Una misteriosa empresa canadiense desató preocupación entre libreros de viejo de Europa, Estados Unidos y Oceanía, tras iniciar una compra masiva de libros antiguos y descatalogados que, según denuncian desde el sector, tendrían como destino el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial antes de ser destruidos.

El fenómeno comenzó a detectarse en librerías especializadas de España a finales de abril. Los pedidos llamaron rápidamente la atención por su volumen, frecuencia y características: cientos de títulos de escasa circulación comercial, principalmente ensayos, manuales técnicos, actas de congresos, publicaciones locales y obras difíciles de encontrar.

“Me pueden llegar siete pedidos seguidos del mismo comprador, con un minuto de diferencia entre ellos”, explicó Marçal Font, propietario de una librería de Badalona, quien sospecha que las compras son realizadas mediante sistemas automatizados.

La empresa detrás de las adquisiciones es Zoom Books, que oficialmente se presenta como una compañía dedicada al reciclaje y reventa de libros usados. Sin embargo, libreros y especialistas sostienen que el verdadero objetivo sería alimentar bases de datos para entrenamiento de inteligencia artificial.

El mecanismo, según describen diversas fuentes citadas en la investigación del medio español elDiario.es, consiste en adquirir libros físicos de segunda mano, escanearlos de forma automatizada y posteriormente destruir los ejemplares para reciclar el papel.

La práctica se vincula a un problema creciente dentro de la industria tecnológica: la necesidad de encontrar nuevos volúmenes de texto para entrenar modelos de IA cada vez más sofisticados. Tras agotar gran parte de la información disponible libremente en internet y enfrentar demandas por uso ilegal de contenidos digitales, las compañías comenzaron a buscar material alternativo en bibliotecas y librerías de segunda mano.

El especialista en inteligencia artificial Xavier Vinaixa describió este fenómeno como el “data wall”, un punto en el que las empresas tecnológicas necesitan nuevos textos largos e inéditos para evitar que los algoritmos terminen alimentándose de contenido generado por otras IA.

La controversia escaló luego de que trascendiera una investigación del The Washington Post sobre un proyecto interno de Anthropic —la empresa creadora del asistente Claude— orientado a “escanear y destruir todos los libros del mundo” para entrenar inteligencia artificial.

Aunque tribunales federales de Estados Unidos avalaron este tipo de prácticas bajo el criterio de “uso transformativo”, buena parte del sector editorial y bibliográfico considera que el procedimiento implica un riesgo cultural profundo.

“No somos solo comerciantes. También cumplimos funciones de preservación y conservación del patrimonio bibliográfico”, señaló Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguos (Uniliber).

Para muchos libreros, la preocupación no pasa por la pérdida de grandes clásicos universalmente preservados, sino por la desaparición de materiales marginales, publicaciones locales o documentos secundarios que difícilmente existan digitalizados.

“Lo que está en riesgo es esa literatura secundaria que explica una época, un lugar o una vida cotidiana”, sostuvo Font, quien definió el proceso como “una forma de expolio literario”.