Suiza es, según diferentes estudios, uno de los países más ricos del mundo, teniendo en cuenta numerosos factores, lo que lo hace un destino atractivo para ir a vivir, aunque a veces puede ser “un poco” caro el costo de vida.
Ubicada en Europa central, entre Alemania, Francia, Italia, Austria y Liechtenstein, esta nación de algo más de 41.000 km² tiene una gran importancia a nivel mundial, siendo sede de muchas organizaciones internacionales.
Desde la Cruz Roja hasta la Organización Mundial del Comercio y una oficina de la Organización de las Naciones Unidas se encuentran en Suiza, así como sedes deportivas: FIFA y UEFA en fútbol, y el Comité Olímpico Internacional.
Todos esos factores ayudan al crecimiento de este pequeño país que, como casi todos en el mundo, recibe a uruguayos. Uno de los tantos compatriotas que está residiendo allí es, justamente, el protagonista de la historia de hoy: Agustín Espel.
Este futbolista juega como delantero, tiene 24 años y es oriundo del Cerro, pero hace cuatro que vive en Suiza, a donde llegó luego de pasar por muchos clubes del fútbol uruguayo en su etapa de juvenil.
Hizo AUFI en Wanderers, Peñarol y Miramar Misiones, donde luego comenzó en Séptima División, con un breve pasaje por la escuelita de Liverpool en el medio.
En un momento, lo llamaron de Danubio, hizo la pretemporada “y cuando tenía que ficharme a la AUF, Miramar no me dio el pase, pidieron un montón de cosas boludas por el pase: pelotas y alguna que otra pavada más”.
“Tuve que volver a Miramar, hice Sexta, hice varios goles y me fui a Cerro en sub-16, que me quedaba recontra cómodo”, recordó a FútbolUy.
Agustín Espel jugando para Cerro. Foto: Instagram @agustinespel9
“Fue el mejor año que tuve en juveniles, hice un montón de goles. Hice sub-16, Quinta, Cuarta, y alternaba en Tercera, pero Cerro bajó a la B y Tercera desapareció. No me iban a firmar contrato, entonces el representante que tenía en ese momento me dio varias opciones”, ahondó.
Es así como en 2021 llegó a Mar de Fondo, de la Primera División Amateur: “Estaba complicado para entrar en un cuadro primera con la edad que tenía viniendo de juveniles, pero se estaban armando los equipos de la C, varios lindos equipos que se habían armado para subir, pero yo quería jugar, no ir a un equipo a cobrar bien y capaz que no tener minutos”.
“Anduve bien, por más de que yo soy delantero y el número de goles no fue tan alto, tuve buenos rendimientos, pero no clasificamos a la Liguilla y se terminó el año para el equipo”, señaló.
“Me hizo madurar bastante porque llegué a este equipo y me encontré con hombres, jugadores que habían jugado profesionalmente varios años. Agarré el roce enseguida, necesitaba ese cambio para seguir creciendo y aprendí mucho en esos seis meses”, valoró.
Una nueva vida
Inició el 2022 y tuvo “unos problemas con el representante”, pero el destino le tenía preparado algo inesperado: “Tenía opciones de agarrar una B o algún equipo de la C también, pero surgió que un amigo del barrio, que también lo conocía del fútbol, estaba en Suiza. Me dijo: ‘Venite para acá que están precisando un delantero en el equipo en que estoy y está lindo, pagan bien’. Mandé el video, gustó, nos pusimos en contacto y me fui en febrero”.
Sin embargo, al llegar se llevó una sorpresa: iba a jugar en la Séptima División de Suiza: “Cuando llego, todo perfecto. Fui a entrenar el primer día y me encontré con que el fútbol no era lo que yo pensaba. Capaz que medio ignorante no averigüé bien, era un nivel mucho más bajo de lo que yo pensaba que iba a jugar. Era regional, trabajaban todos, el fútbol lo tomaban como un hobby. Me pegó un poco el bajón, pero ya estaba en el baile y había que bailar. En las prácticas volaba, marcaba pila de diferencia, estaban como locos”.
