En el corazón de Europa se encuentra un país “soñado”: Suiza. Esta nación tiene una gran importancia a nivel mundial, es sede de muchas organizaciones internacionales y se destaca por su buena calidad de vida.
Cuenta con paisajes naturales maravillosos, que decoran las cinco fronteras que tiene (Austria, Alemania, Francia, Italia y Liechtenstein). Entre esas maravillas, los Alpes, que ocupan la mayor parte de su territorio, son un llamador para los turistas.
Es un país que se destaca por su organización, puntualidad y neutralidad, una política autoimpuesta en 1618 que está pensada para garantizar la seguridad exterior y promover la paz.
Con todo eso, y más, parece ser justamente el lugar “soñado” para vivir y formar una familia. Y si hay dudas de eso, el protagonista de la historia de hoy, el futbolista uruguayo Jonathan Sabbatini, puede despejarlas todas.
Este mediocampista, actualmente de 38 años, comenzó a jugar al fútbol siendo un niño en Estudiantil Sanducero, en su Paysandú natal. Allí hizo las juveniles y debutó en Primera en OFI, antes de pasar a Paysandú FC, que se encontraba en la Segunda División de la AUF.
En ese momento, tuvo la posibilidad de jugar en la Major League Soccer de Estados Unidos, recordó a FútbolUy: “Estuve en el draft, fui elegido y tuve charlas con Los Angeles Galaxy, pero, debido a cuestiones que no tenían nada que ver conmigo, porque yo había llegado a un acuerdo, no me quedé”.
Esa oportunidad le surgió a través del representante que tenía en ese momento, Marcelo González, y de Alejandro Taraciuk. “Me llevaron a entrenar a la escuela de Coqui Raffo en Buenos Aires, en la que estuve dos meses entrenando para llegar y hacer el draft en enero en Estados Unidos”, contó.
En el draft, jugaron tres partidos en Fort Lauderdale, el ya exestadio del Inter Miami, y “había jugadores de todo el mundo”. “Fue duro, porque, aparte de dos compañeros que habían entrenado conmigo, no conocía a nadie más” y “el inglés, más que hablarlo, lo masticaba, ja”.
“Para la elección del draft, dividían a los jugadores en cuatro equipos: amarillo, rojo, blanco y azul. Yo integraba el equipo amarillo y en la habitación del hotel me tocó con Andy —no me acuerdo del apellido—, un ex-Newcastle, y estuvimos comunicándonos como podíamos”, indicó, y destacó que “fue una hermosa experiencia” porque conoció “nuevas culturas”.
En esas pruebas había “jugadores muy físicos” y, “aunque yo haya hecho una preparación importante para llegar ahí, no fue fácil, más allá de que ahí no es que te ven porque andes bien, sino por las condiciones que uno pueda tener y que ellos crean que uno pueda darle al fútbol de ellos”.
“La verdad es que me cayó bastante mal” no haber podido firmar tras el draft “porque se dio una situación que prefiero no contar”. “El mundo del fútbol es bastante complejo cuando hay algunos intereses”, agregó Sabbatini, que luego de eso retornó a Uruguay.
“La visa me la habían dado solamente por un mes, que fue todo enero [2008]. Tenía que volver a Uruguay para tramitar nuevamente la visa y ahí irme para Estados Unidos para comenzar la pretemporada, pero no se dio y fue un baldazo de agua fría”, señaló.
Jonathan Sabbatini campeón en el Lugano de Suiza. Foto: Instagram @jona_sabbatini
Tras eso le llegó la chance de ir a Liverpool, lo cual le dio “ganas de seguir metiéndole” al fútbol: “Tuve una prueba en la Tercera y me quedé entrenando con Primera hasta agosto, que arrancaba el campeonato, y fue ahí que no llegué al acuerdo económico; fui yo quien tomó la decisión de no firmar”.
Nuevamente, se encontraba en libertad de acción y su representante le consiguió una posibilidad en Italia, precisamente en el Frosinone de Serie B. También colaboró Roberto Druda, scout, quien más tarde llevó a Lucas Torreira al Pescara.
