Gibraltar, ubicado al sur de España y a orillas del mar Mediterráneo, es uno de los países más pequeños del mundo, con una superficie total de 6,5 kilómetros cuadrados. Solo pequeñas islas de Oceanía y el Caribe, y microestados como Mónaco y Ciudad del Vaticano, son más chicos.

Además, este “territorio no autónomo” —según la Organización de las Naciones Unidas— tiene la particularidad de que es disputado por España, su vecino al norte que cedió ese territorio tras la guerra de sucesión española, y el Reino Unido, que lo administra actualmente.

Los españoles intentaron recuperar Gibraltar violando el tratado firmado en esa ocasión, pero no tuvieron éxito y más tarde, en 1967 y 2002, los gibraltareños rechazaron mediante un referéndum volver a ser anexados a España.

Es así como llegamos a 2026 y el país sigue siendo británico. Mantiene sus costumbres y cultura, y todo eso fue contado por el protagonista de la historia de hoy, que, lógicamente, está relacionado con el fútbol: Nicolás Márquez.

Este futbolista, nacido hace 27 años en Melo, capital de Cerro Largo, brilló en el fútbol gibraltareño años atrás, pero tuvo una carrera de lucha y sacrificio que continúa hasta el día de hoy.

Empezó a jugar al fútbol a los 4 años, se inició en el club Conventos de baby fútbol, para a los 12 unirse a las juveniles de Cerro Largo. Estuvo un año y, a la edad de 13, José Chueco Perdomo, quien “es como un segundo padre” para él, lo llevó a Peñarol.

“Mi madre estaba preocupada por el estudio”, contó a FútbolUy y aseguró que el cambio a la capital del país “fue complicado, porque era muy chico”.

“Estaba acostumbrado al poco ruido, a la siesta, y acá era todo distinto, todo el tiempo relajo. Costó adaptarse, lloraba todos los días”, añadió quien compartió planteles con jugadores como Federico Valverde, Santiago Bueno o Diego Rossi, entre otros.

Tras hacer todas las formativas, en Tercera División “no estaba contando con muchos minutos” y, por ese motivo, se fue a Boston River, en el cual se “encontró con otra realidad del fútbol uruguayo”, porque “en Peñarol tenías todo y Boston era un club más precario”.

Una mochila llena de ilusiones

Sumó algunos minutos en un amistoso y sin haber debutado oficialmente en Primera División, dio el salto al exterior.

En 2018, su representante firmó con una empresa argentina como socios y es así como le surgió la posibilidad de ir a jugar a Gibraltar, concretamente al Gibraltar United, equipo presidido por el exjugador del Real Madrid Michel Salgado.

“Estuve buscando, porque no sabía ni dónde quedaba”, dijo sobre el país, y agregó: “Mandé el video, al entrenador le gustó mucho y viajé”.

“Fue un golpe duro porque me iba a 14.000 kilómetros”, recordó sobre la reacción de su familia, y señaló que se encontró un país “totalmente distinto” a lo que estaba acostumbrado.

Nada más llegar destacó “la disciplina” de sus compañeros: “El primer día entrenábamos a las nueve de la mañana, armé el mate y a las siete y media estaba entrando al vestuario. Y ya estaban todos cambiados, con auriculares, nadie hablaba”.

“Lo primero que te dicen es ‘argentino’, por el mate, pero le digo ‘no, no, uruguayo’, y ahí te empiezan a hablar de Suárez, Forlán, Cavani, Godín”, ahondó.

Con respecto al fútbol, dijo: “Al principio me costó por el físico. Un enganche mide dos metros, los delanteros son enormes. El nivel no es tan bueno, pero en lo físico están unos pasos más adelante que el fútbol uruguayo porque entrenan demasiado”.

“Son como robots que hacen lo que les dicen, es todo sistema”, profundizó.

Los clubes gibraltareños tienen nivel de “una B o algún equipo chico de Primera” de Uruguay, pero “ayudan las canchas, que son hermosas”.

“Hay un estadio solo para toda la liga, que es de la Federación. Es una locura lo bien que están armados los vestuarios, bien de Premier League, con luces y el escudo de tu club en el piso”, expresó.

“Cada club tiene su lugar de entrenamiento fuera, en España. Alquilan para entrenar”, explicó, y añadió: “Teníamos un campo de césped natural, otro de artificial y gimnasio”.

En cuanto a los hinchas, señaló: “Es gente más centrada. Cuando termina el partido, te felicitan o te preguntan cómo te llamás o de dónde sos”.

