Cruzeiro perdió con Fluminense 3-0 como local por la vuelta de los octavos de final de la Copa de Brasil y quedó eliminado, ya que en la ida había caído 2-1. El equipo de Paulo Pezzolano confiaba en la remontada pero no pudo, pese a que jugó un buen primer tiempo.

A poco del cierre de la primera mitad, el entrenador uruguayo fue expulsado por el árbitro Raphael Claus, quien en primera instancia lo amonestó por protestar y de inmediato le mostró la tarjeta roja, dada la insistencia en los reclamos.

Pezzolano se quejó por una mano muy clara que el juez omitió a escasos metros del área, y ya había protestado anteriormente por un penal sobre Luvannor. En el medio del reclamo hizo un gesto con la mano derecha como si lo estuvieran robando.

Tras la expulsión, hasta el cuarto árbitro tuvo que agarrar al uruguayo para que no se abalanzara sobre Claus. El reclamo fue demasiado vehemente y generó que en la conferencia de prensa posterior al partido se le preguntara al respecto.

“Es la forma de vivir el juego. No lo hago pensando, sino viviendo el juego. Quiero un equipo intenso y un equipo intenso requiere un entrenador intenso”, explicó ante los medios el Papa, quien desde su llegada al Cruzeiro acumula ocho tarjetas amarillas y dos rojas.

“La pelota dio en la mano del jugador de Fluminense, y la de Luvannor es penal. Pueden decir lo que quieran, pero tengo razón y es penal. Vivo el juego, vivo con ellos, el hambre que tengo a diario es que estoy activo en el juego. Estoy jugando el partido con mis jugadores”, señaló.

“Sé que tengo que mejorar, sin duda, tengo 39 años, soy un hombre y como entrenador tengo que mejorar estas cosas. Pero la intensidad la tendré siempre”, añadió Pezzolano, quien valoró “el coraje” que mostró su equipo, que hoy lidera el Brasileirao B, “a pesar de la diferencia de calidad” con Fluminense, que está quinto en la A.