Daniela Cabral se sigue vistiendo con sus mejores ropas para esperar visitas, continúa también preguntando si van a comer y saca de la heladera lo que ella misma hizo en la cocina. Y es que la situación un poco la representa, porque en el fondo —y pese a estar en prisión domiciliaria e imputada por estafa— sigue teniendo “instinto” de ama de casa.

Cabral tiene 56 años y conoció, con poco más de 20, a Gustavo Basso, fundador de Conexión Ganadera, quien se suicidó tras estrellar su auto contra una máquina apostada en la ruta 5.

Quienes conocen a Cabral la definen como “una mujer que siempre vivió de un modo patriarcal”. Basso era quien decidía y el rol de ella era encargarse de sus dos hijas, posteriormente de sus nietos y de todo lo que tuviera que ver con la casa de la familia.

Con poco más de 20 años, le dijo a su ya marido que quería estudiar diseño de moda. Basso daba sus primeros pasos en el mundo de los negocios ganaderos a través de un escritorio rural que tenía Alfredo de Pallejas, empresario del sector en Florida.

Basso le dijo a Cabral que tenía que elegir: o el estudio o una historia junto a él. Pasó lo segundo: tuvieron dos hijas, se afianzaron en Florida y, con el paso de los años, la familia Basso pasó a ser palabra mayor en el departamento. Dicho de otro modo: gente de bien con mucho dinero.

Los Basso-Cabral tenían, en los últimos dos años, todo a lo que una familia exitosa del interior puede aspirar: un apartamento en Punta del Este, miles de hectáreas de campo, negocios ganaderos y el escritorio rural, que era una vidriera de ese buen pasar que se acompañaba de autos caros y cenas con gente importante.

En el escritorio fue donde Cabral contribuyó como administrativa. Personas que trabajaron con ella aseguran que “Daniela estaba más pendiente de la decoración del escritorio, de los uniformes” que de los detalles del negocio. “Cuando se venían las fiestas, ella se obsesionaba con los detalles de la decoración”, acotan.

De hecho, varios trabajadores y consignatarios de ganado aseguraron a Montevideo Portal que Cabral “no era factor de consulta”. “Todo recaía en Gustavo, era quien estaba siempre al tanto de lo que pasaba y de lo que no”, añadieron.

Reputación

A Cabral le importa mucho el qué dirán, según dicen quienes la conocen. Iba a misa los domingos, acompañaba a Basso a diferentes cenas de negocios y siempre fue una abuela muy presente.

“Daniela venía a todas las fiestas de sus nietos en el colegio, los pasaba a buscar, estaba pendiente, al igual que la madre de los niños”, describió una persona de un centro educativo de Florida.

Cabral y Basso tenían la imagen, no solo en su ciudad, de ser una roca financiera, y eso a la directiva de Conexión Ganadera le daba estatus, que se esforzaba por mantener. La mujer también era quien aparecía en diferentes acciones sociales, como, por ejemplo, donaciones económicas y de ropa a la Iglesia de Florida.

Hay también, en esa imagen superficial que muchos describen, cierta sensación de que Cabral “vivía en las nubes”. Uno de los consultados recordó la declaración de la esposa de Basso ante el fiscal de Lavado de Activos, Enrique Rodríguez.

El funcionario del Ministerio Público, en determinado momento, le consulta sobre los autos de la familia. Precisamente, por un vehículo de la marca Maserati que Basso le regaló a Cabral.

“Y… la Maserati es linda, muy linda”, respondió Cabral. “Así es Daniela, no sabés para dónde va a salir, y así era laburar con ella”, añadió uno de los empleados del Escritorio Basso.

Esta inocencia y desconexión abarcaba también los temas del negocio. Por eso, muchos dudan —incluso inversores— de la validez de los mails que han circulado últimamente. “Si ella sabía tanto detalle de las operaciones, claramente lo disimulaba muy bien. Cada vez que le hacíamos preguntas, no sabía de qué le estábamos hablando y nos mandaba al despacho de Gustavo”, añadió uno de los damnificados.

De hecho, las víctimas de la estafa —una vez que Conexión Ganadera quebró— comenzaron a consultar a los empleados del escritorio rural, quienes debieron hacer una tarea titánica para inmiscuirse en los números del “fondo ganadero”.

“Nunca dio la cara Daniela, nunca nos ayudó, no atendió el teléfono ni respondió mails. Habrá pensado que le perjudicaba su imagen”, acotó una de las colaboradoras.

Lectura de tiempos libres

Es ineludible, por más que sea odioso, no comparar a Cabral con la esposa de Pablo Carrasco, Ana Iewdiukow, una persona que por sus orígenes y formación siempre estuvo más involucrada en el negocio agropecuario.

La esposa de Basso, si bien no es el extremo, siempre estuvo lejos del contacto directo con el campo. Es decir, el trabajo en territorio, el precio del ganado, la cura de bicheras o la esquila de las ovejas todos los años. Para todo eso estaba, primero Basso, y luego se sumó Alfredo Rava, yerno del matrimonio.

Pero el tiempo libre que comenzaron a dejarle sus dos hijas, en la medida en que crecieron, llevó a que Cabral leyera mucho. Quizá es uno de los temas que, junto con el diseño de moda, más le apasiona.

Esto ha sido, incluso, tópico de charla con sus allegados durante estos meses como forma de salir de la monotonía de la causa por estafa que enfrenta.

Si bien no sería erróneo decir que la familia Basso es quien enfrenta el escarnio público por la investigación, muchos señalan a Cabral como la persona que se transformó en la imagen que enfrenta las peores acusaciones.