“Muchas cosas las asumí por la lactancia”. La frase es de Caro Trippar, una reconocida streamer argentina que hace pocos días contó a sus seguidores que tiene cáncer de mama con metástasis. La noticia sorprendió y generó repercusión también de este lado del charco, donde es conocida por sus videos. Pero más allá de que sea llamativo porque es una famosa, su caso deja un mensaje que ella misma se encargó de reforzar en el video que publicó: “Si sienten un bultito aunque sea mínimo, y más si estás amamantando, te vas a hacer chequear. Llamás a tu ginecólogo y te vas a chequear”.
La joven convivió durante meses con una mama hinchada, dura, dolorida y con una zona enrojecida, según contó. “Fue la izquierda, que es la que me dolía mucho cuando amamantaba, la que siempre estaba con sobreproducción de leche, producía cinco veces más [...]. Siempre durante toda la lactancia estuvo como muy dura, muy grande, muy todo, y yo me quejaba todo el tiempo”, relató.
“Me dolía y estaba incómoda y era todo caos. Y bueno, termino de dar la teta y al mes me sentía como una pelota, una pelota muy grande. Y empecé a sentir como pinchazos y también noté como una mancha roja de este lado y dije: 'Tal vez hice mal el destete, me voy a ir a chequear'”, agregó. Y a partir de ese chequeo vino el diagnóstico y comenzó a transitar el camino que ahora la llevará al tratamiento y a lo que ella considera seguro: una mastectomía. De todos modos, eso no es definitivo aún.
Su caso —que no es el tema central de esta nota, sino el punto de partida— puso sobre la mesa un detalle que se suele pasar por alto: el cáncer de mama, y sobre todo un tipo puntual que puede parecerse tanto a una mastitis que muchas mujeres postergan la consulta. Muchas veces sobrellevan la molestia pensando que es normal por su situación, pero no lo es y con una consulta rápida se puede hacer mucho.
Por eso, saber en qué se parecen y en qué se diferencian los síntomas de cáncer y de mastitis, ayuda a no dejar pasar el tiempo.
Por qué una mastitis y un cáncer pueden confundirse
La mastitis es una inflamación de la mama, casi siempre por un conducto de leche obstruido o una infección, y es muy común durante la lactancia. Según estudios internacionales, se estima que afecta hasta a una de cada cinco mujeres que amamantan. Entre sus síntomas están el enrojecimiento de la mama, la hinchazón, el calor y el dolor. Por ser frecuentes, esos signos suelen leerse —con razón la mayoría de las veces— como parte del combo de dar la teta. Y, justamente, en ese contexto de molestias y dolores, es que puede dejarse pasar como un dato más.
De hecho, la primera reacción de Caro Trippar fue: “¿Pero no será mastitis?”.
El asunto es que existe un cáncer que provoca casi los mismos síntomas. Se llama cáncer de mama inflamatorio y, según la American Cancer Society, representa entre el 1% y el 5% de los casos. Es poco frecuente, pero agresivo y con rasgos propios: muchas veces no forma un bulto que se pueda palpar y puede no aparecer en una mamografía, así que resulta más difícil de detectar. Según esa institución, reconocida a nivel global, tiende a darse en mujeres más jóvenes, incluso en edad de amamantar, y avanza rápido. Esa combinación de síntomas calcados a los de una infección y ausencia de bulto es la que hace que a veces se lo confunda con una mastitis y se lo trate primero como tal.
Una aclaración: la argentina dijo que ella tiene otro tipo de cáncer, no se refirió a uno inflamatorio, pero la clave aquí no es indagar en su caso, sino enfatizar que los síntomas de cáncer (sea de un tipo o de otro) se pueden confundir con una mastitis y hay que ir al médico rápido para evitar cualquier problema posterior.
Qué hay que mirar
Los especialistas marcan algunas diferencias que pueden orientar, aunque la confirmación siempre es médica:
- Síntomas que comparten: dolor o calor al tacto, hinchazón y cambios de color de la piel, como el enrojecimiento.
- Más propio de la mastitis: fiebre, síntomas parecidos a los de una gripe, malestar general y, a veces, un bulto doloroso o puntitos blancos en el pezón.
- Señales que obligan a estudiar más a fondo: piel de la mama que se ve y se siente como cáscara de naranja, una mama más grande, caliente o pesada que la otra, un pezón que se hunde o se invierte, ganglios inflamados en la axila o cerca de la clavícula y —clave— síntomas que no mejoran con el tratamiento.
La mastitis suele mejorar en pocos días con reposo, buen vaciado de la mama y, si hace falta, antibióticos. De ahí sale la regla que conviene tener presente: si en 24 a 48 horas de cuidados no hay alivio o aparece fiebre, entonces, hay que consultar con el médico general o con el ginecólogo de cabecera. Y si el cuadro no se resuelve en una o dos semanas, o si empeora o el área crece, con más razón. Como pidió la streamer a sus seguidoras en el video: “No te dejes estar”.
La clave es no esperar a que “se acomode solo” o pensar que por amamantar hay que estar incómoda.
Y otro punto fundamental a tomar en cuenta, que también consideró Caro Trippar como un consejo para quienes vean su caso: No reemplazar la consulta por una búsqueda en internet o por lo que responda una inteligencia artificial. “Yo le tiré todo a ChatGPT. ¡No lo hagan!”, enfatizó. Parece de Perogrullo decirlo, pero ninguna de esas herramientas por sí sola puede sustituir una consulta médica, una ecografía o una mamografía.
Cáncer de mama en Uruguay
El cáncer de mama es el tumor más frecuente y la primera causa de muerte por cáncer entre las mujeres uruguayas: se diagnostican cerca de 2.000 casos por año, según el Registro Nacional de Cáncer de la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer. La mamografía de tamizaje (es decir, de búsqueda de la enfermedad aun cuando no hay síntomas) es gratuita para mujeres de 50 a 69 años y, según la Sociedad Uruguaya de Mastología, la recomendación es hacer una por año después de los 40.
Pero el tamizaje es, justamente, para mujeres que no presentan ninguna molestia. Si Trippar fuera uruguaya, por su edad no entraría en las políticas de control y por eso es importante remarcar que, ante un cambio en la mama o cualquiera de los síntomas mencionados, hay que ir al médico y solicitar el estudio. Que esté indicado para comenzar después de los 40 no quiere decir que no se pueda hacer antes.
Y también está la recomendación de hacerse el autoexamen mamario, lo que ahora se suele mencionar como “conocer las propias mamas”. Sea con un nombre o con otro, estar al tanto de posibles cambios en el cuerpo es la llave para un diagnóstico precoz.
El relato de Trippar terminó con un pedido directo a quienes la escuchen: “Si sienten un bultito aunque sea mínimo, y más si estás amamantando, te vas a hacer chequear. Llamás a tu ginecólogo y te vas a chequear. Que te hagan una ecografía o una mamografía. ¡No te dejes estar! Yo me dejé estar, literal, porque no sabía, y ¡me da una bronca! ¿Cómo no me di cuenta antes?”.