesadas, desproporcionadas respecto del resto de su cuerpo, doloridas y con hematomas que no sabe de dónde salen. “Siento que yo hago todo bien, pero que mi cuerpo no me responde”, dice. No es una escena real, pero es una charla que se ha repetido decenas de veces en el consultorio de la nutricionista Paola Pacífico, que se especializa en lipedema, y resalta el subdiagnóstico que hay actualmente en Uruguay.
El lipedema es una condición crónica del tejido adiposo, que afecta casi exclusivamente a mujeres y no tiene cura. Se manifiesta como una acumulación anormal de grasa, en general en las piernas y a veces también en los brazos, y genera una desproporción marcada entre la mitad superior y la inferior del cuerpo. Pacífico aclaró que prefiere hablar de condición antes que de enfermedad, porque puede manejarse.
Para obtener un diagnóstico hay que pasar por varias consultas médicas y estudios. Y una vez confirmado, el tratamiento que se recomienda pasa a ser integral. Incluye masajes, drenajes linfáticos, alimentación, ejercicio y también medicación; incluso puede llegar a una cirugía. “El tejido adiposo, además de aumentar de tamaño, se transforma en un tejido disfuncional y empieza a formar fibrosis y a complicar la microcirculación”, explicó la nutricionista.
Pero lo que suele ocurrir es que cuando la enfermedad se manifiesta, muchas mujeres piensan que son kilos de más y que con dieta o ejercicio lo van a solucionar. Y no es así.
No son kilos de más, es tejido enfermo
Aunque parezca un contrasentido, ahí es donde entra el factor alimentación. Porque el lipedema tiene un fuerte componente inflamatorio, así que lo que se come influye: puede bajar la inflamación y el dolor, reducir la retención de líquidos y mejorar la energía y la calidad de vida. Lo que no puede hacer es curar. “Porque no son kilos de más, es un tejido que está enfermo”, insistió Pacífico y remarcó un concepto clave: el tratamiento para el lipedema no es bajar de peso.
Lo primero que hay que descartar, dijo, son las dietas restrictivas y la idea de “pelear contra algo”. “Las mujeres tienen que entender qué le está pasando al cuerpo y empezar a trabajar con su cuerpo, no contra él. Porque suelen estar en una lucha permanente, pero no es la solución. Y no hablo de resignarse, yo tengo lipedema y todos los días lucho, pero hay que amigarse, hay que aceptar una cantidad de cosas”, apuntó.
Entre esas cosas, mencionó los factores culturales sobre el ideal de “cuerpo perfecto”, las miradas cuestionadoras o los comentarios hirientes, las redes sociales y el daño a la autoestima que se suele generar. El lipedema, como quedó claro, no es un problema de obesidad, pero las piernas se ven gordas y eso, muchas veces, afecta a quienes lo viven.
La estrategia que hoy se maneja a nivel internacional, dijo Pacífico, es aplicar una suerte de híbrido entre la dieta mediterránea y un patrón de alimentación antiinflamatorio: “Priorizar alimentos mínimamente procesados, proteínas de calidad y grasas saludables, sumar fibra, cuidar la regulación de la glucosa y la insulina y dejar de lado los ultraprocesados y el azúcar, que alimentan la inflamación de bajo grado” son las claves.
“No hablo de hacer una dieta restrictiva porque, a la larga, eso lleva a que la persona caiga nuevamente en otra dieta y se vuelva una dietante habitual. La paciente con lipedema, generalmente, hace dieta desde siempre porque quiere darle una explicación a eso de que su torso es chico y sus piernas son gordas y sobre todo a la sociedad que le dice: ‘Ah, haciendo ejercicio y comiendo menos, lo solucionás’”, contó.
Tampoco se apunta a una dieta hipocalórica o a un menú único: depende del grado del lipedema y de cada persona. De hecho, en cuadros muy incipientes, la mejoría que se llega a alcanzar con un tratamiento integral, que incluya la alimentación, puede ser tal que la paciente siente que “se le fue” el lipedema, dijo la especialista. Algo que no ocurre, porque no hay una cura, pero sí que ayuda al bienestar.
El abordaje recomendado es lo que se llama tratamiento conservador: integral y sin cirugía, que combina alimentación, movimiento adaptado, drenaje linfático manual, terapia compresiva y acompañamiento emocional, sin descuidar el sueño, el estrés y la hidratación. “El tejido adiposo es un órgano endocrino”, subrayó la nutricionista e insistió en que esto es una condición médica y no una moda, como se suele escuchar.
“Sola, la nutrición ayuda. Pero el salto de calidad de vida aparece cuando se trabaja junto a un equipo”, sentenció.
De los dos lados del mostrador
Pacífico habla desde un lugar doble, porque es nutricionista pero también paciente. Se diagnosticó hace algunos años, en un congreso sobre la enfermedad realizado en Brasil, tras sospechar durante mucho tiempo que algo no le cerraba con sus propias piernas. Quizá por eso tiene tan claro que cuidar la alimentación sin atender a lo emocional no funciona.
Ella sostiene que atiende a mujeres que arrastran años de frustración, porque no encuentran un diagnóstico certero. En Uruguay “hasta hace muy poco no se sabía ni lo que era”, dijo y resaltó la necesidad de que los profesionales de la salud se sigan formando en esta enfermedad. Su apuesta es que, a medida que el lipedema gane visibilidad, haya más gente capacitada y menos desinformación.
De hecho, esa falta de información expone a muchas mujeres a promesas de soluciones que no son reales. “El otro día vi publicidad en redes de una clínica que vende una cura para el lipedema. Y eso no existe”, dijo. Lo que sí existe es una mejora en la calidad de vida si se sigue un tratamiento planificado y con un equipo interdisciplinario.
Por eso, ante la pregunta de qué le recomienda hacer con su alimentación a alguien que recién recibió un diagnóstico de lipedema, Pacífico aclaró que no hay recetas rápidas: “Lo primero es consultar con un profesional capacitado y desconfiar de las dietas restrictivas. Además, le diría que tratar el lipedema no se trata solamente de bajar de peso, se trata de entender lo que le pasa al cuerpo y empezar a trabajar con él”.
“Hablemos de lipedema”
El próximo martes 16 de junio, a las 18.00 horas, en el Espacio Colabora, se realizará la segunda charla “Hablemos de lipedema”, que organiza la kinesióloga especializada en esta enfermedad Alejandra Álvez.
En la charla participarán la doctora Antonella López, directora de Clínica Lumía, especializada en tratamiento de lipedema y medidas pre y postoperatorias; Eugenia Rabuñal, maestra de Yoga; Alejandra Álvez y Paola Pacífico.
El ingreso es gratuito, con inscripción previa por el WhatsApp 092 021 586.
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