Contenido creado por María Noel Dominguez
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Me sube el colesterol mi mamacita

Colesterol “bueno” y “malo”: cuáles son los riesgos y qué hábitos ayudan a mejorar niveles

Para quienes tienen análisis con números desajustados de colesterol “malo”, la clave es “hacerse cargo”, dijo la doctora Marianela Souilhe

02.03.2026 07:07

Lectura: 8'

2026-03-02T07:07:00-03:00
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Por Patricia Vicente

“De algo nos vamos a morir, pero cómo vivimos depende estrictamente de nuestros hábitos”. Así, con contundencia, se plantó la gastroenteróloga especializada en nutrición digestiva u hábitos saludables Marianela Souilhe ante una charla extensa y detallada sobre el colesterol. Porque hoy se habla de colesterol “bueno” y “malo” y de medicaciones salvadoras, pero ella entiende que aún falta mucho para que se comprenda por qué es tan importante “hacerse cargo”.

En entrevista con Montevideo Portal, la especialista desarma varios mitos que rodean al colesterol y a las lipoproteínas LDL y HDL, que son las que lo transportan. Pero además, plantea un cambio en el punto de vista respecto al colesterol y sus riesgos: la salud cardiovascular se puede construir en base a las decisiones cotidianas.

El colesterol no es una toxina

Para entender por qué el término colesterol “malo” es una “simplificación excesiva”, como considera la médica, primero hay que entender qué es. “En primer lugar, hay que tener en cuenta que el colesterol es una partícula normal de nuestro cuerpo, no es algo externo. Nosotros producimos colesterol. Las paredes de nuestras células están compuestas por fosfolípidos, que básicamente en su composición química contienen colesterol. No vivimos sin colesterol”, dijo.

“Es biológicamente esencial, es el precursor de hormonas como el estrógeno y la testosterona, de la vitamina D y del cortisol”, agregó. Entonces, ¿dónde nace el problema? En el transporte.

Souilhe usó una analogía mecánica para explicar el funcionamiento: “El colesterol es como el material para la construcción y el LDL (el malo) es el camión que lleva el material de un lado para el otro a través de las arterias, que son las carreteras. El LDL transporta el material desde el hígado hacia los tejidos, mientras que el HDL (el bueno) hace el camino inverso, sacando el colesterol de las arterias para llevarlo al hígado para su eliminación”.

¿Por qué le llamamos malo? “Porque cuando está elevado en sangre y permanece mucho tiempo dando vueltas, se oxida y al oxidarse se convierte en más aterogénico, o sea, tiene más probabilidad de entrar en la pared de la arteria y generar esa placa que, en el ejemplo del camión, sería como un ‘lomo de burro’”, explicó.

Desde la década de los 60 y 70, las estadísticas de enfermedades cardiovasculares han crecido fuertemente, dijo Souilhe. El cambio de alimentación es un factor determinante, pero también el cambio del estilo de vida.

“Si uno compara la vida de hoy con la del inicio del siglo XX, queda claro que antes todo implicaba movimiento físico obligatorio, caminatas largas y una ingesta calórica proveniente de comida real. Cambió tanto la vida que aumentamos la ingesta calórica, pero esta no proviene mayoritariamente de comida (carne, pollo, pescado, huevo, fruta, verdura, legumbres, cereales) y, además, nos quedamos quietos. O sea: subimos lo que nos hacía mal y bajamos lo que nos protegía”, resumió la médica.

 Según cifras de la Organización Panamericana de la Salud:

-         Cada año mueren más personas por enfermedades cardiovasculares (ECV) que por cualquier otra causa.

-         El riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular (ECV) aumenta por una alimentación poco saludable, la cual se caracteriza por un bajo consumo de frutas y verduras y un consumo elevado de sal, azúcares y grasas.

-         Las personas que no hacen actividad física suficiente tienen entre un 20% y un 30% más de probabilidades de morir prematuramente que aquellas que hacen actividad física suficiente.

-         Se estima que la exposición a productos derivados del tabaco es responsable del 10% de todas las muertes ocasionadas por ECV.

No todos los “camiones” son iguales

La especialista, que es argentina y hace ya varios años se radicó en Uruguay, marcó la importancia de que las personas vayan al cardiólogo y hagan consultas periódicas, así como análisis de sangre y que puedan comprender qué quieren decir los valores que allí figuran. Ella es consciente de que, muchas veces, la rapidez de la consulta médica no permite que los profesionales se explayen, pero marcó algunos puntos que los pacientes pueden pedir en los estudios, para conocer mejor su situación.

Dentro de la clasificación de colesterol “malo”, hay también un “malo más malo”, dijo la médica y explicó que “las personas con resistencia a la insulina, triglicéridos altos, obesidad central e hipertensión tienen más riesgo de tenerlo”. Es un LDL “que es más pequeño, más denso y que tiene más riesgo de generar un evento cardiovascular”, apuntó.

