Quienes lo acusaban de ser el responsable de la segunda Intifida de los palestinos (2001)y de los actos de terrorismo de los comandos suicidas, Yasser Arafat murió el jueves 11 en territorio francés dejando un vacío que nadie sabe si puede volverse una oportunidad par la paz o el comienzo de una nueva escalada que termine por hacer estallar todo Medio Oriente.

 

Considerado primero ''terrorista'', luego interlocutor válido de los Israelíes para iniciar el proceso de reconocimiento mutuo, después Premio Nóbel de la Paz en 1994 junto a Simón Péres y Yitzhak Rabin, y nuevamente cuasi terrorista a partir de la rebelión de los palestinos de los territorios ocupados y de la emergencia de una nueva modalidad de militantes suicidas que hacen saltar por los aires buses y bares en Jerusalem y Tel Aviv y vehículos en los territorios ocupados, Arafat era el único líder casi incontestado de los palestinos, símbolo desde hace 40 años de la resistencia de un pueblo y el presidente legítimo desde 1996 de la Autoridad Palestina. Pero los únicos en reconocerle sin ambigüedad su papel eran últimamente los europeos, para quienes bien o mal Arafat conseguía mantener un mando centralizado, a veces incluso autoritariamente.

 

Su muerte puede representar tal vez la desaparición de un ''obstáculo'', pero no garantiza que su sustituto logre representar efectivamente al convulsionado universo palestino. Y esa puede ser la peor derrota para Israel: empezar de nuevo, como en mayo de 1948, dilapidando 56 años de sacrificios y sufrimientos inconmensurable de ambos pueblos.

 

En esa cuerda floja la prensa europea comenzó a hacer referencia a un ''Mandela palestino'', en referencia al diputado palestino Marwan Barghuti[1], preso en Israel y condenado recientemente a cadena perpetua, a quien el gobierno israelí le niega incluso el estatuto de preso político, acusándolo de terrorista. Miembro del Consejo Legislativo palestino, Barghuti es Secretario General del Fatah en Cisjordania, y parece tener el carisma y la influencia que podría unificar tras él al pueblo palestino. A tal punto su nombre aparece en el horizonte político, que a las 13 horas 39 minutos del jueves, solamente diez horas después de la muerte de Arafat, el jefe de la diplomacia israelí, Sylvan Shalom, excluyó tajantemente que Barghuti pueda integrar la nueva dirección palestina pos Arafat.

 

Un apresuramiento declarativo que llama la atención y vuelve inevitable el paralelismo: Israel supo de ''terroristas'' transformados en Primer Ministros, y el mundo sabe que la paz se hace entre combatientes y no con súbditos.

 



[1] http://mbarghouti.chez.tiscali.fr/