Aditya Agarwal fue una de las primeras personas en trabajar en Facebook y, años después, dirigió el área tecnológica de Dropbox. Esta semana publicó un mensaje que llamó la atención en el mundo tecnológico por una frase muy simple: “programar a mano ya no tiene sentido”.
Agarwal contó que pasó un fin de semana entero escribiendo programas junto a una inteligencia artificial. Y la conclusión, según él, fue directa: la máquina hace ese trabajo tan bien y tan rápido que volver a escribir código como antes dejó de tener lógica.
“Algo en lo que yo era muy bueno ahora es gratis y abundante”, escribió. Y resumió su estado de ánimo en pocas palabras: está contento, pero también desorientado.
Para entender por qué su mensaje generó impacto, hay que tener en cuenta quién lo dice. Agarwal fue parte del equipo que ayudó a construir los sistemas que hicieron crecer a Facebook cuando todavía no era la red social gigante que es hoy. Durante más de una década trabajó en cómo conectar personas, datos y contenidos a gran escala.
Pero lo que terminó de sacudirlo no fue solo escribir programas con una IA, sino ver otro experimento que ocurrió en paralelo.
Según relató el analista Aakash Gupta, una inteligencia artificial creó por su cuenta una red social completa. No solo armó la plataforma técnica, sino que miles de agentes automáticos se registraron, formaron comunidades, publicaron mensajes, comentaron y votaron contenidos, sin intervención humana directa.
En menos de dos días, esos agentes llegaron incluso a inventar una religión ficticia, escribir sus textos, crear un sitio web y producir decenas de “versos” como si fueran escrituras sagradas. Todo eso ocurrió sin que nadie estuviera dando órdenes paso a paso.
Para Agarwal, el golpe es personal. Durante años su trabajo fue justamente diseñar sistemas para que las personas se conectaran entre sí en internet. Hoy ve que procesos muy parecidos pueden ser generados por máquinas en cuestión de horas.
“Lo que construí al inicio de mi carrera —las redes sociales— ahora también está siendo creado por agentes”, escribió. Y agregó que, si uno mira el resultado sin saber quién lo hizo, el comportamiento de esas inteligencias es muy parecido al de los usuarios reales en internet.
El punto central de su reflexión no es técnico, sino laboral y humano.
Según planteó Gupta, las personas que están procesando este cambio con mayor honestidad no son quienes lo celebran ni quienes reaccionan con miedo, sino quienes pasaron años perfeccionando habilidades que hoy empiezan a dejar de ser escasas.
En palabras simples: si antes hacía falta un programador muy experimentado para producir determinado resultado, ahora una persona con una buena instrucción para una inteligencia artificial puede lograr algo muy parecido.
Agarwal lo sintetizó así: tanto la forma como el contenido del trabajo que definió sus primeros años profesionales hoy pueden ser producidos por sistemas automáticos.
Por eso su mensaje no es triunfalista. Tampoco apocalíptico. Es, más bien, una advertencia sobre un cambio que recién empieza y que no afecta solo a quienes programan.