ECO no es maricón, como lo sostuvo un periodista de un prestigioso semanario, buscando esto: una respuesta. Pero la respuesta no es al personaje recio que ataca lo que es orgullo de un país; sino al hombre que no ha encontrado la capacidad suficiente de encarnar a un personaje crítico con altura, y se esconde en la grosería con palabras bien redactadas. Nada más merece.

Sigamos ahora con Drexler y su ECO. Las melodías ya no son lo pegadizo que eran en sus trabajos anteriores, ahora la apuesta está en lo que uno descifra. Una apuesta a la palabra, como si de eso se tratara todo. Palabra, en momentos donde la música se ve más de lo que se oye. Pensar, buscando obviar ese continuo loop que nos ofrecen los medios. Y dubitar, entre una canción y una poesía.

Así habla Drexler en su último disco. Con el ''eco'' de fondo que sus compinches Campodónico y Casacuberta sólo pueden darle. Una obra que lleva mucho del Bajofondo y que inevitablemente nos pasea por el Río de la Plata. Un Drexler que desde España parece no haberse ido nunca. Y esto nos enorgullece, a casi todos.

Drexler nos deja estos poemas con melodías de fondo. Si las barreras entre géneros musicales ya fueron borradas hace tiempo, ahora la apuesta está en cruzar las barreras en el arte.

La palabra la pide hoy un músico, y en ese uso de la palabra que hace Drexler, deja en evidencia a quienes a diario abusan de ella. Logrando en un solo disco, lo que en horas de radio, tele, prensa o internet, no pueden lograr otros: comunicar, poner en común.

Adjunto a mi idea un poema del poeta argentino Roberto Juarroz.

"No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.
Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos."


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