“Entrené un par de veces con Primera, pero estuve más que nada en la reserva, y después decidieron que lo mejor para mí era ir a la C para agarrar experiencia”, contó Jonathan, quien en la tercera categoría jugó en Virtus Lanciano y Chieti.
“Fue un lindo paso. Fui fogueándome y dando mis primeros pasos en el fútbol italiano, que es todo nuevo, por el tema táctico, que es bastante complejo”, ahondó.
Con respecto a su adaptación, relató: “No tenía grandes expectativas, porque sí a nivel futbolístico uno sueña en grande siempre, pero no tenía grandes cosas en la cabeza como decir ‘esto será de una manera o de otra’; sinceramente me pareció bastante parecido a lo que era la vida en Uruguay y eso hizo que la adaptación fuese normal, no rápida, pero sí normal. Mirando televisión y leyendo el diario fui aprendiendo a la fuerza el italiano. Después de seis meses, eso me ayudó a comunicarme sin ningún problema”.
En cuanto a lo futbolístico, detalló: “Aprendí muchísimas cosas. Yo soy enganche y me fui adaptando a varias posiciones dependiendo de lo que quería el técnico y eso me ayudó a hoy en día seguir jugando, porque después me adapté a lo que es jugar como 5 o doble 5, y yo creo que eso le dio un plus a mi carrera”.
La diferencia entre el fútbol uruguayo y el italiano se ve por “el hecho de que en Uruguay se va para adelante, no estamos pensando mucho… sí, obviamente, tratar de defender, pero más que nada vamos a buscar el gol, y en Italia no es que no se busque el gol, pero a veces parece bastante… no sé si llamarlo aburrido, pero para el hincha no es tan emocionante el fútbol italiano, así como se ve en la A”.
“Encontrás equipos que defienden bajo, difíciles de entrar, y eso hace bastante monótono el juego; el fútbol uruguayo es un poco más desordenado y eso lo hace, para el hincha, un poco más agradable para ver”, siguió.
“Están mejor que Uruguay” en infraestructura, “más allá de que en los últimos años Uruguay está mejorando bastante”. “Sacando los equipos de primer nivel, los estadios son viejos, en ese tema creo que ha sufrido un poco el fútbol italiano. Pensaron más en otras cosas que en mejorar ese aspecto”, comentó.
Le cambió la vida
Tras cuatro años en Serie C, tuvo ofrecimientos de otros clubes italianos, pero los descartó y se decantó por una oferta muy particular: la del Lugano suizo. “La acepté, no porque me pagaban más, sino porque en Suiza cobrás todos los meses”.
“Al fin y al cabo este es el trabajo de uno y en Italia había tenido algunos problemas en ese aspecto. Ese es un problema bastante grande que creo que también lo está sufriendo el fútbol uruguayo”, mencionó.
“Es un cambio importante, porque apenas pasás la aduana, es otra cosa: el orden, la limpieza, los paisajes. Lo que se ve en los videos o en las fotos: Suiza es exactamente eso. Es un sueño y yo estoy encantado con eso, quedé sorprendido”, señaló el volante, que arribó al país helvético a mediados de 2012,
En Lugano, que está a unos 20 minutos de la frontera con Italia, a esta altura del año, “hace muchísimo calor”. “Hay unos 30, 31 grados. Me hace acordar a Paysandú, que la verdad es que en el verano se pone bravo. No es algo normal porque, por lo general, en esta fecha sí está lindo, pero no 30 grados”, contó.
“Suiza se divide en tres, es como tres países en uno: acá donde estoy yo se habla el italiano, está la Suiza alemana y la Suiza francesa. En Lugano no viven solamente suizos o suizos-italianos, sino gente que viene de todas partes de Italia o de todas partes del mundo, así como muchos suizos alemanes o suizos franceses. Los vecinos que tengo hablan alemán y cuando tengo que hablar con ellos, que no hablan italiano, tengo que comunicarme en inglés; es algo a lo que ya me acostumbré, pero al principio era difícil”, relató.
