Richard Morales fue el invitado del programa ‘El dos uno’ de DirecTV Sports este lunes y ratificó seguir siendo una máquina de tirar títulos y anécdotas. Fiel a su estilo frontal y sin pelos en la lengua recordó momentos importantes de su carrera y contó que hoy apunta a ser representante. Luego de haber integrado el cuerpo técnico de su amigo Paolo Montero, lamenta que “en el fútbol si ganás sos una cosa y si perdés sos otra”.

“Opté por la felicidad, que creo que el fútbol no te la da. El fútbol te da responsabilidades permanentes y yo opté por intentar representar futbolistas. Es un emprendimiento nuevo que estoy arrancando solo y de a poquito. Me entusiasma mucho porque puedo dar los ejemplos de mi vida sobre lo que es el fútbol y lo que uno debe pasar para llegar a Primera División. No es fácil porque de 500 capaz que llega uno”, señaló.

Remarcó que aún no se siente un contratista porque “hasta que no hacés un negocio y los jugadores no lleguen a Primera, es una utopía”. “No voy a ir a las casas de los chicos diciendo ‘soy Paco’. Estoy empezando, soy nuevo y sé que es difícil meterse en el mercado. Voy con la bandera de que no le debo nada a nadie y tengo respeto, códigos y valores”, sostuvo.

El cabezazo con Ghana y lo “horrible” del Abreu técnico-jugador

Más recordado por el gol que no fue que por el que hizo ante Senegal en el Mundial 2002, asegura que no sueña con ese cabezazo fallido pero le resulta imposible olvidarlo. “La gente me lo hace recordar todos los días. Son circunstancias de juego y te puede pasar de hacer el gol o errarlo, como lo erré. La imagen del cabezazo de Púa la vi después de cuatro años y no me causó nada”, recordó.

“Hoy estoy tranquilo, y lo que sufrí mucho fue la angustia del vestuario por ver como estaban mis compañeros y por saber que con ese gol clasificábamos. A la gente en la calle le digo que capaz que Púa tendría que haberme puesto antes. Soy un agradecido con él porque me llevó por primera vez a la selección en la Copa América de 2001. Lo calificaría con un siete u ocho como entrenador”, expresó.

En aquella Celeste mundialista en Corea del Sur y Japón tuvo como compañero a Sebastián Abreu, de quien ve “horrible” que sea entrenador y jugador al mismo tiempo. “No se entiende desde el lado del grupo. En un grupo pasan cosas que no estás de acuerdo con el técnico y las querés hablar (con los compañeros), porque no es todo perfecto en el fútbol, pero lo tenés ahí como compañero. No en todo lo que dice el técnico tenés que agachar la cabeza ni en todo tiene razón. Los que juegan son los jugadores”, justificó.

Con Argentina “algunos queríamos arreglar” pero no fue tan así

Le pone un 10 a Paolo Montero, a quien quiere en la selección uruguaya cuando Óscar Tabárez cierre su ciclo, y también calificó con el puntaje máximo a Hugo de León, quien lo “protegió como un hijo” y propició su llegada a Nacional desde Basáñez. “Me podría haber puesto de primera, pero yo no estaba pronto. Me fue preparando y poniendo de a poquito. Estuve meses sin tocar una pelota y eso se los tengo que agradecer al Hugo y a Esteban Gesto, porque gracias a esa preparación hice la carrera que hice”, destacó.

Pocos años después ya estaba en la selección y fue el héroe en la clasificación al Mundial 2002 ante Australia, pero unas semanas antes también intentó jugar su partido aunque desde otro lado. En la última fecha de las Eliminatorias ante Argentina la Celeste necesitaba un empate para asegurar el quinto puesto y confirmó que hubo conversaciones para arreglar una igualdad porque “se conversa mientras no sea para perder”. El partido terminó 1-1 aunque aclaró que “no fue tal como lo contaron”

“Habíamos jugadores uruguayos y argentinos que queríamos arreglar y otros que no querían. Como era mitad y mitad, no se arregló. El destino quiso que empatáramos, pero arrancó ganando Uruguay. Cuando hizo el gol Darío Silva lo quería matar y miré para el banco de suplentes de Argentina porque yo era de los que quería arreglar. Nos servía y sabíamos que si perdíamos, podíamos quedar afuera. Había conversado a varios aunque no los conocía”, confesó.

