El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dispuso el cese inmediato del uso de tecnología de la empresa de inteligencia artificial Anthropic por parte de las agencias federales, mientras el Departamento de Defensa avanza en declararla “riesgo para la cadena de suministro”. La compañía anticipó que impugnará la decisión en los tribunales.
La orden fue anunciada el pasado viernes, en medio de un conflicto por las condiciones de utilización del modelo de IA Claude. Según el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ninguna firma que trabaje con el Ejército podrá mantener actividades comerciales con Anthropic. La restricción incluye contratistas, proveedores y socios del sector militar.
Trump comunicó en su red Truth Social que no desea continuar vínculos con la compañía y estableció un período de seis meses para que las dependencias federales eliminen gradualmente sus productos. El mandatario sostuvo que el país decidirá su rumbo sin la influencia de lo que calificó como una empresa “fuera de control”.
— Rapid Response 47 (@RapidResponse47) February 27, 2026
La escalada se produjo tras un ultimátum del Pentágono a la empresa para aceptar los términos de uso de Claude, su modelo más avanzado. El plazo vencía el viernes a las 17:01, hora del Este. Las negociaciones se estancaron por dos puntos que la firma se negó a modificar: la autorización para vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses y la implementación de armas completamente autónomas.
En un comunicado difundido el viernes por la noche, Anthropic afirmó que desafiará cualquier designación que la catalogue como riesgo en la cadena de suministro. La compañía aseguró que no recibió comunicación directa ni de la Casa Blanca ni del Departamento de Defensa sobre el estado formal de las conversaciones.
El director ejecutivo, Dario Amodei, había publicado previamente una entrada en el blog corporativo donde señaló que el Departamento de Defensa añadió al contrato una cláusula que permitía “cualquier uso legal” del modelo. Según informó Business Insider, una fuente familiarizada con las negociaciones sostuvo que ese lenguaje otorgaba amplia discrecionalidad a los militares sobre el empleo de la herramienta.
Amodei expresó que la firma prefería continuar prestando servicios al Gobierno, pero que no podía aceptar las condiciones planteadas “de buena fe”. En el mismo texto subrayó que ninguna intimidación alterará su postura respecto de la supervisión masiva ni de los sistemas de combate autónomos.
Hegseth advirtió además que la Administración podría invocar la Ley de Producción de Defensa, una norma de tiempos de guerra que otorga al presidente amplias facultades sobre los recursos de una empresa. De concretarse, la medida sería inédita contra una firma tecnológica estadounidense.
Especialistas consultados previamente por medios económicos consideraron que tanto la aplicación de esa ley como la etiqueta de riesgo representan un precedente sin comparación reciente en el sector privado de alta tecnología. El conflicto pone de relieve la tensión entre los avances en inteligencia artificial y los límites éticos y legales de su utilización en defensa.
La decisión presidencial equivale, en la práctica, a un veto gubernamental que podría afectar la relación de Anthropic con otras compañías nacionales que colaboran con el aparato militar. Mientras tanto, el escenario apunta a una disputa judicial que podría definir el alcance del poder federal sobre empresas innovadoras en áreas sensibles para la seguridad nacional.