El doctor Fernando Sarráis, especialista en Psiquiatría en la Clínica Universidad de Navarra, explica al respecto que "todo lo que hace referencia a lo compulsivo significa que una persona no es dueña de sí misma, que no puede decir que no a una conducta". Para poder resolver este problema, el comedor compulsivo tiene que conocer las causas profundas de su comportamiento, y estas causas profundas siempre son psicológicas.

Detrás de toda compulsión por la comida se encuentra la ansiedad. Y la ansiedad tiene que ver a veces con la inseguridad, o con el miedo, o con la tensión. Sarráis asegura que es un primer paso para las personas que son comedoras compulsivas y que desean dejar de serlo, asumir este hecho; tener en cuenta que están sufriendo algún tipo de ansiedad y por eso la comida se transforma en una especie de compensación.

Un segundo paso para aprender a relacionarse de manera ordenada con los alimentos es aceptar que en ocasiones, el ser humano se siente mal. "Hay gente que utiliza la comida para sentirse bien", -afirma Sarráis- "entonces es necesario tener tolerancia a sentirse mal, es necesario un ejercicio de endurecimiento psicológico" para no evadirse con el placer que conlleva comer hasta el hartazgo, y que luego se convierte en culpa. Las personas con rasgos compulsivos pueden repetir una y otra vez esas cosas que les producen placer (aunque sea momentáneo) y terminar en conductas adictivas.

El comedor compulsivo no nace, sino que se va convirtiendo en tal, por lo tanto el entrenamiento psicológico en dominio personal es fundamental para volver a recuperar los hábitos de comida de manera controlada.