Un nuevo estudio pone de manifiesto que, cuando se analiza la relación entre alimentación y salud a largo plazo, la calidad nutricional de la dieta puede ser más importante que el grado de procesamiento de los alimentos.

La investigación, que contó con datos de más de 200.000 personas, mostró que la calidad general de la alimentación estaba estrechamente relacionada con el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y la mortalidad. Sin embargo, estas asociaciones no cambiaron de manera significativa al tener en cuenta si los alimentos consumidos eran ultraprocesados o mínimamente procesados.

Xiaowen Wang, doctora en Nutrición e investigadora posdoctoral del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, explica que muchos alimentos ultraprocesados presentan una calidad nutricional baja y, por ello, su consumo debería limitarse. No obstante, señala que el procesamiento por sí mismo no puede considerarse perjudicial en todos los casos.

A partir de los resultados obtenidos, Wang sostiene que las personas deberían prestar atención principalmente a lo que comen en conjunto y no únicamente a si un alimento ha sido procesado. Una alimentación saludable basada en productos de origen vegetal, con abundancia de cereales integrales, frutas, verduras, frutos secos, legumbres y aceites vegetales saludables, puede resultar beneficiosa incluso cuando incluye determinados alimentos procesados.

La calidad nutricional de la dieta y la cantidad de alimentos ultraprocesados que consume una persona suelen estar relacionadas. Muchos productos ultraprocesados contienen cantidades elevadas de azúcares añadidos, sodio y carbohidratos refinados, por lo que un consumo excesivo de este tipo de alimentos suele asociarse con una alimentación de menor calidad.

Por otro lado, también existen alimentos ultraprocesados que pueden aportar nutrientes beneficiosos. Entre ellos se encuentran algunos cereales de desayuno fortificados, productos elaborados con cereales integrales, legumbres en conserva y determinados productos lácteos de origen vegetal. Estos alimentos pueden proporcionar fibra, vitaminas, antioxidantes y otros compuestos importantes para una alimentación saludable.

Para llevar a cabo la investigación, los científicos trataron de diferenciar la calidad general de la dieta del grado de procesamiento de los alimentos. Para ello, analizaron los datos procedentes de tres estudios de larga duración que, en conjunto, realizaron un seguimiento de más de 200.000 adultos estadounidenses desde la década de 1980 hasta la década de 2020.

El estudio no se centró exclusivamente en personas vegetarianas o veganas. Para poder realizar comparaciones más uniformes entre los participantes, los investigadores analizaron principalmente la parte de origen vegetal de sus dietas, dejando al margen los alimentos de origen animal.

Después de analizar la alimentación general de cada participante, los investigadores utilizaron el sistema de clasificación NOVA para determinar el nivel de procesamiento de los alimentos. Posteriormente, agruparon a los participantes de acuerdo con sus hábitos alimentarios y con la calidad de los alimentos de origen vegetal que consumían.

Aproximadamente la mitad de los participantes terminó desarrollando una enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 o falleciendo durante el periodo de seguimiento. Los resultados mostraron que el riesgo de estos acontecimientos estaba relacionado principalmente con la calidad general de la dieta: quienes mantenían una alimentación saludable presentaban un riesgo menor, mientras que aquellos con dietas de peor calidad tenían un riesgo más elevado.

Sin embargo, cuando se compararon personas pertenecientes a la misma categoría de calidad alimentaria, los riesgos fueron prácticamente iguales independientemente de que su dieta incluyera alimentos ultraprocesados o mínimamente procesados.

Estos resultados ponen en duda que el nivel de procesamiento pueda utilizarse por sí solo como una medida para determinar si una alimentación es saludable. El sistema NOVA clasifica los alimentos según su grado de procesamiento, pero no tiene en cuenta directamente su valor nutricional. Por esta razón, un alimento que aporte nutrientes beneficiosos puede clasificarse como ultraprocesado, mientras que otro que sea mínimamente procesado puede presentar una composición nutricional poco recomendable.

Según Wang, recomendar a toda la población que elimine los alimentos ultraprocesados podría no ser la mejor estrategia, ya que algunos de estos productos pueden formar parte de una dieta saludable. Del mismo modo, consumir únicamente alimentos mínimamente procesados tampoco garantiza una buena alimentación si estos contienen grandes cantidades de azúcares o carbohidratos refinados. Por ello, la investigadora considera más importante valorar la calidad nutricional de los alimentos y dar prioridad a aquellos que aporten una mayor cantidad de nutrientes, lo que podría contribuir a reducir el riesgo de enfermedades crónicas.

También se señala la importancia de que los fabricantes mejoren la composición nutricional de los alimentos envasados. Una mejora en su contenido de nutrientes podría facilitar que las personas tengan acceso a opciones más saludables y puedan mantener con mayor facilidad una alimentación basada en alimentos vegetales de buena calidad.

En definitiva, los resultados indican que no basta con fijarse en si un alimento está procesado o no. Lo más importante es analizar la calidad global de la dieta y priorizar alimentos ricos en nutrientes. Una alimentación saludable debería incluir principalmente cereales integrales, frutas, verduras, legumbres, frutos secos y aceites vegetales saludables, al mismo tiempo que se limita el consumo excesivo de productos con grandes cantidades de azúcar añadido, sodio y carbohidratos refinados.

Con información de Europa Press.