“La tranquilidad, el respeto por el prójimo y en todo eso, Suiza está muy bien; y a nosotros nos dio muchísima tranquilidad eso, ya no solo a mí, a toda mi familia, porque fue también como nosotros crecimos en Paysandú”, señaló.
“Conocía poco lo que era el fútbol suizo, pero mi idea era tratar de llegar lo antes posible a la A y así se dio”, dijo, y añadió: “Ascendimos después de tres años de haber jugado en la B y el resto es historia, porque tuve la posibilidad de salir campeón, de jugar dos Conference League y dos Europa League. Lo único que me quedó, lamentablemente, fue la Champions League”. Clasificaron, pero no le renovaron.
“Cuando llegué, Lugano estaba en la B, entonces como que le faltaba un poco esa pasión al ambiente futbolero, pero con el pasar de los años las cosas mejoraron y ahora ya es otra historia; va mucha más gente a la cancha, un estadio nuevo, hermoso; los resultados hicieron todo eso, que en un principio jugábamos con poca gente, más que nada los primeros dos años, y después la situación cambió”, destacó.
El uruguayo valoró el aspecto económico y la “comodidad” que eso le da: “El nivel también era otro, porque una cosa es jugar en la C y otra cosa es jugar en la A, y más que nada si jugás a nivel internacional. En este momento estoy en la C [AC Taverne] y aún así cobro todos los meses. Ellos y la Federación tratan de respetar todo ese tema; una de las cosas positivas es que ya antes de comenzar el campeonato los clubes tienen que depositar una garantía que te permite sobrevivir todo el año: es la garantía de los sueldos de cada mes, los honorarios y los impuestos. Si no pagan, está esa plata que te permite cobrar. Están un paso adelante”.
Jonathan Sabbatini jugando en el Taverne de Suiza. Foto: Instagram @jona_sabbatini
“Hay una cosa que muchas veces discuto, de buena manera, que es el hecho de que, si comparamos el fútbol suizo con la Serie A italiana, la Premier League o la liga española, obviamente no tiene comparación, pero todos los jugadores que están en la selección suiza, yo jugué contra todos ellos, muchísimos jugadores que están jugando en otras selecciones y que jugaron el Mundial pasaron por el fútbol suizo. Eso hace que el fútbol suizo sea un trampolín para muchos”, expresó.
A mediados de 2024, tras 12 años y más de 430 partidos en Lugano, se fue a jugar al Bellinzona, de la Segunda División. “Está cerca de Lugano y no quería moverme”, dijo. Un año más tarde volvió a bajar de categoría para defender al Taverne, también de la misma zona geográfica y donde continúa para esta temporada.
“Es el equipo más joven del campeonato”, porque tras él, con 38, y el vicecapitán, que tiene 34, “los demás tienen una edad media de entre 19 y 20 años”. “Hay un lindo proyecto y el nuevo presidente del club tenía hace un par de años el 40% de Lugano, y para mí era lindo ese proyecto para seguir en la última parte de mi carrera profesional”, señaló.
Con respecto a las diferencias entre categorías en Suiza, destacó: “Cuando estás en un equipo de la C y querés compararlo con uno de Primera División o de la B, siempre en tema calidad tienen algo menos, y a veces también un tema de orden. No hay mucha disciplina táctica, más allá de que el fútbol suizo también es más conocido por muchas transiciones, se hace un fútbol rápido, está catalogado entre los primeros tres del mundo en ritmo de juego, por velocidad”.
La infraestructura del Lugano “es impresionante, tiene todo”: “Estadio de última generación, complejo, no falta nada. Todo lo que pidas, lo tenés. El club está gerenciado por el dueño del Chicago Fire de Estados Unidos, entonces detrás hay una persona que está muy bien”.
“Lugano es uno de los que menos gente lleva en la A, pero uno de sus problemas es que allí viven muchos extranjeros. La nueva generación ya empieza a sentirse identificada con Lugano, también porque los resultados ayudan”, dijo, aunque aclaró que Basilea, Young Boys, Zúrich y St. Gallen son clubes que “llevan mucha gente”.
