Que los frutos secos son una opción sana y altamente recomendada para sumar grasas saludables a la dieta es algo bastante sabido. Pero lo que quizá no se conoce tanto es que la hora en la que se comen puede ser el mejor aliado para potenciar sus efectos.

El momento en que se ingieren los frutos secos puede marcar una diferencia real en cómo son procesados por el cuerpo. Y tendrá distintos efectos, según si lo que se busca es energía para el día, controlar los picos de azúcar después de almorzar o incluso mejorar la calidad del descanso nocturno.

Los beneficios de los frutos secos para la salud

Los frutos secos son densos en nutrientes, aportan grasas saludables, proteínas y fibra. Sin embargo, su consumo estratégico puede alinearse con diferentes objetivos de salud. Por ejemplo, consumirlos por la mañana o al mediodía ayuda a aumentar la saciedad y proporciona energía sostenida, lo que puede ser clave para quienes buscan controlar su peso al evitar el picoteo excesivo más tarde.

Por otro lado, según un artículo del sitio Verywell Health, la ciencia sugiere que ingerirlos antes de una comida rica en carbohidratos puede ayudar a moderar la respuesta de la glucosa en sangre. Esto se debe a que la combinación de grasas y fibra ralentiza la digestión y evita aumentos bruscos de azúcar.

El artículo agrega que los frutos secos pueden ayudar a reducir el colesterol LDL (el “malo”) y los triglicéridos, que aumentan los riesgos para la salud cardiovascular. Además, mejoran la proporción entre el colesterol LDL y el HDL (el “bueno”). También contienen antioxidantes y nutrientes que pueden disminuir la inflamación, asociada con un mayor riesgo de problemas cardíacos.

Los beneficios según el momento del día

Si el objetivo es mejorar el sueño, algunos frutos secos son especialmente útiles por la noche. Variedades como las nueces, los pistachos y las almendras contienen melatonina, magnesio y triptófano, componentes que favorecen la relajación y la regulación del ciclo circadiano.

No todos los frutos secos actúan igual. Las nueces, por ejemplo, se destacan por su contenido de ácidos grasos omega-3, beneficiosos para la salud del cerebro y el corazón. Las almendras son una fuente importante de vitamina E y magnesio, mientras que los pistachos ofrecen una combinación de antioxidantes como la luteína y zeaxantina.

Elegir la variedad adecuada según el momento del día y la necesidad personal permite optimizar esta herramienta nutricional. La porción recomendada, según el artículo, es de unos 28 gramos diarios para obtener los beneficios sin un exceso de calorías.