Otra perla que sacó de su anecdotario fue un cruce con Roberto Carlos en diciembre de 2005, cuando defendía al Málaga. Por entonces el brasileño estaba atravesando una situación personal que se hizo pública y el Chengue intentó sacar partido para hablarle y desconcentrarlo, pero el resultado fue el opuesto.

“Entré con eso pero me salió mal y él ni se molestó. Me dijo cantidad de cosas. ‘No sabés cómo es la pelota de la Champions’, me dijo… y era verdad. ‘Tengo cinco copas del mundo y no sabés cuánto pesan’. Me encajó como 20 de esas. Me miraba el número de la camiseta, de todo. Él había ganado todo. Fui por lana y salí esquilado porque terminé perdiendo”, admitió.

Nacional: La camiseta, los barras y el deseo de volver pese al retorno frustrado

Cuando se le preguntó si prefiere una Copa Libertadores con Nacional o un Mundial con la selección uruguaya, no lo dudó. “La Libertadores porque es lo más viable. Con la selección no lo voy a poder lograr y con Nacional capaz que tengo la posibilidad de volver algún día (...) Me gustaría hacerlo como gerente deportivo porque tengo muchas ideas que aún no han plasmado en Nacional y que son importantes”, sostuvo.

No se arrepiente de haberle tirado su camiseta a los hinchas de Peñarol en un recordado clásico de la Liguilla 2008 y afirmó que “se tienen que arrepentir los cinco jugadores que el día antes no querían jugar ese clásico”. Confirmó que cinco compañeros le golpearon la puerta de su cuarto en Los Céspedes y le contaron la situación.

“Cuando me enteré los mandé a hablar con Pelusso, pero no supe si hablaron. Peor estuvieron los representantes que los llamaban para decirles que no jugaran. Ellos saben quiénes son y, conociéndome, saben que nunca los voy a nombrar. Por eso mi rabia, pero me la tengo que fumar yo y me va a doler toda la vida”, indicó, y añadió que después de ese clásico estuvo “tres meses sin salir de casa, ni siquiera para ir al supermercado”.

Volvió a decir que por entonces en Nacional “había cuota para la barra” y él “no estaba de acuerdo”. “Se unieron una cantidad de jugadores que no querían darle plata a la barra pero se la terminaban dando por afuera. Son cosas que la gente no sabe y que hay que vivir a veces en un cuadro grande siendo capitán”, lamentó, confirmando además que sufrió aprietes.

“Pusieron el nombre de mi hija en el medio; colegio y dónde vivía. No tuve miedo, pero si incertidumbre por no saber lo que pasaba. Si era conmigo, sea lo que sea. Pero si ponen a un hijo de por medio y vos no estás las 24 horas con ese hijo, es complicado.

Hoy el contexto es otro y le gustaría pegar la vuelta desde otro rol. Lo llamaron y en principio aceptó, pero no se concretó. A su entender, el apoyo que estaba brindando a los futbolistas de la Segunda División Amateur resultó clave para que se le bajara el pulgar, a su entender desde la AUF.

“Me fueron a buscar en un momento difícil y yo sin pensar dije que sí. Cuando me junté con Alejandro Balbi no hablé del sueldo; ‘Si me precisás, estoy’, le dije. Lo mismo cuando fui a la casa del presidente y cuando hablé con Iván Alonso. De ninguno obtuve una respuesta por sí o no. Después Balbi me explicó que yo estaba apoyando a los jugadores de la C y Nacional a Alonso en la AUF. Creo que vino más de la AUF que desde Nacional. Es triste que se manejen así las cosas”, concluyó.