El periodista británico Tom Mitchelson se vio recientemente sometido a un tormento diferente al que haya padecido hombre alguno, pero que ha sido sufrido casi por todas las mujeres alguna vez.
Tom llegó a semejante extremo por la misma razón que suele causar muchos de los problemas en la vida social: ser un bocazas.

Seis meses después del nacimiento de su hijo, Tom y su esposa Jenny conversaban una noche sobre el feliz aunque estresante día del nacimiento. En la charla, Tom recordó las penalidades que vivió, haciendo énfasis en la larga noche de insomnio sentado en una silla incómoda.

"¿De verdad crees que esa es la peor parte?", le tomó el pelo Jenny, recordando que lo realmente difícil del asunto le había tocado a ella, e intentó describirle los intensos dolores de esa jornada.
El diálogo se volvió difícil debido a que Jenny intentaba transmitirle sensaciones difíciles de describir con palabras, y porque Tom albergaba ya de antes la sospecha de que las mujeres exageraban un poco en ese punto.

Para resolver la disputa, ambos se sumergieron en Google y dieron con la solución: el Birth Hotel de Amsterdam, Holanda. Ese mismo día ambos concertaron una cita, según crónica publicada por el propio Tom en MailOnline.

El hotel en cuestión es administrado por Kim e Ilona. La primera es fisioterapeuta y la segunda oficia como una suerte de comadre en los "partos masculinos" que ofrecen.

En rigor, el hotel funciona como una maternidad de alto nivel para las madres que quieran dar a luz en un entorno más amable que el de un hospital, y como un "extra", cuentan con el simulador para hombres.

Para ello, Kim utiliza una máquina conocida como RSQ1, que normalmente se utiliza para ayudar a los atletas a recuperarse de las lesiones deportivas graves.

"Cuando las personas tienen un dolor que les permite contraer los músculos correctamente, la máquina utiliza corriente eléctrica para forzar a los músculos a contraerse desde fuera del cuerpo. Ninguna otra máquina en el mundo tiene la intensidad de la contracción. Es perfecto para simular el útero y sus niveles de dolor en el parto", explica Kim.

Para lograr ese "efecto nacimiento", el truco es ajustar la máquina a una potencia bastante más alta que la usada en sus tratamientos a deportistas. Algo quizá un poco sádico pero muy eficaz para lo que se pretende lograr.

"Es el dolor más terrible del mundo", confesó más tarde Tom, dándole la razón a su esposa, quien le recordó que además, él no había pasado por las incomodidades de los nueve meses de embarazo. Y previniendo nuevos males, Tom le dio la razón sin rechistar.