El panorama musical más reciente está lleno de estrellas del pop. Dua Lipa, Sabrina Carpenter, Tate McRae. En español, Rosalía, Aitana, Emilia, Tini o Lola Índigo. Si retrocedemos algunos años: Shakira, Jennifer López, Thalía. Todavía más atrás, Britney Spears. Pero todo patrón tiene un punto de origen. Raffaella Carrà fue uno de ellos.

La explosión de su carrera se dio entre los años setenta y ochenta. En ese entonces, la rodeaban artistas de gran calibre, pero de un perfil muy diferente. En medio de una generación profundamente conquistada por el rock, las figuras pop quedaban en un segundo plano y no eran tomadas con la misma seriedad. En Suecia, la agrupación Abba alcanzaba sus mayores éxitos también por ese entonces. Era, además, una banda liderada por mujeres.

Pero el perfil era otro. Trajes llamativos pero holgados y de gran tamaño, movimientos recatados. Coreografías mesuradas y canciones de desamor. Ellas esperaban el regreso de los hombres que las habían lastimado. Letras anticipables para el contexto de su época.

“La reina de la televisión italiana”. “Ícono de la cultura pop”. Raffaella Carrà siempre presumió de un perfil histriónico que la caracterizaba. Cantaba sola y no comulgaba con su realidad coyuntural. Fue una revolucionaria en términos de movimiento, moda y letras. Que una mujer se parara sola en el escenario (o rodeada de bailarines hombres) a bailar descontroladamente, usar trajes brillantes ceñidos al cuerpo y, sobre todo, cantar sobre el disfrute sexual y la capacidad de dejar a un hombre por iniciativa propia no estaba en los planes de nadie. Como era de esperarse, fue un escándalo.

Trajes muy ajustados al cuerpo desde el cuello hasta los pies, que permitían ver cualquier mínima curva de su figura tan esbelta y envidiable. Movimientos impredecibles y sonrisa constante. Volteretas, acrobacias con ayuda de hombres entregados a su merced, y una melena incontrolable que utilizaba a su favor. ¿Qué cantaba? Canciones sobre dónde era el mejor lugar para hacer el amor. Un corazón que explota de pasión. La sencilla posibilidad de encontrar un hombre “más bueno” luego de una ruptura, y de volverse a enamorar.

Debutó como actriz en los sesenta, firmó un contrato con la 20th Century Fox de Hollywood y actuó junto a Frank Sinatra. Pero luego de unos años de experiencia, no se sintió cómoda en la tierra de las oportunidades y regresó a Italia. Aun así, este histrionismo la mantuvo bajo los focos; se entregó a la televisión italiana y la conquistó.

Lanzó 25 álbumes de estudio, varios de los cuales reversionó al castellano. A la hora de expandir su público, su carácter pasional y extrovertido quizás influyó en la audiencia a la que apuntó, el calor del habla hispana. La traducción fue un gran acierto: se convirtió en una de las figuras más aclamadas de España y América Latina. Algo que habría sido sumamente difícil si se hubiera limitado únicamente al italiano.

Sabrina Carpenter lo vuelve aún más evidente. Se encuentra en el punto máximo de su carrera y también la cancelan, bastante. Sus letras explícitas acerca de sus apetitos sexuales, combinadas con una estética ultrafemenina y teñida de un rosado inocente, generan un cortocircuito que molesta a muchos. Imita posiciones sexuales al ritmo de “Juno”, lleva esposas de color rosa a sus shows. Sus apariciones en lencería y sus provocaciones tras las cortinas de una cama cuando canta “Bed Chem” siguen dando de qué hablar, pero siguen funcionando. El Short N´Sweet Tour apela a la sensualidad concentrada en su metro y medio de estatura, a la provocación, a la femme fatale.

Incluso las canciones de Carrà vuelven y toman diferentes formas. “Pedro” es una tendencia en TikTok, y por lo general va acompañado con edits de usuarios dedicados al actor Pedro Pascal. Bob Sinclar sampleó “A far l'amore comincia tu” y la transformó en “Far l'amore”, un hit de la electrónica del 2011.

Raffaella fue quien dio el primer paso para una larga lista de cantantes mujeres que quisieron tomar la misma senda. Que tomaron a la femme fatal y la encarnaron orgullosas. Y hoy, 50 años después, siguen siendo castigadas por cantar sobre lo que quieren. Sabrina Carpenter, Aitana, Emilia. Cantantes de pop que hoy encabezan las listas de reproducciones y que fueron en algún momento criticadas por ser explícitas. Por aludir a una naturaleza que hasta la actualidad sigue incomodando. Pero aunque sigan siendo golpeadas por las audiencias, no estarían donde están sin precedentes que abrieran su camino.