Por ello, remarcó, hay que analizar los resultados de los análisis y todo el contexto, y preguntar y buscar soluciones.

Por otra parte, se refirió a la lipoproteína(a), que es hereditaria y que incluso las personas con hábitos impecables pueden tener alta y que conlleva riesgo de enfermedad cardiovascular. En este caso juega la genética, ya que, según explicó, no es un valor que se pueda bajar haciendo ejercicio o cambiando la alimentación. Pero sí es un llamado de atención para mejorar todos los otros valores y aminorar los riesgos.

“Es un factor independiente y hereditario, que suele estar presente en familias con antecedentes de infartos a temprana edad, por ejemplo”. Su recomendación es: “Medir la Lp(a) al menos una vez en la vida, y eso lo hace el cardiólogo”.

“En la analogía del camión, la lipoproteína(a) sería como una pintura que lo hace pegajoso. Es más inflamatorio, forma la placa, favorece los coágulos y se asocia a infarto precoz”, explicó, aunque aclaró: “no es una condena”.

Los números que hay que conocer

Para aquellos que buscan referencias en sus análisis, Souilhe detalló los valores deseables:

-         Colesterol total: Menos de 200 mg/dl es lo deseable. Entre 200 y 239 es límite alto, y más de 240 es muy alto.

-         LDL (el “malo”): Para población sana, menos de 100. En riesgo alto (diabéticos, hipertensos, fumadores o Lp(a) alta), menos de 70. Para quienes ya sufrieron un evento cardiovascular (stent, accidente cerebrovascular), menos de 55.

-         HDL (el “bueno”): En hombres, mayor a 40; en mujeres, mayor a 50; idealmente mayor a 60.

-         Triglicéridos: El valor normal es menor a 150, pero el deseable es menor a 100. “Los triglicéridos suelen ir altos de la mano de resistencia a la insulina, hígado graso, exceso de carbohidratos refinados y ultraprocesados”, dijo.

La “pastilla salvadora”

Aunque hay quienes las rechazan e incluso recomiendan no tomarlas a causa de sus efectos secundarios, las estatinas son “la herramienta medicamentosa más efectiva” que se encontró hasta ahora para tratar los niveles altos de LDL, apuntó Souilhe. A veces esta polémica confunde al paciente, que no sabe si tomarlas o no, y en ese sentido, Souilhe marcó dos puntos clave:

  1. “No se medica un LDL alto, se medica a una persona” y eso es una garantía para el paciente.
  2. La medicación no es una licencia para mantener malos hábitos.

La decisión de medicar debe contemplar la edad, el estado físico, la glucosa, la presión arterial y, sobre todo, la actitud del paciente, dijo la médica. Además, está el factor genético: hay personas que, por más alimentación sana y ejercicio que realicen, no podrán bajar sus niveles de LDL por sí solos y las estatinas pueden ser la clave. “La medicación salva vidas, pero no se trata de tomar una pastillita e irse a comer papas fritas. La clave está en la combinación: no se trata de elegir entre medicación y hábitos, sino de implementar las dos cosas”, agregó.

“Si tenés que medicarte, medicate, pero eso no significa que no entrenes, que no te muevas, que no hagas pausas activas en tu laburo de 8 horas sentado con la cola apoyada en la silla, que no le aflojes a la cervecita o al vino todas las noches”, remarcó la gastroenteróloga.

La mejor dieta y el entrenamiento como medicina

A la hora de comer, según la doctora, la ciencia parece haber llegado a un consenso: la dieta mediterránea, ya que reúne todos los estudios que avalan su eficacia. Incluye productos de origen animal y vegetal, pero prioriza grasas poliinsaturadas (aceite de oliva, palta, frutos secos) por sobre las saturadas.

Sin embargo, más allá de la dieta, el foco debe estar en la comida real. “El tema es poner comida en el plato, y no productos. Hoy nos bombardean con cosas raras y pimientas de cayena, o sal del Himalaya bajada por un monje budista... Eso no es necesario”, enfatizó.

El mensaje clave de Marianela Souilhe para quienes se enfrenten a análisis con números desajustados en cuanto al colesterol “malo” es que todo se trata de “hacerse cargo”. Tomar la decisión de cuidarse, de emprender hábitos saludables y no ponerse excusas. “Con poca plata y poco tiempo, podés hacer mucho”, afirmó.

¿Cómo se traduce esto a la vida real?

-         15 minutos de entrenamiento diario antes de trabajar.

-         Dormir 15 minutos más, dejando el celular antes.

-         Elegir sustitutos más baratos a toda la comida cara que se ofrece hoy como obligatoria. “No hay por qué comer salmón todas las semanas; se puede comer atún de lata”, dijo.