El concurso de hundidas de la NBA ya no es lo que era. Los jugadores más atléticos, y no siempre las figuras, participan y se lucen. Algunos son jugadores con escasa participación en los partidos, y aprovechan el certamen para ganar unos minutos de fama.
Muy diferente era el panorama en los 80 y 90, cuando concurrían los mejores. Y en especial será para siempre recordado el de 1988, que enfrentó a los dos mejores jugadores del momento; Michael Jordan, de los Chicago Bulls, y Dominique Wilkins, de Atlanta Hawks y ganador del concurso en 1985.
Fue una final apasionante y tuvo que ir al desempate. En el mismo, el mejor basquetbolista de todos los tiempos inmortalizó un salto que le dio el apodo 'Air Jordan' y le permitió retener el título de 1987. La carrera de su vuelo comenzó del otro lado de la cancha, picó en la línea del libre y aterrizó en el aro con una plasticidad que sólo Jordan podía lograr.
Fue un día como hoy pero en 1988. Pasaron 30 años y sigue en la retina de todos los amantes del básquetbol.