En una pequeña imagen de apenas 36 centímetros de altura se representa buena parte de la historia religiosa y de la memoria colectiva uruguaya. La Virgen de los Treinta y Tres, conservada actualmente en la Catedral Basílica de Florida, es una talla de madera del siglo XVIII, atribuida a los talleres guaraníes de las Misiones Jesuíticas. Su historia se vincula con el antiguo poblado del Pintado, la fundación de Florida, los acontecimientos de 1825 y, desde entonces, con una devoción que escaló a nivel nacional.
La Iglesia Católica sostiene que la advocación no nació a partir de una aparición mariana ni de un hecho sobrenatural, como ha sucedido en otros países como con la Virgen de Guadalupe en México o la de Fátima en Portugal. Su origen se vincula con la religiosidad popular y con la asociación de la imagen con la gesta independentista. Según la Conferencia Episcopal del Uruguay, en 1825 los habitantes de Florida comenzaron a llamarla “Virgencita de los Treinta y Tres”, en referencia a los acontecimientos que tuvieron lugar ese año.
Y en la actualidad, el próximo capítulo de esa historia tendrá lugar el 8 de noviembre, cuando el papa León XIV llegue a Florida durante su visita a Uruguay, en un recorrido vinculado a las celebraciones en torno al Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres.
Una talla llegada de las Misiones
La confección de la imagen, tallada en el siglo XVIII en madera de cedro americano, se atribuye a artesanos guaraníes de las Misiones Orientales. La Diócesis de Florida señala que la escultura está inspirada en una representación de la Inmaculada Concepción del pintor español Bartolomé Esteban Murillo, realizada en 1680.
De este modo, su procedencia se encuentra relacionada con la presencia de los jesuitas en el territorio, presentes en la zona entre 1680 y 1767, cuando fueron expulsados. A unos 20 kilómetros de la actual ciudad de Florida se conserva el lugar conocido como La Calera (también llamada Estancia Nuestra Señora de los Desamparados), donde la Compañía de Jesús tuvo un importante establecimiento rural. La propia documentación de la Iglesia vincula la imagen con ese ámbito misionero y con la cultura hispano-guaranítica que dejó una huella profunda en la región.
Catedral de Florida. Foto: Info Turismo.
El material histórico conservado por el Santuario señala que la talla se confió a Antonio Díaz, indígena de Santo Domingo de Soriano, quien le dio su primera capilla en el Pintado. La imagen era conocida entonces como Nuestra Señora de Luján del Pintado, en referencia tanto a su advocación como al lugar donde se encontraba.
En 1809, debido a las dificultades que presentaba el asentamiento del Pintado, el presbítero Santiago Figueredo impulsó el traslado de la población hacia las orillas del Santa Lucía Chico. La imagen acompañó a los pobladores y quedó vinculada desde entonces a la nueva villa de San Fernando de la Florida.
1825 y el origen del nombre
La relación con los acontecimientos de 1825 y la Declaratoria de la Independencia simboliza el núcleo de la tradición que dio origen a la advocación, con Florida como centro político de la llamada Cruzada Libertadora.
La veneración está vinculada a la Cruzada Libertadora.
El 14 de junio de ese año se constituyó allí el gobierno provisorio y el 25 de agosto la Sala de Representantes proclamó la independencia del territorio de todo poder extranjero y su unión a las demás provincias rioplatenses, en momentos en que la Banda Oriental era la Provincia Cisplatina del imperio brasileño.
La tradición sostenida por la Iglesia señala que los patriotas, el gobierno provisorio y los representantes acudieron ante la imagen de la Virgen y pusieron bajo su protección sus aspiraciones de libertad. A partir de entonces comenzó a difundirse entre los habitantes de Florida el nombre de Virgen de los Treinta y Tres.
La propia Iglesia, sin embargo, reconoce una precisión histórica relevante: no existe un acta ni una crónica contemporánea que registre el homenaje de los Treinta y Tres ante la imagen. El arzobispo de Montevideo entre 1976 y 1985, Carlos Parteli, dijo que la ausencia de ese documento no permite descartar la tradición, porque no era habitual levantar actas de una oración y Florida tampoco contaba entonces con prensa propia. En su investigación señaló, además, que existen documentos posteriores que muestran la continuidad del culto a la imagen y su presencia en Florida.
La corona de Manuel Oribe
Entre los objetos históricos asociados a la imagen ocupa un lugar central la corona de oro que Manuel Oribe le obsequió en 1857.
Oribe, segundo jefe de los Treinta y Tres Orientales, era devoto de la Virgen. Según un testimonio recogido en 1917 por el párroco de Florida Crisanto López, María Irureta, hija de Felipe Irureta —amigo de Oribe— relató que el general había solicitado la medida de la cabeza de la imagen y posteriormente envió la corona como acción de gracias por haberse salvado junto con su familia de un naufragio.
