Imagine que un tren avanza hacia un grupo de cinco personas. Usted se encuentra un puente sobre las vías junto a un hombre de grandes dimensiones. ¿Qué escogería, lanzar al hombre para obstruir el paso del tren o dejar que mueran las otras cinco personas? Según un estudio, publicado este miércoles por el diario El País de España, solo el 30 % de los participantes escogería sacrificar al hombre del puente.

La investigación sugiere que nuestra moralidad evolucionó para favorecer la cooperación y nos hace escoger decisiones intuitivas aunque no siempre sean las que ofrezcan mejores resultados objetivos.
Según este estudio de moralidad, quienes favorecen que las decisiones buenas son aquellas que logran el beneficio a la mayor cantidad de personas son catalogadas como consecuencialistas. En cambio, aquellos que se centran en los derechos y deberes y piensan que decisiones como tirar a un hombre desde un puente nunca son buenas, se califican como deontologistas.
Varios estudios han demostrados que los deontologistas son personas más fiables. Los juicios deontológicos suelen asociarse a emociones como la empatía, lo que refuerza la importancia de la imagen que tienen determinados sentimientos en la sociedad.