Cuando se nombra a Georgia, muchos pueden pensar en el estado de Estados Unidos, cuya capital es Atlanta, mientras que a otros, unos pocos tal vez, su mente los lleve al país europeo que limita con Asia.
Esas personas tal vez no lo saben, pero están pensando en una nación que tiene varios puntos en común con Uruguay, aunque, lógicamente, algunas diferencias sustanciales.
Georgia fue parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hasta su disolución en 1991, y al día de hoy conserva gran parte de la infraestructura y los paisajes de aquella época, pero, a su vez, tuvo un crecimiento exponencial que invita a conocerlo.
Al igual que Uruguay, su población es de poco más de tres millones de habitantes. Además, su capital, Tiflis, como Montevideo, es su ciudad más poblada, con más de un millón de personas viviendo en ella.
Nuestro país es un poco más grande en territorio, ya que Georgia no llega a los 100.000 km², pero compartimos una característica en común: frontera con grandes potencias. Brasil y Argentina, nosotros; Rusia y Turquía, ellos.
Pero compartimos otra cosa, y, como se podrán imaginar, hablamos del futbolista que es protagonista de la historia de hoy: Facundo Silva.
Este arquero nació hace 29 años en Artigas, pero siendo un niño se mudó a Montevideo junto a su madre, cambio que fue “medio difícil” porque “te manejas de otra manera y es un poco más peligroso”.
Al llegar a la capital, hizo baby fútbol en el club Siete Estrellas y luego estuvo un semestre en River Plate, en el que tuvo un paso “complicado” porque se levantaba “a las seis de la mañana para ir al liceo y volvía a las nueve de la noche; comía un refuerzo de mortadela o una hamburguesa en el Botánico”.
“Estaba mucho tiempo fuera de casa y era mi primer año en Montevideo”, recordó en diálogo con FútbolUy y añadió: “A mitad de año me voy a Danubio, donde hice todas las inferiores”.
En su etapa como juvenil, fue parte de las selecciones uruguayas sub-15 y sub-17, con la que disputó el Mundial de Catar de 2013, en el que fue suplente.
En 2016 debutó en la Primera del Franjeado y para el año siguiente salió a préstamo a Canadian, en Segunda División. Tras esa experiencia, retornó a Danubio y tuvo varias oportunidades en 2018, pero para 2020 se volvió a ir.
Su destino nuevamente fue la B, pero esta vez un club que le cambiaría la vida: Villa Española, con el que logró el ascenso a Primera División. “Es un club especial; se manejan de otra manera. Me hizo ver de otra manera el fútbol”, comentó.
Marcelo Marrero, el entrenador de arqueros, lo “potenció más en el tema de la cabeza”.
Pero si por algo es recordado Silva es por el golazo desde la mitad de la cancha que le anotó a Peñarol en el estadio Campeón del Siglo el 26 de junio de 2021, partido que acabó 1-1 gracias a su tanto a los 90’+2 minutos.
“Fue un día de locos, de no dormir en toda la noche. Es mi único gol hasta el momento”, destacó.
Un golero europeo
A inicios de 2022, sorprendió y dio el salto al fútbol europeo, pero lo que más llamó la atención fue el destino: Georgia; “un país hermoso y con mucha historia al que casi siempre quisieron conquistar y no pudieron”.
Se fue a jugar al FC Samtredia, de la segunda categoría. “Si bien me moví para conseguir equipo, nadie me aceptó y surgió la posibilidad a través de un amigo [Paulino Varietti], de un español que trabajaba con él y que lo llevó a Georgia”, relató.
“Precisaban un arquero y a mí me gusta viajar y conocer lugares a los que uno no tiene en mente ir. Estaba cerrando el período de pases y decidí ir”, dijo y agregó: “Me encontré con un país mitad soviético y moderno al mismo tiempo”.
Pero no fue todo color de rosas, porque el día que llegó, “Rusia comenzó a atacar a Ucrania”. “Se empezaron a escapar para Georgia y se generó una tensión; y más abajo estaba [en conflicto] Azerbaiyán con Armenia”, contó.
“Al comienzo me costó porque no hablaba nada de inglés y ellos son muy cerrados, porque es un fútbol al que no le gusta mucho el extranjero. Tuve que aprender inglés y algunas palabras en georgiano y ruso para comunicarme adentro de la cancha”, dijo.
En cuanto al fútbol, señaló: “Es un poco menos que el de nosotros porque somos más aguerridos, pero el de ellos es más coqueto”. “Las canchas tienen el pasto bajito y algunas sintético porque hay algunos equipos que no podían mantener una de pasto porque cae mucha nieve”, ahondó.
“La Primera División, en tema estructural, es un poco más que el fútbol uruguayo, pero en el tema de juego e intensidad, somos más nosotros”, aseveró, y admitió que le “costó” porque “estar todo el día hablando en inglés cansa”.
“Hay pocos clubes que tienen complejo” de entrenamiento, y los que no tienen van al de la Federación.
Dinamo Tbilisi, Dinamo Batumi y Torpedo Kutaisi, tres de los equipos más grandes del país, “llevan gente”, pero “no lo llenan como Peñarol y Nacional”. “La gente no acompaña mucho porque el deporte fuerte de ellos es el rugby y después les gustan los de pelear”, mencionó.
Si bien caía nieve, el frío “no era como para decir ‘pah, no se puede estar afuera’”. “En algunas ciudades caía un metro de nieve”, detalló y continuó: “Pero en verano, ¡hacía un calor!”.
Esa experiencia en Georgia lo ayudó “mucho” porque “te tenés que comunicar y darle la vuelta para hacerte entender”.
Tras lograr el ascenso a Primera División, y motivado por la guerra cercana al país, decidió retornar a Uruguay, y es así como se dio su llegada a Sud América en 2023. Un año más tarde defendió a Cooper y para 2025 se marchó a Perú.
“Después de Cooper me pasó lo mismo: empecé a ver equipos y ninguno daba el sí. Entrené 15 días con Artigas SAD, pero por temas económicos no arreglé, y un amigo tenía un conocido en Pirata FC, que estaba buscando un golero”, recordó.
Estuvo en Segunda División y cuatro meses después dio el salto a Primera para jugar en Deportivo Binacional, club de la ciudad de Juliaca, a casi 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar.
“A lo primero es complicado [vivir en la altura], tenés dolores de cabeza y perdés masa muscular y grasa. Además, la ciudad no es muy linda, no tenés mucho”, destacó.
A inicios de 2026, firmó con César Vallejo, también de la segunda categoría, ubicado en Trujillo, donde “no hay altura ni lluvia; el clima es lindo”, aunque es una ciudad en la que “hay muchas extorsiones”.
Para Silva, tanto Georgia como Perú son recomendables económicamente, “pero depende del equipo”. Perú “es un país barato y, si te administrás bien, podés hacer una diferencia”.
Por último, recomendaría a los futbolistas uruguayos ir a donde él estuvo, pero aclaró: “Primero que vean a dónde van, porque acá en Perú, pese a ser el mismo idioma, hay equipos en ciudades que son complicadas”.