“Empatía sintética” y “sedentarismo cognitivo”: a qué renunciamos por la IA según Bilinkis
El divulgador tecnológico advirtió sobre dos efectos poco discutidos de la inteligencia artificial: la dependencia mental y los vínculos
29.05.2026 10:48
Hasta no hace muchos años, cuando nos hablaban de inteligencia artificial, pensábamos en máquinas o en robots humanoides que iban a dejar automáticamente sin trabajo a todos aquellos que hicieran tareas repetitivas o mecánicas. Pero no resultó así. Hoy a la IA le contamos nuestros problemas, nos da consejos, ideas, responde a nuestras preguntas, crea invitaciones a cumpleaños, recetas, campañas de publicidad enteras y hasta escribe libros. Y nosotros le decimos “por favor” y “gracias”.
Un universo impensado al que Santiago Bilinkis, divulgador tecnológico argentino, invitó sin dudas a sumarse y del que aseguró que “recién empieza”. Y, aunque fue más que optimista en cuanto a las ventajas y utilidades que brinda esta tecnología, también dejó (al menos) dos luces amarillas a las que atender. Porque si bien la IA nos ayuda, nos ahorra tiempo y facilita muchas tareas, también nos ofrece una “empatía sintética” y nos arriesga al “sedentarismo cognitivo”.
¿Empática o “chupamedias”?
El argentino suele hacer encuestas en sus redes sociales para utilizarlas luego en los contenidos de divulgación que comparte en sus distintos canales o sus columnas radiales. Una de ellas, recordó, recogía la opinión de su audiencia respecto a qué cualidad humana creía que una máquina jamás podría igualar, y la respuesta más repetida fue la empatía. “Pero les tengo malas noticias: si algo hacen muy bien estas máquinas, es ser ridículamente empáticas. Si creíamos que la empatía tenía una cualidad medio mágica, no. Son tan empáticas que a veces se vuelven insoportablemente chupamedias”, dijo en una charla realizada por ANDA.
“Chuparle las medias a otro es un ejercicio de empatía tremendo, es entender qué quiere escuchar, es ser capaz de ponerse en los zapatos del otro y estas máquinas lo hacen muy bien. Peligrosamente bien”, remarcó. Y aunque reconoció que muchos dirán que es “empatía sintética o artificial”, marcó: “Es empatía y es notable”.
Además, llamó la atención sobre el “raro vínculo” que los humanos desarrollamos con estas máquinas y, un poco en broma y otro poco en serio, recordó a la videocasetera, compañera inseparable de quienes ya peinan canas, y a la que nunca se le dijo “por favor” y “gracias”.
Este efecto de dar la razón y ser tan aduladoras con los usuarios es tema de preocupación entre psicólogos, por ejemplo, ya que lo que genera en la salud mental de las personas está lejos de ser beneficioso. Pero también analistas y pensadores relacionados con temas tecnológicos están hurgando un poco más allá en las verdaderas razones de ese excesivo buen trato.
¿Dejamos de pensar?
El segundo reparo al que apuntó Bilinkis lo tomó del libro “Artificial”, que escribió junto al neurocientífico argentino Mariano Sigman, y le puso un nombre que se explica solo: “sedentarismo cognitivo”. Así como dejar de movernos derivó en sobrepeso, diabetes y enfermedades asociadas, dejar de usar ciertas capacidades mentales las debilita. “Y está pasando”, aseguró.
“Déjenme ponerles un ejemplo: Yo soy un fanático de Waze, lo pongo y sigo el camino que me dice. Pero yo que crecí en Buenos Aires, si a mí me sueltan en cualquier lugar de la ciudad, sé volver a mi casa. No solo puedo diseñar un itinerario, puedo visualizarlo casi completo. ¿Por qué? Porque cuando aprendí a manejar no había Waze (…). Pero mis hijos no tienen ese modelo de la ciudad a escala en su cabeza, porque nunca lo necesitaron: ellos aprendieron a manejar con Waze. Si a uno de mis hijos lo soltás en un lugar de Buenos Aires y no tiene el celular, será la última vez que sepa de él”, relató y despertó las risas del auditorio que colmó la sala Teatro Movie en la charla organizada por Anda.
Y aunque el ejemplo es bueno y despierta risas, también llama a la reflexión, porque como dijo Bilinkis, “es un lindo ejemplo de que cuando uno deja de usar la cabeza, la cabeza va pudiendo hacer menos cosas y esto es algo que vamos a tener que tener muy presente”.
Ese es el punto en que las líneas se cruzan y conviene analizar qué precio queremos pagar por la comodidad: “¿Cuáles son las tareas que queremos delegar en una IA?”.
El futuro
Pese a estos riesgos y otros que se puedan relacionar con su uso y la privacidad de datos, por ejemplo, Bilinkis invitó a los asistentes a que se sumerjan en el uso de la inteligencia artificial, y aseguró que “quien entienda esto mejor va a trabajar a otro ritmo”. “El problema con el que se van a encontrar no es que venga un robot y los deje sin trabajo, es que quien está sentado en el escritorio de al lado hace el triple de laburo que vos en el mismo tiempo”, sostuvo.
“Pero esa es la primera parte. El verdadero cambio va a ser el de quienes empiecen a ejecutar cosas que antes eran inimaginables. Y ese es el cambio de mentalidad más lindo que tenemos por delante con la IA y por eso quiero dejar la consigna de que no sean el freno de mano de sus organizaciones. Es fácil caer rápido en la resistencia al cambio y el no, porque es peligroso (…). Sean los que lideran la búsqueda de ‘cómo sí’, de qué manera podemos hacer que esto empiece a funcionar en nuestras organizaciones”, enfatizó.
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