La Junta Nacional de Drogas lanzó este jueves la campaña de prevención llamada “Evidencias familiares”, que invita a preguntarse sobre la naturalización que alcanza el consumo de bebidas alcohólicas en las familias uruguayas y el lugar que ocupa esta ingesta —que no tiene efectos positivos para la salud— en la vida cotidiana.

Las bebidas alcohólicas están presentes en buena parte de los momentos cotidianos, sobre todo en los festejos. En las fiestas tradicionales, en los cumpleaños, como regalo empresarial, como souvenir o incluso es lo que pedimos que nos traiga un amigo o familiar que se va de viaje. Pero también en la diaria: una copita de vino al llegar del trabajo, con la comida o una latita de cerveza.

“El alcohol se volvió tan cotidiano que dejamos de verlo”, dijo Victoria González, coordinadora del área de prevención del organismo. “Vale prestar atención cuando empieza a aparecer como la opción esperada para celebrar, compartir o disfrutar, como si sin él algo faltara. La forma en que ofrecemos, regalamos y mostramos las bebidas alcohólicas también transmite mensajes. Y esos mensajes contribuyen a construir ideas sobre cuándo, cómo y por qué se consume”, agrega el comunicado.

En la presentación de la campaña en la Torre Ejecutiva, Juan Triaca, secretario subrogante de la Secretaría Nacional de Drogas, resaltó que el alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida en Uruguay y “su uso problemático alcanza a más de 373.000 personas”. Este número ya venía siendo puesto sobre la mesa por su antecesor, el recientemente fallecido Gabriel Rossi.

“Hay algo que estamos haciendo muy mal con nuestros jóvenes y tenemos que asumir esta responsabilidad”, dijo Triaca en la conferencia de prensa de lanzamiento de la campaña.

Las familias y el alcohol en lo cotidiano

La campaña plantea que la naturalización del consumo hace más difícil reconocer los riesgos asociados al alcohol, porque simplemente se suele pensar que es algo que “forma parte” de la vida cotidiana.

Pese a ello, la Junta Nacional de Drogas remarca que no se busca “culpar” a las familias del consumo elevado, pero sí resalta que naturalizar la presencia de la botella en la mesa familiar tiene un peso. "Niños, niñas y adolescentes observan las prácticas de las personas adultas que los rodean y aprenden de ellas, incluso cuando no estamos intentando enseñarles nada", plantea el texto.

Freepik

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En ese sentido, cuestiona un concepto bastante extendido en la sociedad: “Si van a tomar, mejor que tomen en casa”. Una frase que seguro muchos escuchamos en referencia a los menores, porque de ese modo tendrían un mayor cuidado adulto. El material que lanzó la Junta de Drogas enfatiza en que, aunque nazca de una intención de cuidado, permitir o facilitar el consumo no protege, sino que termina generando la sensación de “dar permiso” para tomar y así adelanta el encuentro con el alcohol.

“Promover el cuidado como valor social no significa eliminar las celebraciones ni juzgar los consumos. Significa ampliar las posibilidades y construir entornos donde el alcohol no sea entendido como una condición necesaria para pasarla bien, encontrarse o celebrar. Porque los cambios culturales también empiezan en las pequeñas decisiones cotidianas”, remarca la campaña.

Los efectos del alcohol en el cuerpo

Aunque forme parte de la vida cotidiana, no hay que perder de vista que “el alcohol es una droga y su consumo puede generar diferentes efectos y riesgos, que varían según la cantidad ingerida, el contexto y las características de cada persona”. De hecho, el consenso médico indica que no hay consumo seguro de alcohol.

Su efecto es el de depresor del sistema nervioso central y “a medida que aumenta la cantidad de alcohol en el organismo, disminuye progresivamente el funcionamiento de los centros cerebrales que regulan el autocontrol y otras funciones”, explica la Junta.

Factores que inciden en sus efectos:

Por otra parte, está el contexto de consumo. “No es lo mismo beber acompañado de personas de confianza, en un momento de bienestar y sin tener que conducir ni asumir responsabilidades luego, que hacerlo en soledad, para calmar un malestar o antes de una situación que exige atención y reflejos, como conducir, manejar maquinaria o cuidar a otras personas”, dice el texto de difusión.

De todas formas, como apunta el eje central de la campaña, no por consumir alcohol en familia tiene menor riesgo. Pero tener contención en caso de un consumo elevado puede hacer la diferencia.

Claves para reducir riesgos

Y un factor clave: prestar atención a las señales de intoxicación. Entre ellas, desorientación, vómitos reiterados, dificultad para mantenerse en pie, somnolencia extrema o pérdida de conciencia son señales de alarma.

Ante una intoxicación grave, es necesario solicitar asistencia médica.