Aquel que fumó y trató de dejar de fumar alguna vez sabe lo que cuesta. Las ganas vienen con el mate, después de comer o para cortar un ratito en el trabajo o en una reunión con amigos, a la orilla del parrillero. Vos venís dejando, no tocás uno por varios días y de repente: estrés, nervios o diversión, fiesta y caíste. Volviste a fumar. Y, si bien hay terapias, pastillas, tratamientos y hasta hipnosis para abandonarlo, hay científicos que están estudiando si hacer ejercicio también es una salida.

El tabaquismo sigue siendo la principal causa prevenible de muerte prematura en el mundo, con unos 8 millones de fallecimientos por año. Y los tratamientos disponibles, aunque efectivos, dejan un dato que impresiona: menos del 20% de las personas que intentan abandonar el tabaquismo sigue sin fumar al cabo de un año.

Con ese problema de salud pública en mente, un grupo de investigadores hizo una revisión sistemática de la mayor base de evidencia reunida hasta ahora: 59 ensayos clínicos con 9.083 participantes adultos para analizar si el ejercicio físico ayuda a dejar de fumar. El estudio fue citado en un artículo de National Geographic y estuvo liderado por Ben Singh, de la Universidad de Adelaida (Australia).

Ayuda, pero no es la panacea

Los resultados fueron favorables, aunque moderados. Según los resultados del estudio, quienes participaron en programas de ejercicio tuvieron un 15% más de probabilidades de mantener la abstinencia continua de tabaco que los grupos de control. Y aquellos que no fumaron en los siete días previos a la evaluación, alcanzaron un 21%. El ejercicio también se asoció con una reducción promedio de unos dos cigarrillos por día.

Los propios autores señalaron que el efecto sobre la abstinencia sostenida es modesto y que la certeza de la evidencia en ese punto todavía es baja. O sea, el ejercicio no alcanza como estrategia única para dejar de fumar, pero sí lo describieron como un complemento seguro, accesible y de bajo costo para sumar a los apoyos habituales de asesoramiento conductual o tratamientos con fármacos o parches de nicotina.

Ganarle a las ganas por media hora

La buena noticia para aquellos que están en proceso de dejar de fumar es que el ejercicio mostró su efecto más claro en el corto plazo. Hacer una sola sesión, de entre cinco y 30 minutos de actividad, redujo de forma marcada las ganas de fumar inmediatamente después y hasta media hora más tarde.

Una vez que pasa ese lapso, el efecto se diluye, o sea que no sirve para bajar los antojos de toda la semana, pero sí para atravesar el momento crítico en que la recaída acecha. Entonces, si estás tratando de abandonarlo y te vienen unas ganas incontenibles de fumar, es útil la opción de salir a correr unos minutos o hacer algo de gimnasia en el lugar.

Por otra parte, también encontraron los investigadores que la intensidad de la actividad física importa. Los ejercicios de intensidad alta produjeron las mayores reducciones en las ganas de fumar, seguidos por los de intensidad moderada, mientras que la actividad muy liviana casi no tuvo efecto.

La explicación que proponen los investigadores es neurobiológica: el esfuerzo físico intenso estimula la dopamina y las endorfinas, los mismos circuitos de recompensa sobre los que actúa la nicotina.

Caminar, pedalear, trotar

Entre las modalidades que se analizaron, el ejercicio aeróbico (caminata rápida, bicicleta, cinta) fue el que se asoció de manera más consistente con mejores tasas de abstinencia. La evidencia sobre pesas, yoga y otras variantes resultó más limitada, aunque con señales prometedoras, agrega el documento.

Hubo, además, un dato llamativo: los programas de una o dos sesiones semanales de entrenamiento mostraron mejores resultados que los de entrenamiento más frecuente.

La conclusión textual de los investigadores es la siguiente: "El ejercicio se asocia con mejoras moderadas en el consumo de cigarrillos y una supresión aguda de los antojos, lo que respalda su potencial como una ayuda conductual de bajo riesgo para dejar de fumar. Las investigaciones futuras deberían centrarse en los resultados específicos del vapeo y en la administración óptima de la intervención. El ejercicio representa una intervención prometedora para dejar de fumar".