Te olvidás de dónde dejaste el celular hace cinco minutos, pero todavía podés recitar el teléfono fijo de tu casa de la infancia. No te acordás de qué ibas a buscar a la cocina, pero sí de dónde, a qué hora y a quién le diste tu primer beso. Podemos decir que la memoria es como un sistema operativo defectuoso, que guarda cosas inútiles, pierde lo importante y, encima, distorsiona el pasado sin avisar. Pero quizá la clave es otra: ¿Y si resulta que olvidar, lejos de ser una falla, es un mecanismo para sobrevivir?

Ese es el eje de uno de los episodios de “Futuro en Construcción”, el podcast del tecnólogo y divulgador argentino Santiago Bilinkis, que recorre lo que la neurociencia sabe hoy sobre la memoria humana y las tecnologías que ya empiezan a intervenirla.

El recorrido arranca con dos extremos. En uno está una estadounidense llamada Jill Price, que es una de las apenas 60 personas en el mundo con memoria autobiográfica perfecta. Ella puede describir qué comió el 27 de enero de 1990 y qué ropa tenía puesta cuando cursó su primera clase de escuela. Y, aunque pueda sonar divertido, para ella es, literalmente, una pesadilla.

En el otro extremo, está el caso de Henry Molaison, mundialmente conocido como el paciente H.M, quien tuvo un accidente de niño y tras una cirugía cerebral en 1953, perdió la capacidad de formar recuerdos nuevos y cada experiencia se le evaporaba a los treinta segundos. Sin embargo, podía aprender. No reconocía caras, pero las dibujaba cada vez mejor. Su caso reveló algo central: la memoria no es un cajón único, sino varios sistemas distintos repartidos por el cerebro, afirmó Bilinkis.

La película “Como si fuera la primera vez” incluye a un personaje llamado “Tom 10 segundos”, que aunque no se especifica directamente, podría estar inspirado en el caso de Molaison. Lo que se ve allí es tomado en forma divertida, pero ayuda a comprender cómo puede impactar en una persona y su memoria un daño cerebral extremo.