Si La forma del viento fuera un libro, su contratapa diría que habla de amistad, de problemas y de un horizonte en conjunto. Que es un camino que se construyó entre varias personas y que no es obra de un cerebro. También diría que la forma del viento es difícil de definir. ¿Cómo es? Podría ser la imagen de los árboles que crecen en la costa y están doblados. “Es una suerte de molde, no es el objeto en sí, sino lo que lo rodea”, dice Tejo Mattioli, el DJ de La Teja Pride. Pero a la vez es un lugar verde donde hay agua y suenan las hojas que se mueven y caen, hojas amarillas como las de un gingko, de color amarillo patito. Y en el fondo de toda esa escena está la ciudad, aunque sin humo y autos.
Pero no es una novela, es un disco, uno que demoró mucho en hacerse y que se escribió por partes. Es el séptimo álbum de la banda de hip hop —que integran Davich Mattioli, Nicolás Barragán, Maicol Clavijo, Sebastián Cuello y Flavio Galmarini— que surgió 25 años atrás. Es la vuelta al formato disco, con principio y fin, luego de seis años sin editar uno.
Este sábado 15 de octubre la Teja Pride presenta La forma del viento en La Trastienda, en un concierto que recorrerá 28 canciones —del último lanzamiento y también de su camino musical— con invitados como Kira 1312, Santi Mostaffá y Sapo Gamboa. El encuentro tiene que ver con el arte que la banda hizo y hace, es su relectura desde el hoy.
En la gacetilla del disco se refieren al Uruguay de hoy, ¿cuál es ese?
La escribimos a la salida de la pandemia y estábamos en el horno. Pero el Uruguay de hoy es bastante complicado, volvimos a no tener una gran perspectiva al futuro, no sabemos hacia dónde vamos, tenemos un escándalo atrás de otro y debates súper fútiles, sin mayor perspectiva. Pero a la vez el Uruguay de hoy, por lo menos el Montevideo, es el que explotan los tambores todos los fines de semana o donde aparecen rondas de freestyle en Rivera, Tacuarembó, Maldonado. Donde a pesar de todo siguen pasando cosas hermosas como las ollas populares, que responden a una situación de mierda, pero que es increíble cómo la gente va a meterle noche por medio el hombro para sacar adelante al resto. Eso es el Uruguay de hoy, que es muy difícil pensar a futuro, que para la mayoría de los jóvenes es difícil tener una perspectiva de desarrollo, que es difícil llegar a fin de mes y, por ende, es difícil pensar en términos artísticos. Porque cuando todo tiembla decís: “Bueno, me voy a dedicar a llegar a fin de mes y se acabó”. Y sin embargo sucede, pasa.