¿Por qué el aroma de una torta recién horneada, un perfume o el olor de la casa de los abuelos pueden transportar, de manera instantánea, a un momento de la infancia? Un equipo de científicos franceses asegura haber encontrado la explicación biológica de este fenómeno, conocido como el efecto de la "magdalena de Proust", una de las metáforas más célebres de la literatura.

La investigación, realizada por el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia y publicada en la revista científica PLOS Biology, identificó por primera vez los mecanismos neuronales que permiten que determinados olores permanezcan asociados a recuerdos y emociones durante toda la vida.

El nombre del fenómeno hace referencia a la obra En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, donde el protagonista revive intensamente recuerdos de su infancia al probar una magdalena mojada en té.

Encuesta
Los olores y tu memoria de infancia
Contanos tu experiencia con los recuerdos olfativos
¿Alguna vez un olor te transportó de golpe a un recuerdo de tu infancia?
Sí, me pasa seguido
Sí, pero pocas veces
No recuerdo que me haya pasado
No, nunca me ocurrió
¿Qué aromas de tu infancia te generan recuerdos más intensos?
Comida casera o tortas
Perfumes de familiares
Olor a casa de abuelos
Aromas de la naturaleza
Productos de limpieza
¿Qué tan intenso es emocionalmente un recuerdo activado por un olor comparado con uno visual?
Mucho menos intensoMucho más intenso

La huella que dejan los olores de la infancia

Según los investigadores, las experiencias olfativas agradables y repetidas durante los primeros años de vida dejan una marca permanente en el cerebro.

Décadas después, basta con volver a percibir ese mismo aroma para activar de forma casi inmediata no solo el recuerdo, sino también las emociones vinculadas a aquella experiencia.

El estudio identificó como protagonistas de este proceso a un grupo de neuronas ubicadas en el bulbo olfativo, una región cerebral que continúa desarrollándose durante la infancia.

Cuando una persona vuelve a encontrarse con un olor conocido de esos primeros años, estas neuronas activan los circuitos cerebrales relacionados con la memoria y la recompensa.

Recuerdos que cambian con el tiempo

Los científicos observaron además que, a medida que el cerebro madura, esos recuerdos dejan de depender exclusivamente de las neuronas que los originaron y pasan a almacenarse en redes cerebrales relacionadas principalmente con las emociones.

Ese proceso ayudaría a explicar por qué los recuerdos activados por un olor suelen sentirse más intensos desde el punto de vista afectivo que aquellos desencadenados por imágenes o sonidos.

Del laboratorio a la vida cotidiana

Para comprobar su hipótesis, los investigadores combinaron estudios con personas y experimentos con ratones.

En una primera etapa preguntaron a voluntarios cuáles eran sus recuerdos olfativos más antiguos. Descubrieron que la mayoría no estaba asociada a un hecho aislado, sino a experiencias positivas repetidas y a aromas que seguían presentes, aunque fuera ocasionalmente, a lo largo de la vida.

Con esos datos desarrollaron un modelo experimental en ratones.

Durante su infancia, los animales fueron expuestos repetidamente a un olor agradable en un ambiente enriquecido y asociado a experiencias positivas. Cuando llegaron a la edad adulta mostraban una clara preferencia por ese mismo aroma.

Los experimentos permitieron comprobar además que, al bloquear temporalmente las neuronas responsables de esa memoria temprana, los animales perdían dicha preferencia, confirmando el papel fundamental de esas células en la formación del recuerdo.

La importancia de volver a sentir el aroma

El estudio también reveló que estos recuerdos necesitan ser reforzados con el tiempo.

En los animales de mayor edad, la memoria olfativa solo se mantenía cuando existían reencuentros periódicos con el olor aprendido durante la infancia. Cuando esa exposición desaparecía durante largos períodos, la huella comenzaba a debilitarse.

Más intensos que una imagen o un sonido

Los autores sostienen que sus hallazgos ayudan a explicar por qué los olores suelen evocar recuerdos mucho más antiguos y emocionalmente más profundos que los provocados por otros estímulos sensoriales.

Investigaciones anteriores ya habían demostrado que la memoria olfativa suele remontarse a la primera década de vida, mientras que los recuerdos asociados a imágenes o sonidos suelen corresponder a etapas posteriores.

Con base en EFE.