Se publicó en las últimas semanas en Latinoamérica el libro Conflictos entre felinos y humanos en América Latina, editado por el Instituto Humboldt en Colombia.

"La necesidad de hacer el libro surge de un hecho patente en todo el mundo. Los seres humanos desplazaron a todos los grandes depredadores de la Tierra en un periodo de tiempo absurdamente corto", indican los coordinadores.

Aunque se ha arrinconado a las fieras del planeta "llevándolas casi hasta la extinción", estas "aún se defienden y también se adaptan a las nuevas condiciones de la cultura humana, a sus paisajes, modos de vida y producción". Con territorio compartido, los conflictos entre felinos y humanos son frecuentes, y sólo ideando maneras de convivencia será viable el futuro de los felinos, concluyen los editores.

A decir de los propios autores, se trata de un "libro único en el mundo", ya que "nunca antes se ha recopilado una colección de soluciones para el conflicto entre humanos y felinos de esta envergadura, con tanta coherencia y con soluciones evaluadas".

En Uruguay

El libro tiene un capítulo dedicado a Uruguay, titulado "¿Qué sabemos y qué nos dicen los conflictos entre felinos y humanos en Uruguay?", escrito por Enrique González, Ramiro Pereira, Alexandra Cravino y Nadia Bou, todos ellos estudiosos de los mamíferos en Uruguay, especialmente los carnívoros. Estos especialistas realizaron un diagnóstico de las interacciones entre los félidos silvestres y el ser humano en Uruguay, y analizaron las respuestas a los conflictos adoptadas en el país y sus consecuencias.

Recordemos que hasta el presente se registraron siete especies de félidos para Uruguay, algunos de ellos extintos y otros amenazados: jaguar (Panthera onca), puma (Puma concolor), yaguarundí (P. yagouaroundi), ocelote (Leopardus pardalis), gato montés (L. geoffroyi), margay (L. wiedii) y gato de pajonal (L. braccatus).

¿Qué pasó con nuestros felinos?

Las crónicas de viajeros describen en épocas de descubrimientos un "territorio exuberante en fauna silvestre", recuerdan los autores. Sin embargo, en 1611 llega al país la ganadería y en los siglos siguientes "comienza un proceso de deforestación y desarrollo de urbanizaciones".

Para el 2007 "el 26,4% de los pastizales naturales se habían convertido a cultivos y forestación con especies exóticas, principalmente soja y eucaliptos" y los "bosques naturales que representaban entre 6 y 8% del territorio antes de la llegada de los españoles ocupan actualmente el 3% del país".

¿En qué situación se encuentran entonces los felinos en el país, teniendo en cuenta que el tamaño de las áreas "indica que el sistema sería insuficiente para garantizar la conservación y supervivencia a largo plazo de especies con grandes requerimientos de ámbitos de hogar, como los felinos"?

El jaguar era abundante y se distribuía en todo el territorio, pero actualmente se considera extinto. La última noticia sobre la presencia de este félido en Uruguay fue publicada en 1901 por el diario El Derecho, en Artigas, y fue titulada "Un hombre devorado por un tigre", recuerda el libro. El caso se dio en el departamento de Cerro Largo y el animal fue muerto por los vecinos.

De acuerdo a los autores, "los conflictos identificados en relación al jaguar fueron mortandad de personas y ganado, con la consiguiente persecución hasta su extinción".

Para el puma -pese a su baja densidad en territorio uruguayo, hay registrados cinco ataques de pumas a ganado ovino en los últimos diez años- se identificó como conflicto mortandad de ganado (especialmente ovino) y persecución por dicha causa, "lo cual redujo su abundancia y distribución".

"El ocelote y el yaguarundí cuentan con escasos registros para el país, identificándose sobre ambas especies caza por parte del humano", indican. Por lo tanto, los conflictos actuales en Uruguay "se centran en las tres especies restantes de pequeño porte" (gato montés, de pajonal y margay).