“Hice creo que una semana en el equipo ese y empezaron los problemas con el tema del apartamento, porque no le habían pagado al propietario. Nos querían sacar y nos llevaron provisoriamente, en pleno invierno, a una piecita que tenía un compañero de equipo, pero era una piecita dos por dos, sin nada. Pasaban los días y seguíamos ahí, ya no me gustaba nada, la estaba pasando horrible”, continuó.
Pero, de a poco, todo se fue acomodando: “Justo conocimos a un presidente de otro equipo, le contamos lo que estábamos pasando y dijo: ‘Yo les voy a dar una mano, pero tienen que venir a jugar a nuestro equipo’. El período de pase estaba abierto todavía, se pusieron de acuerdo ahí y fuimos al otro equipo. Se arregló la situación del hospedaje y todo perfecto. Terminé goleador del campeonato, hice como 16 goles”.
Es así como debutó en el fútbol europeo en el AC Audax Gudo, pero en setiembre de 2022 firmó, “con mejor sueldo”, por el FC Solduno, de la sexta categoría: “Yo no tenía pasaporte comunitario en ese entonces, solo con pasaporte uruguayo, entonces, al no ser profesional ni regional, no tenía contrato y podía estar solo tres meses; venía justito para empezar el campeonato y me iba cuando terminaba”.
Agustín Espel jugando para el AC Audac Gudo de Suiza. Foto: X @dannydecarmelo
“Terminé goleador del campeonato y arreglé con otro equipo el inicio del 2023, de una divisional más arriba [AC Vallemaggia]. Hice un montón de goles, me seguían llamando y me surgió una oferta para ir a jugar a Alemania, pero todos pensando que tenía pasaporte comunitario. Entonces, cuando yo les decía que no tenía, se tiraban para atrás”, agregó.
“El equipo en el que yo estaba me mejoró las condiciones y seguí. Hice la segunda parte del 2023, siempre andando bien, haciendo goles. Me veía medio estancado, pero para 2024 me mejoraron el sueldo, que capaz que no lo cobraba ni en la A de Uruguay. Por más de que el nivel no era tan bueno, económicamente no estaba mal”, siguió.
“Yo tenía ganas de salir porque me estaba amoldando al nivel. Hice el 2024 entero en ese equipo y a mitad de 2025 se comunicó conmigo un representante uruguayo radicado acá. Hice la segunda parte del 2025 en un equipo también de liga regional [US Giubiasco], pero con la condición de que me iba a poner bien físicamente para cuando empezara el 2026 poder pegar el salto. Estuve con dos uruguayos más en ese equipo”, destacó.
“Empezó el 2026 y arreglé con un equipo de Serie C de acá, que ya es profesional, e hice la pretemporada, pero cuando fui a firmar el contrato hubo un problema por el tema del dinero que habíamos arreglado, lo quisieron bajar y entonces no se terminaron poniendo de acuerdo. Ahí cambié de equipo una semana antes de que empezara el campeonato, me llevó una liga de más abajo, que sería Serie D, que es profesional”, dijo sobre su llegada al Collina d’Oro.
Tras jugar un partido, Agustín se rompió “una parte del menisco” y lo operaron, por lo que ha tenido poca activad hasta el momento de la realización de esta nota, cuando volvió a jugar, justo antes del cierre de la temporada.
¿Y si no?
Agustín aseguró que no analizó en 2022 la opción de Suiza: “Yo dije ‘Europa’ y se me abrieron los ojos. Me tiré de una y, aparte, yo confiaba en esa persona que me había recomendado. Y la verdad es que, pensándolo bien, me arrepiento un poco de esa decisión, no lo hubiera hecho tan apresuradamente”.
“Me chocó al inicio, pero lo tomé como ‘bueno, ahora ya estoy acá ya, voy a tener esta experiencia y tratar de tener el mejor rendimiento posible porque nunca sabés quién te está mirando’. Los primeros días fueron bajón y tuve que vivir cosas que capaz que no me esperaba vivir, aguantar cosas bravas de verdad; me traté de motivar a mí mismo y tratar de hacer lo mejor posible para salir rápidamente de eso”, contó.
