Por Patricia Vicente

Novak Djokovic, Serena Williams o Cristiano Ronaldo lo usan. Y si ellos lo usan, debe ser bueno, no parece un razonamiento equivocado. El taping o vendaje funcional pegado en hombros, rodillas y espaldas de deportistas se convirtió en sinónimo de recuperación física. Esas tiras coloridas y presentes en las grandes competencias deportivas del mundo se volvieron también un objeto de deseo y desde hace al menos 10 años están de moda. Sin embargo, una investigación reciente de gran escala confirmó lo que muchos especialistas ya sospechaban: su eficacia es, en el mejor de los casos, limitada.

El estudio fue publicado en BMJ Evidence Based Medicine y recogido por medios de todo el mundo. Fue realizado por investigadores de la Universidad Médica del Sur de Guangzhou, en China y es el análisis más exhaustivo que se hizo sobre el tema hasta ahora: revisó 128 revisiones sistemáticas, abarcó 310 ensayos clínicos aleatorizados con 15.800 participantes y evaluó 29 tipos de afecciones musculoesqueléticas distintas, que fueron desde dolor crónico de rodilla y espalda hasta codo de tenista, osteoartritis y fascitis plantar.

Los datos recogidos cubren desde la creación del vendaje, en la década de 1970, hasta octubre de 2025, según recoge el diario español El Mundo. Y la conclusión es contundente: el taping puede ofrecer cierto alivio del dolor de forma inmediata y una mejora leve en la movilidad justo después de su aplicación, pero esos efectos son pasajeros.

“El vendaje neuromuscular podría ser solo marginalmente mejor (es decir, con diferencias mínimas clínicamente importantes) que el vendaje placebo/simulado, aunque la certeza de esta evidencia es baja y sus efectos pueden variar entre diferentes grupos de pacientes o afecciones”, indica el medio español. A mediano plazo, el vendaje funcional mostró poco o ningún impacto sobre el dolor, la funcionalidad o la fuerza muscular.

Un boom impulsado por las cámaras

Para entender por qué una técnica con evidencia tan endeble se convirtió en fenómeno global, hay que remontarse a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Ese año, según informa El País de Madrid, la empresa estadounidense Kinesio Holding Corporation —fundada por el quiropráctico de origen japonés Kenzo Kase— repartió 50.000 rollos de venda entre deportistas de 58 delegaciones. Y las cámaras de televisión hicieron su magia.

Las tiras de colores comenzaron a aparecer en los cuerpos de los atletas más admirados del mundo y el mensaje implícito era claro: si ellos las usan, algo bueno deben hacer.

El efecto en las consultas de fisioterapia fue enorme y llegó también a Uruguay. “Hace unos diez años se puso de moda y a los pacientes les fascina; es amada por los pacientes”, dijo a Montevideo Portal Silvia Cirizola, licenciada en fisioterapia y osteópata. Para ella, la dimensión visual de esta venda no es un detalle menor: son llamativas, se pueden mostrar, generan conversación. “A nivel de los deportistas da estatus: Djokovic las usa, él no para y yo no quiero parar tampoco”, graficó la profesional.

Además, señaló que solo el hecho de tener las cintas puestas ya ayuda al paciente a sentir que está en tratamiento. Porque no se fue de la consulta solo con una indicación de hacer actividad física o ponerse hielo. En el mismo sentido se expresó Pilar Serra, doctora en Educación Física y fisioterapeuta de la Universitat de València, consultada por el diario El País de Madrid: “Solo el hecho de sentirse intervenido influye” y eso se relaciona con el posible efecto placebo que los autores del estudio identificaron como buena parte de los beneficios percibidos.

¿Para qué sirve realmente?

Desde la práctica clínica, Cirizola marcó un punto importante: no se trata de que la cinta no sea útil o no genere beneficios al paciente. La clave está en que se tiene que usar en conjunto con otras técnicas. “Si se usa sola, desde mi punto de vista, no aporta tanto”, indicó.

En Uruguay, el término más utilizado es “vendaje funcional”, porque la idea es que permite seguir con la función del segmento del cuerpo en que se aplica, a diferencia de otros vendajes de inmovilización. La técnica, explicó la fisioterapeuta, tiene aplicaciones concretas y diferenciadas según el objetivo.

-         Si se busca reducir la actividad de una masa muscular contracturada, se aplica con tensión leve.

-         Si el objetivo es trabajar sobre un ligamento, la tensión es media.

-         Y si se trata de un tendón, será mayor.

-         Se puede usar también para el drenaje linfático, cortando la venda en pequeños pedazos en forma de abanico y pegándolos con tensión mínima para tratar el edema.

“Si la usás en caso de desgarro, por ejemplo, te va a ayudar a que la recuperación sea de mejor calidad, como también te va a ayudar tomarte un analgésico que te mande el médico, o bajar la carga del deporte, o parar directamente. Lo que hace la cinta es que las masas musculares que están lesionadas trabajen menos, pero no te va a curar”, aclaró Cirizola. “Te ayuda a llevarla mejor”, resumió.

¿Tiene efectos adversos?

Consultada sobre posibles efectos no deseados en la utilización de este vendaje funcional (o taping), la fisioterapeuta dijo que el riesgo que se presenta es de daño en la piel. Puede ocurrir si la cinta se tensiona en exceso, si queda mal colocada o si el paciente tiene piel sensible. “Cuando se coloca la cinta y el paciente ya siente molestia en el momento, hay que quitarla porque las llagas pueden ser grandes”, advirtió.

Además, indicó que el taping no es recomendado para adultos mayores, “porque tienen la piel más fina, arrugada, y puede quedar algún pliegue que origine llagas” o lastimaduras al quitarla.

El verdadero riesgo: desplazar lo que sí funciona

Tanto la evidencia científica como la experiencia clínica apuntan al mismo problema de fondo. Serra, en El País de Madrid, lo planteó así: el riesgo real no es lo que el taping hace, sino lo que podría dejar de hacerse por su causa. “No puedes sustituir la terapia con las tiras”, dijo.

Cirizola comparte esa preocupación y la ilustra con lo que observa en su entorno: “Hay lugares a nivel local donde la colocan y a las dos semanas el paciente va a que se la cambien y no hay más tratamiento. No he encontrado ningún paciente al que eso le haya generado un beneficio”. También reconoce el efecto paradójico que puede generar en algunos pacientes: la sensación de estar siendo tratado puede llevar a postergar cambios de fondo, como ir al gimnasio o mejorar la postura o el sueño.

Para la fisioterapeuta, el taping atraviesa un ciclo similar al de otras técnicas que hicieron furor hace décadas. “Pasó lo mismo con el láser. Hace unos 20 años te lo mandaban para todo, hasta que se dieron cuenta de que había lesiones que era imposible que se vieran beneficiadas. Entonces pasó a ser una técnica más entre otras, que en combo va a ser de utilidad”, afirmó.

Ni tanto ni tan poco

La investigación publicada en BMJ Evidence Based Medicine no sentencia al taping como una técnica inútil, pero sí deja en evidencia que su reputación ha ido siempre varios pasos por delante de su respaldo científico. El color, la visibilidad, el marketing y la asociación con el alto rendimiento deportivo construyeron una imagen que la evidencia no termina de sostener.

“En mi humilde opinión, es una de las tantas técnicas que tenemos, que para algunas situaciones funciona, a diferencia de lo que se dijo cuando se puso de moda: que era lo mejor del mundo y usada sola iba a curar cualquier situación”, concluyó Cirizola.