Las tortugas marinas anidan —una o varias veces al año— pero siempre en el mismo lugar, una playa a la que vuelven año tras año para desovar y enterrar los huevos en los nidos cavados durante la noche. El calor de la arena se encarga de incubarlos después.

Esta operación, que se repite en muchas playas e islas del planeta, está cada vez más amenazada por el calentamiento global y el aumento del nivel del mar que se espera para mediados y final de siglo.

Hoy, un estudio liderado por la investigadora de la Universidad de Cádiz Marta L. Rivas concluye que, en los próximos años, el aumento del nivel del mar inundará importantes playas de reproducción de las tortugas marinas en Australia, la República Dominicana, Costa Rica y Estados Unidos.

Y de todas ellas, las tortugas laúd, “las únicas que quedan de su familia, y las más grandes y prehistóricas” serán las que “se llevarán la peor parte”, explica la doctora Rivas en declaraciones a EFE.

El estudio, cuyas conclusiones se publican este jueves en la revista Scientific Reports, se ha hecho en colaboración con científicos de Australia, Brasil, Costa Rica, Cuba, la República Dominicana, el Reino Unido y Estados Unidos.

Para hacer el estudio, el equipo calculó la probabilidad de inundaciones en 2.835 puntos de nidificación de las tortugas marinas en los escenarios previstos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) para el período 2010-2100: leve, moderado y extremo.

Las zonas de reproducción estaban situadas en la playa de Mondonguillo (Costa Rica), la península de Guanahacabibes (Cuba), la Isla Saona (República Dominicana), la costa de Ecuador, la isla Raine (Australia), la isla de San Jorge (Florida, EE.UU.) y San Eustaquio (Caribe, Países Bajos).

“Estas zonas de reproducción son utilizadas por cinco especies de tortugas marinas: laúd, boba, carey, golfina y verde”, detalla la investigadora.

Según el estudio, en un escenario de emisiones moderado, las zonas de cría situadas en playas llanas serán las más vulnerables a las inundaciones.

En ese escenario, se espera que el 100% de los nidos situados en estas zonas de Australia y la República Dominicana, y el 50% de las zonas de cría de esas playas de Florida y Ecuador desaparezcan tras la subida del nivel del mar a mitad de siglo (2050).

Para final de siglo, apunta Rivas, desaparecerían el 100% de esas playas de Australia, Costa Rica y la República Dominicana y más de la mitad de las zonas de cría de las de Ecuador y Florida. Las únicas que salvarían en más del 50% son Cuba y San Eustaquio porque son “playas muy estrechas y con mucha pendiente”, por lo que la subida del nivel del mar no será tan destructiva.

“Y todo esto según el escenario moderado, aunque los expertos del IPCC creen que llegaremos al escenario extremo”, subraya.

Y aunque el futuro no pinta bien para ninguna especie de tortugas marinas, el estudio advierte de que las tortugas laúd serán “particularmente vulnerables a las inundaciones”, porque anidan en la zona media de las playas más planas y por su gran tamaño (unos 500 kilogramos), que dificulta mucho sus movimientos.

Por el contrario, para las tortugas carey y las tortugas verdes, que tienden a anidar en zonas más elevadas, cerca de dunas y acantilados escarpados y que son más ágiles hay “ciertas esperanzas”, sostiene Rivas.

Sin capacidad adaptativa

Dada la rapidez con la que se producirá el aumento del nivel del mar, las tortugas marinas, por sí solas, probablemente, no tendrán la capacidad suficiente para adaptarse a esta situación y buscar playas alternativas, ya que eso, evolutivamente, exige un tiempo que las tortugas no van a tener.

Por eso, el estudio propone tres soluciones urgentes: trasladar los nidos a puntos más elevados de las playas, rellenar las playas con arena para elevarlas y llevar los huevos a viveros.

Eso sí, estas medidas deben hacerse con estudios científicos previos que acompañen la acción y que aseguren el éxito de la puesta.

“Si movemos los huevos a zonas más calientes podemos aumentar la mortalidad de los huevos o alterar la proporcionalidad entre machos y hembras” de los nidos, porque “cuanto mayor es la temperatura, más hembras hay”, explica la investigadora.

De hecho, con el calentamiento global los científicos han observado que en ciertas zonas, los nidos han disparado la producción de hembras un 90%.

Los autores reconocen que es necesario seguir investigando pero advierten de que el mundo necesita “una respuesta global” a la crisis climática.

“Estamos en la sexta extinción masiva de especies pero aún estamos empezando a ver las consecuencias. En muy poco tiempo se prevé que el cambio será tan radical que perderemos la mayor parte de la biodiversidad del planeta y eso es un drama que solo puede paliarse con estrictas medidas de control sobre las emisiones que causan el cambio climático”, advierte Rivas.

Elena Camacho - EFE