Ricardo Fabini lleva más de medio siglo ligado a la vela. Fue olímpico en Barcelona 1992 y Atlanta 1996, campeón mundial de snipe en 1989 y medallista panamericano y suramericano. Marina, su hija, tiene apenas 14 años cumplidos en julio pasado y comenzó a entrenar seriamente en esta clase en enero. Ahora, padre e hija compartirán barco para representar a Uruguay en los Juegos Deportivos Suramericanos (Odesur), una apuesta que va más allá de un simple desafío familiar.

La historia de esta particular dupla comenzó hace apenas unos meses. Marina había tenido alguna experiencia en optimist, pero nunca había desarrollado una campaña deportiva en Snipe. Su padre le propuso intentarlo pensando en los Odesur y los próximos Juegos Panamericanos. La respuesta llegó rápidamente.

“Le pregunté si quería armar una campaña para los Odesur y para los Panamericanos y me dijo: ‘Vamos a probar’. En esa prueba se bajó del barco y dijo: ‘Esto es lo que quiero’”, recordó Ricardo Fabini en charla con FútbolUy.

Desde entonces, el entrenamiento se volvió constante y los resultados comenzaron a acompañar. Marina se afianzó como tripulante y su padre, que compartió embarcación con algunos de los mejores exponentes de la vela uruguaya, no escatimó elogios.

“Me animaría a decir que es de las mejores tripulantes que he tenido en mi carrera deportiva”, aseguró pleno de orgullo y con su experiencia a cuestas.

El snipe es una embarcación de 4,70 metros, una de las clases con mayor tradición y cantidad de títulos para Uruguay. En esta oportunidad tendrá a Ricardo al timón y a Marina como tripulante. Compartir el barco, sin embargo, tiene algunas diferencias con la relación cotidiana entre padre e hija.

“En el barco es más pasivo, más tranqui, tiene más paciencia conmigo”, contó Marina, entre risas. “En casa, cuando hay algo que no le gusta, lo demuestra más. Un poco más 'gruñón'. En el agua me tiene mucha paciencia y me enseña”.

Para Ricardo, su hija tiene una disciplina que incluso lo sorprende. “Es muy ordenada, muchísimo más en el barco que en tierra, muy meticulosa. Cuando se le explica algo, lo retiene y lo defiende a muerte. Y cuando algo no le sale, terminamos la regata, me mira y me dice: ‘Quiero practicar lo que no me salió’”.

Mirando el futuro

Los Odesur serán además una puerta de entrada para Marina al ciclo olímpico. En el inicio de su carrera en el alto rendimiento ya piensa en continuar creciendo dentro de la vela y comenzar a entrenar en clase láser (Ilca 6). “Papá me dice que me ve futuro”, explicó.

Pero la ida a los Odesur tendrá además otro integrante de la familia como miembro activo: su hermano Simón, quien los acompañará a ambos como entrenador y apoyo durante los Juegos.

Para Ricardo, los Odesur serán apenas sus segundos Juegos Suramericanos pese a sus más de 50 años de competencia. En esta ocasión, la dupla llega con experiencia y buenos resultados recientes, pero sin ponerse "cargas sobre la espalda".

“Nosotros lo que queremos es disfrutar de navegar. Hemos logrado una simbiosis con ella: nos subimos al barco y nos divertimos. Entonces, lo que pretendemos es seguir divirtiéndonos”, explicó.

Y agregó: “Sabemos, y todos los rivales saben, que somos favoritos [al podio]. Nosotros no nos vemos así. Vamos a ir a pelear los Juegos desde nuestro punto de vista, disfrutándolos y compartiendo con los demás”.

El objetivo, entonces, va mucho más allá de un resultado. Para Ricardo, todos los integrantes de la delegación uruguaya merecen el mismo reconocimiento, independientemente de que regresen con una medalla.

“Capaz no todos llegan a los podios en sus deportes, pero el esfuerzo va a ser exactamente igual para todos y todos merecen el mismo aplauso y la misma hinchada”, afirmó.

Marina, por su parte, tendrá una motivación adicional cuando llegue el momento de competir: compartir su primer gran desafío internacional con su padre. “¿Y a bancar a papá?”, le preguntaron al final de la charla. “Sí, obvio”, respondió entre risas.

Padre e hija ya tienen el barco. Ahora llega el momento de disfrutar el viaje.