Hay una escena que se repite. Alguien jura que esta vez va a ser distinto: se separa de su pareja, cambia de trabajo e incluso se muda a otra ciudad... Hasta se pone otro nombre en redes sociales. Pero al poco tiempo y sin entender bien cómo, se repite la misma historia: siente el mismo abandono, la misma sensación de no ser visto, la misma frustración. Y se plantea la pregunta incómoda: ¿por qué?

La life coach argentina Gisela Gilges lo resume así: “Todo patrón se repite hasta que aprendés la lección. Podés cambiar de país, de nombre, de trabajo o de pareja. Pero si adentro tuyo las piezas siguen ordenándose igual, tu historia va a encontrar la forma de repetirse”. Su planteo, que combina la divulgación emocional con conceptos de neurociencia, viene resonando en redes y abre un debate útil sobre algo que la psicología describe hace décadas: no repetimos solamente situaciones, repetimos estructuras.

Cambiar de pareja no es necesariamente cambiar de patrón de vida. Cambiar de trabajo, tampoco. Para Gilges, el verdadero cambio no es el escenario, sino la manera en que cada persona responde a lo que le pasa. “Podés viajar por todos lados, pero si en la valija llevás tu misma estructura, vas a terminar armando la misma historia solo que en otro paisaje”, plantea en su cuenta oficial de Instagram.

La idea de Gilges es simple, pero puede resultar incómoda: si siempre te callabas ante algo que te dolía, si nunca pusiste límites, mudarte de país o cambiar de novio no te va a solucionar el problema. Si tu manera de querer iba siempre de la mano de tu esfuerzo o sacrificio, encontrar otra pareja no cambia eso. Lo que se repite no es el otro: es tu modo de habitar el vínculo.

Qué dice la neurociencia

Acá entra la parte cerebral. La neuroplasticidad —la capacidad del cerebro de modificarse con la experiencia— funciona, en parte, reforzando los circuitos que más usamos. Esto quiere decir que las neuronas que se activan juntas tienden a conectarse entre sí. O sea que cuanto más se repite una respuesta —pensar de determinada manera, reaccionar con miedo, buscar aprobación—, más eficiente se vuelve ese circuito.

Gilges lo explica con una imagen que ayuda a comprender el concepto: un sendero en el pasto. “Cuanto más lo caminás, más marcado queda y más fácil es volver a pasar por ahí”, dijo. Por eso, ante un estímulo emocional, el cerebro tiende a ir por la ruta conocida, aunque esa ruta nos haga mal.

Si bien no es una explicación científica acabada, es una forma clara de mostrar algo que tiene una base real. Nuestro cerebro “busca los caminos más cortos” para “ahorrar energía”, de modo que si siempre repetimos los mismos patrones, él los tomará al pie de la letra.

Cuando lo conocido se confunde con amor

Gilges cuenta el caso de Valeria, una mujer de 34 años que llegó a su consulta con una frase repetida: “Yo doy todo y siempre termino lastimada”. Había tenido varias relaciones, con hombres muy distintos, pero el final se parecía: distancia, indiferencia, abandono.

Al principio todo era intenso, pero cuando el otro se alejaba, Valeria hacía lo que mejor sabía: esforzarse más. Mensajes largos, intentos de entender, justificar, esperar, cuenta la coach. “Si doy un poco más, va a volver a ser como antes”, se decía la paciente, pero eso no sucedía.

Trabajando con ella apareció algo clave: “Valeria no repetía hombres. Repetía una estructura. Una forma de vincularse donde el amor estaba asociado al esfuerzo, a la espera y a la validación externa. Su sistema nervioso no reconocía como amor lo calmo, lo estable. Eso le resultaba raro… incluso aburrido”.

“Tu cerebro no está eligiendo lo que te hace bien, está eligiendo lo que conoce”, le explicó Gilges a su paciente y en base a esa premisa comenzaron a abrir un camino diferente para cambiar el patrón. El plan incluía cuatro puntos:

  1. Poner límites donde antes se adaptaba.
  2. Tolerar lo diferente, sin confundir calma con falta de amor.
  3. Frenar la reacción automática y elegir antes de actuar.
  4. Volver a ella, preguntándose qué necesitaba de verdad.

“Al principio fue incómodo. Porque estaba dejando el sendero conocido para abrir uno nuevo. Pero algo empezó a pasar. Valeria ya no se enganchaba con lo que la lastimaba. Ya no mendigaba atención. Ya no se abandonaba para que otro se quede”, aseguró Gilges.

La lógica detrás es la misma: cada vez que se elige una respuesta distinta, se debilita el sendero viejo y se empieza a marcar uno nuevo. La incomodidad inicial, agregó, no es señal de que algo esté mal: es la señal de que algo está cambiando.

Cuándo conviene consultar a un profesional

Si bien el coaching puede ser muy útil en el abordaje de este tipo de situaciones, cabe resaltar que en muchos casos es conveniente concurrir a psicólogos o psiquiatras, profesionales de la salud mental, que pueden tratar estas cuestiones que generan sufrimiento y que pueden derivar en vínculos abusivos, ansiedad, depresión o experiencias traumáticas.

Si bien, como dice Gilges, “no siempre necesitás una vida nueva, a veces solo necesitás una nueva forma de habitar la que ya tenés”, también es cierto que para iniciar ese proceso de cambio las personas pueden necesitar ayuda profesional.