Ante la consulta de qué lo llevó a quedarse en Suiza durante tanto tiempo, reveló: “Tuve posibilidades para irme, pero yo esperaba otras cosas, sinceramente. Si Paysandú FC no hubiese quebrado en aquel entonces, se mantenía en Primera División, haber podido jugar copas internacionales, yo me hubiese quedado en Paysandú. A mí no me interesaban otras cosas”.
“Yo vivo el fútbol de otra manera. Es verdad que mi sueño siempre fue jugar, jugar con estadios llenos, jugar en la élite. Tuve la suerte de eso, pero también buscaba otras cosas: que mi familia o mis amigos me pudieran ver. Encontré muchas de esas cosas acá en Suiza”, siguió.
“Mis hijos nacieron acá y todo eso hizo que al final decidiera quedarme en Lugano. No se dio de retirarme, porque la idea mía era retirarme en Lugano, pero, bueno, de todas maneras están las puertas abiertas para el día de mañana volver en otro rol, porque me habían ofrecido quedarme a dirigir, pero no era mi idea, actualmente estoy haciendo los cursos y estoy tratando de ir de a poco”, ahondó.
Jonathan Sabbatini jugando en el Lugano de Suiza. Foto: Instagram @jona_sabbatini
Si bien sus hijos nacieron en el país europeo, “se sienten uruguayos”: “Tomamos mate todos los días, miramos la tele de allá, escuchamos la radio. Seguimos ligados a eso. Además de que vamos todos los años para las fiestas”.
Años atrás “hubo un rumor” de que lo podían llamar de la selección suiza, “pero solamente eso”. “De parte mía, no, sinceramente. Estoy feliz acá y soy uno más, pero me siento uruguayo y no hubiese jugado para Suiza”, explicó.
Además, contó que “hace unos años, cuando estaba jugando la Europa League, se preguntó por mí en Uruguay”. “Si en aquel entonces hubiese estado [Marcelo] Bielsa, más allá de que en mi posición tenemos de los mejores del mundo, creo que hubiese tenido una oportunidad, porque no se fija tanto en qué equipo jugás, sino en la continuidad, que era lo que tenía”, señaló Sabbatini, que estuvo en una preselección de sub-17.
Jonathan, siempre que puede, mira fútbol uruguayo: “Siempre me encantó. Podemos discutir que se mira el fútbol de Europa y queremos que nuestros equipos jueguen a eso, pero cuando estamos en la cancha lo primero que pedimos es reventarla”.
“Los grandes no están pasando por su mejor momento, pero los demás equipos están demostrando y eso es muy positivo, suma muchísimo”, analizó, y comentó: “Sí estamos atrás, que más que nada les pasa a los grandes, es ir a jugar al interior. Es una mentalidad, porque después los jugadores vienen a Europa, juegan cada tres días y no pasa nada. Eso complica para jugar a nivel internacional porque se hacen muchos cambios”.
“Se están sumando equipos del interior y eso le hace muy bien al fútbol uruguayo, lo mejora, porque se empiezan a integrar muchas cosas, el interior le da mucho al fútbol uruguayo”, expresó Sabbatini, que dijo que la posibilidad de volver a Uruguay “está abierta”, pero aclaró: “Tengo contrato acá, donde estoy muy bien. Lo evaluaremos con mi familia, porque pienso por ellos”.
Por último, Jonathan “por supuesto” que les recomienda a los futbolistas uruguayos ir a jugar en los destinos en los que lo ha hecho él: “A veces pensamos en Uruguay que el nivel es bajo, y ahí es cuando nos equivocamos. Es el paso siguiente al fútbol uruguayo, porque no es fácil; les pasó a cracks como [Edinson] Cavani, que fue a Palermo antes de Napoli y no hizo muchos goles, y a [Luis] Suárez, que fue a Holanda, que es como ir a Suiza”.
“A veces hay que ser más inteligentes en las decisiones que uno toma, porque no quiere decir que ir a un fútbol de menos importancia a nivel de imagen sea un paso atrás, es ir de a poco sumando experiencias”, concluyó.