En su etapa en Gibraltar coincidió con la presencia de Julio Ribas como técnico de la selección: “Estuve tramitando los papeles para ser gibraltareño, pero el club se dio en bancarrota [en 2019, cuando desapareció] y para renovar la residencia precisaba un contrato del club”.

“Tuve un contacto” con Ribas; “ligué mal”, agregó.

Sobre el país, dijo que los ciudadanos son “gente bien inglesa que estaban para su bola” y “no son sociables”. “No se hablan entre ellos”. Comentó que, además de inglés, en Gibraltar hablan yanito: “Te dicen tres palabras en inglés y dos o tres en español”.

Vivía en Gibraltar pese a que “es más barato vivir en España” porque desde el club le “tuvieron que hacer residencia” para pasar a entrenar.

¿Cómo era su día a día? “Me levantaba, iba al entrenamiento y cuando salía iba a comer a un restaurante que el club pagaba. Dormía la siesta y en la tarde tenía que presentarme en el gimnasio sí o sí. Todos los días era doble horario”.

“Cuando tenía libre me iba a España”, relató.

El clima “es bueno” y “en la frontera con España hay una pista de avión”, que, cuando llega uno, “se tranca la frontera”, en la que podés estar “dos o tres horas” para pasar de un lado al otro, en un día normal.

La polémica mencionada al principio “se siente porque al español cuando entra lo tratan de una forma y al de Gibraltar cuando entra lo tratan de otra”. Debido al Brexit, “está mucho más complicada la entrada y salida”.

Nicolás también nos contó una particularidad del país: monos en el peñón. “Empezás a subir la roca y está llena de monos, que no los podés tocar porque son patrimonio del país. Si te regalás, te roban la mochila”, detalló.

Si bien “existía” la posibilidad de quedarse en el país luego de que su equipo desapareciera, “los clubes no llegaban a pagar lo que pagaba ese club”.

El después

Tras esa experiencia europea, retornó a Uruguay, pero de inmediato viajó a Brasil para jugar en el Guarany Bagé de la Segunda División de Río Grande del Sur y de la Serie D brasileña.

“Me pasó de estar en casa y que vengan dos o tres hinchas a decirte ‘¿por qué no ganamos este partido?’. O también los que ganás y te dejan la llave de su casa. Son más apasionados que los uruguayos, tienen más locura”, recordó.

En el país norteño estuvo entre 2020 y 2022, defendiendo también al Ska Brasil de la Segunda División paulistana y al Operário de Serie D y Primera de Mato Grosso.

Luego de su paso por Brasil, volvió definitivamente a Uruguay para jugar en la Primera División Amateur. Primero en Artigas y luego en Villa Española y Mar de Fondo, al que defendió en 2024.

A inicios de 2025, a través de un excompañero brasileño que lo recomendó, le surgió la oportunidad de jugar en el Juventus Lloret Mar, “una academia de la Juventus en España que ahora ya no lo es más porque se independizó”.

No dudó y el 2 de enero ya estaba viajando a España para jugar en la Primera Catalana, equivalente a la sexta categoría.

“El dueño tiene mucho dinero y lo que le piden es subir de categoría”, dijo. “Hay muchos jugadores que fueron profesionales y muchos uruguayos”, como Gonzalo Pintos, Damián Cabrera y Luciano Puentes”.

“La liga es de detalles. Se corre mucho, pero se nota cuando llevás a un jugador con experiencia. El club te brinda salario, apartamento, comida, vitaminas, fisios, psicólogos”, indicó.

“En tema de infraestructura, dinero y televisión no estamos atrasados, estamos atrasadísimos, pero cuando estás afuera te das cuenta de que el futbolista uruguayo tiene un plus y siempre lo da”, mencionó.

Era el capitán, pero tuvo que volverse a Uruguay por problemas familiares y su intención es jugar en nuestro país este año.

A lo largo de todos estos años se ha podido dedicar solo al fútbol. “Un jugador de la B de Uruguay está cobrando entre $ 35.000 y $45.000 como sueldo mínimo, y allá ese sueldo lo pasás fácil en el ascenso”, contó.

Y cerró diciendo si recomendaría o no jugar en los lugares en los que estuvo: “Sí, más que nada si es un futbolista que quiere crecer y vivir de esto. Vos podés recomendar, pero después está en uno decir ‘¿qué estoy dispuesto a hacer?’, ‘me arriesgo o no’”.