Los felinos que nos quedan

La depredación en gallineros sería la principal afectación al humano en estos casos. "La caza control (directa o por envenenamiento), el atropellamiento en carreteras, el mascotismo y la modificación de hábitat son los conflictos que afectan a estos félidos", señala el libro.

Hasta mediados de la década de 1980, "uno de los principales conflictos relacionados con los felinos de pequeño porte en Uruguay fue la caza con fines peleteros".

Los autores recuerdan que centenares de ejemplares eran capturados para la elaboración de indumentaria de vestir, y que en pueblos y ciudades del interior del país era posible hallar acopiadores de cueros ilegales. El gato montés era la principal víctima y luego el margay.

Si bien ya no existe este mercado peletero, el capítulo cuenta con una imagen imperdible, que es la fotografía de una mujer en un supermercado uruguayo en el 2012 usando un tapado hecho con piel de gato montés. Para hacer un tapado se usaban entre 23 y 24 pieles de ejemplares.

Foto: Alexandra Cravino

Cuando hay un episodio de depredación de estos felinos -como cuando entra a un gallinero- la principal medida adoptada por los productores es la de darle muerte al animal, "lo que constituye un acto de caza de control no autorizado", recuerda el libro.

El rol de los medios

En Uruguay, señalan los especialistas, existen numerosos casos en que los pequeños félidos son confundidos con animales feroces por los propios medios. Se citan solo algunos casos. Por ejemplo, un artículo de un medio rochense que informaba que apareció "un yaguareté en los campos ubicados sobre la laguna Merín", al que se le atribuía la muerte de corderos. Sin embargo, la foto adjunta era de un gato montés y las autoridades corroboraron que las muertes eran causadas por perros.

En Salto, años atrás, varios ovinos aparecieron muertos y un medio atribuyó los hechos al "chupacabras". A causa de ello, las autoridades policiales dieron captura y muerte a varios ejemplares de gato montés.

Lo que se hace y lo que se puede hacer

Los félidos de pequeño porte sufren también el mascotismo "mediante la captura incidental o de crías tras la muerte de los padres", lo que afecta sobre todo al gato montés y luego al margay.

Además de que la mayoría de las denuncias son informales, lo que impide el decomiso "se da la intervención de organizaciones no gubernamentales que retiran animales y liberan en forma ilegal, sin control veterinario ni estudios ambientales previos, sin considerar tampoco aspectos comportamentales".

La supervivencia "a largo plazo de las especies en Uruguay depende de la capacidad de cada una para enfrentar las interacciones con humanos, actividades antrópicas y sus consecuencias".

Así como los primeros conflictos surgidos durante el establecimiento de la colonia y su posterior expansión "determinaron la desaparición del jaguar y la reducción drástica de la población de puma, los felinos de pequeño porte podrían subsistir como hasta ahora o, de continuar la actitud popular negativa y la intensificación productiva, podrían disminuir sus poblaciones y sufrir extinciones locales".

Los autores concluyen además que en Uruguay se da muerte a los felinos (en general a toda la fauna silvestre) "más por razones culturales que por necesidad".

Gato montés atrapado. Foto: Juan Villalba

La solución a los conflictos entre felinos y humanos hoy en día "se reduce a la eliminación del animal, y no se barajan alternativas o soluciones a largo plazo" (como mejorar los gallineros, por ejemplo, o encerrar las gallinas de noche) "en parte por la falta de conocimiento y valoración de la fauna silvestre que existe en el país".

Concluyendo

El problema de fondo es "el desconocimiento, desinformación y poca valoración de la fauna autóctona por parte de la población y las autoridades". Los autores concluyen que es importante "realizar estudios para evaluar el impacto que los distintos conflictos tienen sobre estas especies, desarrollar protocolos de acción involucrando a las autoridades y a la población y generar programas de educación ambiental".