Con solo 15 años, Isabella Marenco se convirtió en una de las grandes revelaciones del deporte uruguayo. Su actuación en los Juegos Deportivos Sudamericanos de la Juventud en Panamá no solo le dio visibilidad, sino que también marcó un hito para la gimnasia artística nacional: medalla de oro en suelo y dos preseas de plata, en all around y por equipos, en una disciplina en la que históricamente nuestro país pelea desde atrás frente a potencias regionales.
Recién llegada a Uruguay, la joven resumió su participación con claridad: “Quedé primera en suelo, segunda en all around y fuimos segundas por equipos”. Estos resultados reflejan no solo su rendimiento individual, sino también el crecimiento colectivo de un equipo que pisó fuerte al lograr una medalla en conjunto.
La relación de Marenco con la gimnasia comenzó desde muy temprana edad y de forma casi natural. “Mi hermano hacía muchas piruetas y yo le copiaba todo”, recordó sobre sus primeros años. Fue su madre quien la acercó formalmente al deporte, llevándola a un club cercano cuando tenía cinco años. Desde entonces, la conexión fue inmediata. “Desde el primer momento me gustó”, afirmó.
Con el paso del tiempo, el talento fue evidente, pero ella misma relativiza ese factor y pone el foco en el esfuerzo. “No solo fue talento: también fue la constancia que tuve”, explicó. Esa combinación la llevó a dar sus primeros pasos internacionales en 2021, cuando clasificó a un Sudamericano en Cochabamba, donde Uruguay logró una medalla histórica por equipos y ella se subió al podio en múltiples pruebas.
Detrás de cada logro hay una rutina exigente que combina estudio y entrenamiento intensivo. Sus días comienzan temprano y están milimétricamente organizados: liceo por la mañana, entrenamiento por la tarde y estudio por la noche. “Me levanto, voy al liceo; me voy antes para llegar a entrenar, como y me cambio en el auto, y entreno de 13:30 a 17:30”, detalló. En algunos períodos de preparación, esa carga se duplica, y el entrenamiento puede llegar a ocho horas diarias.
Ese ritmo implica renuncias importantes para cualquier adolescente. Salidas, cumpleaños y actividades sociales quedan muchas veces relegadas. Incluso su propia fiesta de 15 tuvo que ser reprogramada: “Iba a festejar mi cumpleaños de 15 el 25 de abril, pero, como era en pleno Juegos Sudamericanos de la Juventud y aún no sabíamos bien las fechas de la gimnasia, mi mamá le escribió a la profe [Luciana Rodríguez] y decidimos cambiar la fecha para el 9 de mayo, con todo lo que implica. Hay muchas cosas de mi vida que no puedo hacer por la gimnasia, pero es un sacrificio bueno”, sostuvo, convencida de que el esfuerzo vale la pena.
El sostén familiar ha sido clave en ese camino. “Mis padres y mis hermanos siempre me ayudan, me llevan, me apoyan cuando estoy mal”, contó. También destacó el rol del sistema educativo, que le permite adaptarse a sus exigencias deportivas: profesores que envían tareas extra y flexibilidad para no perder el ritmo académico.
Siempre avanzar
Otro de los desafíos de Marenco es el contexto en el que entrena con relación a sus rivales del continente. A diferencia de otros países, Uruguay cuenta con limitaciones en infraestructura. “En nuestro gimnasio no tenemos pedana; tenemos que ir a otro lugar a entrenar”, explicó. Aun así, el equipo logra competir a nivel internacional. “Hay que adaptarse a lo que hay y con eso igual somos competitivos”, resumió.
Ese espíritu colectivo se reflejó en Panamá, donde el equipo femenino —integrado por Camila Book, Renata Rodríguez, Marindia Núñez, Luana Grajales y la propia Marenco— consiguió una histórica medalla de plata. “Es un gran logro, más con la infraestructura que tenemos”, señaló, destacando el valor de ese resultado frente a potencias como Brasil.
El oro individual llegó en la prueba de suelo, una disciplina que combina técnica y expresión artística. Allí, Marenco ejecutó una rutina de alta dificultad, incluso con un movimiento inédito (tzukahara) que solo ella ha realizado en la historia de la gimnasia artística uruguaya: “Quería hacer toda la serie y me salió muy bien”, contó, luego de una jornada exigente en la que había competido en cuatro finales. La preparación mental fue clave: “Mi profe me ayudó pila en ese aspecto para llegar bien tras una jornada muy exigente”.
El momento más emotivo fue en el podio. “Escuchar el himno fue increíble”, recordó, visiblemente marcada por la experiencia. La repercusión no tardó en llegar: mensajes, reconocimiento en redes sociales y hasta el contacto de otros deportistas. “De repente estaba en TikTok y aparecía yo. La gente no podía creer que esto se hiciera en Uruguay”, relató.
El futuro es ahora
A pesar del crecimiento, Marenco mantiene los pies en la tierra y una meta clara: los Juegos Olímpicos. “Sueño con ir a unos Juegos Olímpicos y competir por Uruguay en ellos”, afirmó. Para eso, deberá seguir compitiendo en torneos de alto nivel como Panamericanos o Mundiales, donde se otorgan los cupos de clasificación.
En lo inmediato, su calendario no da respiro. Tras el regreso de Panamá, ya se prepara para nuevas competencias internacionales, con una planificación que combina descanso y carga progresiva. “Si te mantenés todo el tiempo al máximo, no llegás a fin de año”, explicó sobre la estrategia de entrenamiento.
Mientras tanto, su historia ya empieza a generar impacto más allá de los resultados. Con su ejemplo, busca inspirar a otras niñas a iniciarse en el deporte. “Si querés hacer gimnasia, animate, que los sueños se cumplen”, dijo.
Con talento, disciplina y una mentalidad competitiva poco común para su edad, Isabella Marenco no solo representa el presente de la gimnasia uruguaya, sino también una promesa firme de cara al futuro.