Por Patricia Vicente
Antes, cuando un adolescente llegaba con dolor de espalda, la culpa era de la mochila y no se hablaba más. Pero hoy la historia cambió. “Me llegan chicos de 12 o 13 años con contracturas y molestias que hasta hace poco veíamos en adultos y las causas son otras”, dijo la fisioterapeuta Silvia Cirizola a Modo Saludable y explicó cuáles son las razones y cómo enfrentarlas.
"Los gurises están ocho horas en los colegios, con las computadoras también, mirando pantallas o con el celular y muchas veces, cuando están descansando en casa, agarran la Play, agarran el celular... Es como las ocho horas de oficina de un adulto […]. Entonces, aparecen con esos dolores, esas molestias, las exigencias, los nervios y contracturas", indicó.
De cualquier modo, realismo ante todo: Cirizola reconoce que muy probablemente nadie va a mantener una postura correcta para mirar el celular o jugar a la consola. “Está bien que estén tirados un rato en el sillón”, dijo, siempre que el resto del día haya movimiento.
Qué les duele y desde qué edad
La especialista dijo que lo que más ve en su consultorio son contracturas cervicales, dolor en los hombros, molestias en la vista, dolores de cabeza que no se explican bien y dolores en la zona lumbar y la cintura. Y señaló que suelen empezar alrededor de los 12 o 13 años, cuando entran al liceo.
Para Cirizola esto no es una casualidad, sino la consecuencia de que a esa edad les cambia toda la rutina y aparecen nuevas exigencias, el estrés de una etapa distinta —algo que te genera contractura a cualquier edad— y encima el cuerpo está atravesando otros cambios.
Uno de los factores que resaltó fue el crecimiento. En la adolescencia el cuerpo se estira rápido, pero no va todo al mismo ritmo. “La pegada del estirón no es otra cosa que los huesos largos del cuerpo que se alargan mucho. Crecen los de las piernas, los de los brazos, pero los músculos no siempre van a esa velocidad. Entonces, empieza a haber un acortamiento muscular. Eso se ve sobre todo en varones”, dijo.
“Seguramente, todos vimos a algún compañero en la adolescencia que estaba como encorvado. Eso es porque pegó un estirón y los músculos no lo acompañaron, entonces la cadera se posiciona distinto y la mitad de la espalda se tuerce hacia delante”, explicó Cirizola y aclaró que, con el paso de los años, eso se va corrigiendo. “Pero si a ese estirón le sumás que el chico pasa el día encorvado sobre la computadora en clase, después con la tarea y en su tiempo libre con el celular, explota todo”, graficó.
Además, la especialista recalcó que “hay que aprovechar el momento”, ya que se puede mejorar la postura hasta cierta edad, más o menos hasta los 25. “Después, se le puede dar movilidad a una mala postura, pero ya no se cambia. Tenemos pacientes de 30 años con un dorso curvo que parecen mucho mayores”, contó.
La mochila dejó de ser la culpable
Durante años, la mochila cargó con la culpa de los dolores de espalda escolares y liceales. Pero Cirizola matizó ese lugar común. Si bien muchos todavía llevan carga pesada en sus espaldas, la tecnología en las aulas ayudó a cambiar ese escenario. Ya no es necesario que lleven tantos cuadernos y libros, y el tiempo que pasan con la mochila puesta es mucho menor que antes.
Paradójicamente, las pantallas que le alivianan las mochilas terminan haciéndolos encorvar para mirarlas o llevándolos a tener que usar lentes más temprano que antes. Un mal de nuestros tiempos.
Moverse, tan básico como bañarse
Para la fisioterapeuta, la actividad física en la infancia y la adolescencia no es negociable. “Es fundamental, es como bañarse”, graficó. Previene malas posturas y dolores y deja un hábito para toda la vida.
Si el adolescente ya tiene dolor y no sabe por dónde empezar, su recomendación es una y sin dudarlo: “La natación, para eso, es mágica”, porque involucra la elongación, el fortalecimiento y la respiración al mismo tiempo.
El problema, advirtió, es que las horas de educación física en la escuela y el liceo no alcanzan: una o dos por semana es muy poco frente a todo el tiempo que los chicos pasan sentados. Entonces, puso un punto de atención para los padres que se quedan tranquilos con la actividad incluida en la enseñanza. Para la fisioterapeuta lo ideal es sumar actividad física extra.
Ahí entra el rol de los padres en cortar aunque sea una hora de pantalla por día y buscarle al chico algo que le guste, ya sea natación, un club, fútbol, básquetbol o handball. Todo es mejor que el sedentarismo, dijo.
La única salvedad que marcó es el entrenamiento con peso: un menor de 16 años no debería usar la misma sala de musculación que un adulto, porque “no es adecuado en edad de crecimiento”.
No al analgésico fácil
Cuando lo pensamos con cabeza de mayores mal acostumbrados como somos la mayoría de los uruguayos, razonamos que ante un dolor marcha un analgésico y problema solucionado. Pero la fisioterapeuta es contundente: hay que frenar con eso. “Todas las medicaciones tienen una consecuencia”, subrayó, y llamó la atención sobre la costumbre de medicarse por cualquier molestia y de suponer que lo que se vende sin receta es inofensivo.
Cirizola puso incluso un ejemplo personal, aclarando que no habla como médica: ella tiene glaucoma y por eso no puede tomar ciertos antiinflamatorios de venta libre, algo que mucha gente que también tiene esa afección ignora. Con niños y adolescentes el cuidado tiene que ser mayor, remarcó, sobre todo cuando en casa se normaliza medicarse sin pensar.
La recomendación de la especialista, entonces, es clara: cuando un adolescente tiene dolor, el primer paso es la consulta con su médico de confianza y una de las opciones es la derivación a un fisioterapeuta para trabajar en lo que se llama higiene de columna, que es muy distinto hoy de lo que se hacía décadas atrás. Ya no se trata de pararse frente al espejo a corregir la postura, sino de un trabajo de fortalecimiento y elongación pensado para que resulte ameno y el adolescente quiera sostenerlo en el tiempo, explicó.