Cuatro años después, juega profesionalmente, porque “el nivel a medida que va subiendo de divisional va mejorando”. “En la que estoy ahora se toma el fútbol de otra manera, los jugadores son hiperprofesionales. Ya volvés a ver lo que para nosotros los uruguayos es normal, ver pibes que tienen el sueño de lograr algo con el fútbol”, relató.
“En Uruguay capaz que es una C o una B”, comentó con respecto al nivel de juego, pero detalló: “Las infraestructuras son una locura, no te falta nada, y los estadios son hermosos y las canchas también. Tenés gimnasio en el equipo, todo lo necesario para ser profesional”.
“Me ha tocado jugar en algunos clubes que tenían muy poca gente, como en otros que tenían bastante y eran muy apasionados y medio bravos, pero acá se vive de otra manera con respecto a nosotros. Acá si perdés no le cambia el humor a nadie, no pasa nada, pero sí, obviamente, todos quieren ganar y aprietan, eso se siente”, mencionó.
Suiza, como país, “es una locura”, dijo Espel, quien destacó “las vistas, los paisajes, vivís rodeado entre montaña… quedás de boca abierta”.
“Las primeras cosas que te sorprenden son la organización y la limpieza que tienen. Los trenes pasan al horario que dice la aplicación, no hay una basura en la calle, la gente es educada; hay multas por tirar un papelito en la calle. Somos un país del tercer mundo y fue llegar a un país del primer mundo, obviamente que quedás un poco emocionado”, contó.
Con respecto a la comunicación, reveló: “Hay cuatro idiomas, que son dependiendo la zona: el italiano, que es la parte italiana donde está la frontera con Italia y donde estoy yo; el alemán en la parte alemana; el francés en la parte francesa; y en el medio de Suiza hay un idioma muy antiguo, que lo habla muy poca gente, que se llama el romanche”.
Agustín Espel jugando para el AC Vallemaggia de Suiza. Foto: X @dannydecarmelo
“Cuando llegué, cero italiano, pero lo aprendí enseguida hablando porque no me quedaba otra que comunicarme. Nunca lo voy a hablar perfecto, pero lo hablo muy bien y puedo hablar normal con una persona, sin problema, y entiendo todo lo que me dicen. A nivel vestuario, la comunicación es en italiano”, ahondó.
En un día normal, “el equipo entrena en la tarde, entonces me levanto temprano, hacemos las cosas que tenemos que hacer en la casa, almorzamos y dependiendo del día me voy a fisio o al gimnasio; entreno, vuelvo a casa, tomamos unos mates, miramos algo en la tele y después ya cenar y descansar”.
Con el sueldo que se gana jugando el fútbol “no es que tengas una capacidad de ahorro tremenda, pero te da para vivir y ahorrar”. “También ayuda que acá te dan apartamento, auto y te pagan los pasajes”, siguió.
“En mi cabeza tengo que seguir creciendo, porque desde que llegué acá la vengo luchando de abajo y fui creciendo año a año, ganándomelo yo solo, a base de rendimiento, de goles. Ojalá un nivel más, pero si tengo que volver a Uruguay a un nivel profesional, no me disgustaría. Si se me da la opción de seguir acá, lo pongo en primer lugar”, contó.
“Al nivel que yo estaba jugando cuando llegué, la verdad es que no recomendaría venir porque no es fácil. Primero que nada, porque sos extranjero y no hay muchos, entonces tus rivales te ven como ‘este viene a jugar acá y cobra por esto, vive del fútbol’, entonces es bravo porque te pegan muchas patadas de mala leche”, señaló.
“Pero si te sale una oportunidad para venir a jugar profesionalmente, obviamente que lo recomendaría porque es un nivel bueno y hay mucha gente mirando, es una buena vidriera y hay posibilidades de crecer. Además, se paga muy bien”, siguió.
Y Agustín finalizó con una reflexión: “No es fácil estar en el exterior, lejos de la familia y todo. A mí se me ha hecho un poco más llevadero porque tengo la posibilidad de que esté mi mujer acá conmigo y, por lo menos, somos dos. Las primeras veces vine solo y era bravo salir adelante cuando estaba medio bajoneado, cuando no me salían las cosas… poder traer a mi mujer fue una ayuda muy importante en lo mental para rendir al 100%”.