¿El duelo por una mascota puede ser tan intenso como el de un familiar?
Para muchas personas, la muerte de su perro o su gato fue la pérdida más dura que vivieron. Por qué cuesta tanto que se reconozca ese duelo.
Pocas pérdidas generan tanta distancia entre lo que siente quien la sufre y lo que percibe el resto como la muerte de una mascota. Para quien compartió años de su vida con un perro o con un gato —solo por mencionar a los más usuales—, la casa queda en silencio, la rutina se desarma y el dolor puede ser abrumador. Pero para el entorno, a veces, alcanza con sugerir que adopten otro y decir la infaltable frase: “No es para tanto”.
Pero esa brecha tiene consecuencias, porque un duelo que no se reconoce también es más difícil de transitar.
Una reciente investigación, realizada en Irlanda por el psicólogo Philip Hyland, de la Universidad de Maynooth, puso números a esta experiencia. Hizo un estudio que abarcó a 975 adultos del Reino Unido, de los que uno de cada tres había vivido la muerte de una mascota querida y casi todos habían perdido a una persona cercana. Consultados sobre el impacto que tuvieron esas muertes, el 21% de los que pasaron por ambas experiencias señaló la de su animal como la pérdida que más angustia le había causado.
¿Es normal sufrir tanto por la muerte de una mascota?
Para el autor, la respuesta tiene que ver con el vínculo. En su trabajo recordó que la evidencia muestra que el riesgo de un duelo complicado crece cuanto más estrecha es la relación con quien murió, y que las personas forman lazos de apego muy fuertes con sus animales. Citó, por ejemplo, una encuesta del Pew Research Center según la cual el 97% de los dueños de mascotas en Estados Unidos las consideraba parte de la familia y la mitad, tan parte de ella como cualquier integrante humano.
En Uruguay, ese lugar en la vida cotidiana es muy visible. Según datos del Censo 2023 del Instituto Nacional de Estadística (INE), dos de cada tres hogares del país tienen perros, gatos o ambos, y en total se contabilizaron más de 2,1 millones de estos animales. Si bien no hay medición directa de qué tan parte de la familia los consideran, la tendencia mundial también se aplica en Uruguay. Perros y gatos son integrantes del núcleo familiar y hasta los términos “perrhijo” o “gathijo” se impusieron un poco en broma y otro poco en serio.
Tanto en el caso de mascotas como de seres humanos queridos que hayan muerto, la mayoría de las personas atraviesa el duelo sin que se transforme en un problema de salud, pero una parte desarrolla lo que se conoce como trastorno de duelo prolongado, un cuadro reconocido por la Organización Mundial de la Salud en su clasificación internacional de enfermedades (CIE-11). En el estudio que hicieron en el Reino Unido, el 7,5% de quienes habían perdido una mascota cumplía los criterios de ese trastorno, una proporción similar a la observada tras la muerte de un amigo cercano (7,8%), de un hermano (8,9%) o incluso de la pareja (9,1%). Solo la muerte de un padre o una madre y, sobre todo, la de un hijo mostraron cifras claramente más altas.
Según la descripción que recogió el trabajo, este trastorno se caracteriza por:
- Un anhelo intenso y persistente por quien murió.
- Una preocupación constante por esa pérdida.
- Un dolor emocional intenso, con tristeza, culpa o enojo.
- Dificultad para aceptar la muerte.
- Un impacto claro en la vida diaria, que se mantiene al menos seis meses después de la pérdida.
Y aunque esos síntomas se manifiestan de la misma forma cuando se llora a un animal que cuando se llora a una persona, tanto la CIE-11 como el manual de diagnóstico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría establecen que este diagnóstico solo puede hacerse tras la muerte de un ser humano.
Hyland fue crítico con ese criterio y concluyó que excluir la pérdida de una mascota “puede considerarse no solo científicamente errónea, sino también insensible”.
Foto: Magnific
Un duelo que no siempre se reconoce
Buena parte de la dificultad no está solo en el dolor, sino en la reacción de los demás. En su artículo, Hyland recordó que muchas personas en duelo por su mascota relatan sentir vergüenza, incomodidad y aislamiento al expresar lo que sienten, y que la investigación ha mostrado que el duelo prolongado tras la muerte de un animal suele percibirse como menos legítimo que el que sigue a una pérdida humana. En psicología, ese tipo de dolor que el entorno no valida se conoce como duelo no reconocido o desautorizado.
Las circunstancias de la muerte también pesan. El autor señaló que quienes tienen animales a menudo enfrentan desafíos particulares, como decidir si practicar o no la eutanasia, algo que puede influir en cómo se vive el proceso.
En Uruguay, el reconocimiento de este duelo llegó incluso al Parlamento. En junio, el diputado colorado Luis Marcelo Pérez presentó un proyecto de ley que propone un día hábil de licencia paga para los trabajadores ante la muerte de un animal de compañía con el que convivan, con una constancia del veterinario.
En la exposición de motivos, el legislador sostuvo que ese duelo “no constituye un hecho menor ni trivial”. “La lógica de todo esto es darle un espacio de tranquilidad y de apoyo frente a ese momento de sufrimiento”, dijo a la agencia EFE. La iniciativa fue enviada a la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Representantes.
Foto: Magnific
Cuándo pedir ayuda tras la muerte de una mascota
Sentir tristeza, llorar o extrañar la presencia del animal durante semanas es parte de un duelo esperable. Harvard Health Publishing, que difundió los resultados del estudio, recomendó que quienes atraviesan un duelo profundo y prolongado por su mascota consideren buscar ayuda, y que presten atención a efectos en la salud asociados al duelo, como cansancio, dolores de cabeza o mareos.
Cuando el dolor no afloja con el paso de los meses, impide retomar el trabajo o las actividades habituales, o aparece acompañado de una culpa persistente, una consulta con un profesional de la salud mental puede ayudar a ordenar lo que se está viviendo.
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