La Virgen de los Treinta y Tres. Foto: Conferencia Episcopal.
El testimonio señala que Oribe atribuía esa salvación a la Virgen de los Treinta y Tres y que acostumbraba encomendarse a ella antes de sus batallas.
El episodio pertenece al terreno de las “gracias atribuidas por los fieles a la intercesión de la Virgen”, y no a un milagro oficialmente certificado por la Iglesia. Esa diferencia resulta relevante porque la advocación no nació de un milagro reconocido ni existe un catálogo de milagros canónicamente aprobados que esté en el origen de su culto.
Sí existen, en cambio, testimonios históricos sobre personas que atribuyeron determinadas situaciones a la intercesión de la Virgen.
La primera peregrinación nacional documentada tuvo lugar el 15 de agosto de 1908 y la organizó la Congregación Mariana Mayor de Montevideo. En las décadas siguientes llegaron peregrinaciones desde distintos puntos del país y, en 1945, el obispo Miguel Paternain dispuso un recorrido con la imagen por buena parte de la diócesis, que incluyó Minas, Treinta y Tres, Melo, Tacuarembó, Paso de los Toros, Durazno, Sarandí y Florida.
La peregrinación nacional se mantiene hasta la actualidad y tiene lugar el segundo domingo de noviembre, alrededor de la celebración de la Virgen, cuya solemnidad se conmemora el 8 de noviembre.
De devoción local a Patrona de Uruguay
La importancia de la imagen creció durante el siglo XX y para 1961, monseñor Humberto Tonna, obispo de Florida, solicitó al papa Juan XXIII la coronación pontificia. El pontífice concedió el privilegio el 8 de marzo de ese año y la ceremonia se realizó en noviembre, con la presencia del nuncio apostólico, los obispos uruguayos, autoridades y peregrinos de distintos puntos del país.
Un lugar de peregrinación. Foto: Florida Noticias.
Un año después llegó el reconocimiento nacional: el 21 de noviembre de 1962, Juan XXIII declaró a la Virgen de los Treinta y Tres “Patrona de la República Oriental del Uruguay”. Desde entonces, su celebración adquirió formalmente una dimensión nacional dentro de la Iglesia Católica uruguaya.
En 1975, durante las conmemoraciones por el sesquicentenario de la Declaratoria de la Independencia, el Poder Ejecutivo declaró Monumentos Históricos a la Catedral de Florida y a la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, por lo que el reconocimiento patrimonial alcanzó así a la propia talla, además de su lugar de culto.
La iglesia parroquial de Florida había pasado a ser Catedral en 1931, elevada a Basílica Menor en 1963 y en 1993 recibió la declaración de Santuario Nacional.
La talla original continúa en la Catedral Basílica de Florida y debido a su antigüedad y a su valor histórico, la Iglesia decidió que no vuelva a salir del Santuario Nacional. Para mantener la tradición de las peregrinaciones se realizó una réplica destinada a recorrer las comunidades del país.
Juan Pablo II y Florida
La relación entre la Virgen de los Treinta y Tres y los papas tuvo otro capítulo central con Juan Pablo II, Sumo Pontífice entre 1978 y 2005, uno de los papados más extensos de la historia.
El papa Juan Pablo II junto a la imagen de la Virgen en Florida, en 1988. Foto: Diócesis de Florida.
Durante su primera visita a Uruguay, en 1987, la imagen presidió la celebración eucarística encabezada por el pontífice en Tres Cruces, en Montevideo (desde ahí quedó la cruz como testigo permanente). Un año después, el 8 de mayo de 1988, Juan Pablo II llegó a Florida, veneró la imagen y celebró una misa durante la cual ordenó sacerdotes a 13 diáconos. En esta visita, además, Juan Pablo II consagró Uruguay a la Virgen de los Treinta y Tres.
León XIV, siguiente capítulo
En breve, la historia de la pequeña imagen volverá a cruzarse con la de un pontífice. El Vaticano confirmó que León XIV visitará Uruguay entre el 6 y el 8 de noviembre, dentro de su primer viaje apostólico a América del Sur, con un recorrido que incluirá Montevideo, Paysandú y Florida.
La Virgen que comenzó su historia conocida como Nuestra Señora de Luján del Pintado, una pequeña talla de madera vinculada a los talleres guaraníes de las Misiones, permanece hoy en el mismo departamento al que llegó antes de la independencia. Allí conserva la corona asociada al voto de Manuel Oribe, el reconocimiento pontificio otorgado por Juan XXIII y la condición de Patrona del Uruguay.
El domingo 8 de noviembre, León XIV llegará a Florida para venerarla.