Con el fallecimiento de Brian Wilson este 11 de junio, The Beach Boys volvió a estar en boca de todos. Como suele suceder con la muerte de cada creativo, la obra retoma su voz con más potencia. Su época se convierte, de repente, en el mejor momento para estar vivos. Pero volver atrás es imposible.

La banda marcó de manera indiscutible la década de los sesenta. El rumbo que tomaría la industria musical durante las décadas que le sucedieron. Y uno de los pilares que lo hizo posible fue Pet Sounds (1966). Porque la undécima entrega de la banda trascendió a su coyuntura. Se convirtió en un mensaje para la posteridad.

La figura de Brian Wilson encaja como la pieza clave de esa pared que lo sostiene. Fue el responsable de casi todas las composiciones y arreglos musicales del álbum. Los conflictos con su salud mental fueron una constante durante varios años de su carrera, pero estos no le impidieron ser uno de los mayores compositores de todos los tiempos. La banda le debe mucho, porque es gracias a su pluma que The Beach Boys lleva al verano consigo como el sello identitario más fuerte de su impronta. Sonidos que cuentan cuentos de lugares lejanos. Y que invitan a olvidar, por un segundo, las obligaciones que presionan día a día.

Es importante situar la obra en el contexto de su época. Entender que varios aspectos que la componen hoy posiblemente no sorprendan, pero que en su momento resultaban, por lo menos, revolucionarios. La implementación de sonidos árabes, timbres de bicicleta, campanas, botellas y hasta ladridos de perro funciona como ingrediente de una receta secreta que nadie querría revelar. Y como toda mezcla improbable, el resultado también era improbable. Pero generalmente es aquello más impredecible lo que marca el rumbo de la innovación. Aquel que se anima a pisar donde nadie más había pisado antes.

Sobre “The Little Girl I Once Knew”, John Lennon aseguraba que era la mejor grabación que había escuchado en semanas, y aclamaba a su mente maestra: “Todo es por Brian Wilson”. En su reseña para la revista Melody Maker, destacaba su uso de las voces como instrumentos. Porque en la música de The Beach Boys, los coros son una firma de identidad. Cantos que llevan al oyente a otra sintonía. Un tinte angelical que resulta, hasta el día de hoy, inconfundible.

Paul McCartney fue más lascivo. En entrevista con David Leaf, afirmaba que nadie podía ser considerado musicalmente educado antes de escuchar Pet Sounds. Lo catalogaba como “el clásico del siglo”. Inmejorable en múltiples aspectos. La causa de sus llantos en varias ocasiones.

El fallecimiento de Brian Wilson cierra una etapa. Es la culminación de un estilo propio que podrá ser recordado y que sin dudas lo será, pero que llegó a su fin. Con una estética propia y una construcción de identidad sólida e innegable, Pet Sounds funciona como la cúspide de una carrera muy amada en nuestros días, pero que fue forjada a fuerza de remo a contracorriente.