La vendimia 2026 dejó una paradoja para buena parte de la vitivinicultura uruguaya. Mientras los viñedos entregaron fruta de muy buena calidad y las bodegas continúan produciendo vinos que han logrado reconocimiento dentro y fuera del país, una porción importante de los productores enfrenta dificultades crecientes para sostener su actividad.
La preocupación ha sido planteada en los últimos días por el presidente del Centro de Viticultores del Uruguay, Aramir Silva, quien advirtió que alrededor del 70% del aparato productivo nacional atraviesa una situación delicada.
En declaraciones a El Observador, Silva sostuvo que una amplia mayoría de los productores se encuentra en una realidad “muy complicada”, con dificultades para realizar inversiones básicas y con un futuro que, en muchos casos, aparece comprometido.
Según explicó, los más afectados son los pequeños y medianos viticultores, así como aquellos productores que, en los últimos años, apostaron por transformarse en vitivinicultores para sostener la rentabilidad de sus establecimientos.
La situación preocupa especialmente porque coincide con un proceso de reconversión de viñedos, impulsado para modernizar la producción nacional. Aunque el sector reconoce la necesidad de avanzar en esa dirección, muchos productores consideran que las condiciones actuales dificultan que quienes cuentan con menor escala puedan acompañar el proceso.
Silva señaló que los apoyos económicos previstos para el arranque de viejos viñedos y el establecimiento de nuevas plantaciones resultan insuficientes frente a los costos reales que implica desarrollar un viñedo moderno.
Mientras las ayudas previstas rondan los 8.000 dólares por hectárea entre distintas partidas, la instalación completa de un nuevo viñedo puede demandar cerca de 20.000 dólares. Esa diferencia, afirmó, puede ser absorbida por empresas con mayor capacidad financiera, pero representa una barrera difícil de superar para establecimientos familiares o de escala media.
La preocupación también alcanza a los precios que reciben los productores por su materia prima. Silva puso como ejemplo el valor de la uva Merlot, que se mantuvo en niveles similares a los del año anterior, en un contexto de costos crecientes y márgenes cada vez más ajustados.
En ese contexto, el Centro de Viticultores del Uruguay busca abrir nuevas alternativas para sus asociados. Esta semana, la gremial firmará un convenio con la Intendencia de San José que permitirá incorporar el asesoramiento del enólogo Francisco Zunino.
Entre los objetivos figura fortalecer la articulación con el Instituto Nacional de Vitivinicultura y avanzar en la búsqueda de un proyecto industrial destinado a la elaboración de mosto de uva, una alternativa que podría generar nuevos mercados para la producción primaria y reducir la dependencia de los canales tradicionales de comercialización.
Desafíos
La preocupación expresada desde la dirigencia gremial encuentra eco en distintos puntos del país.
En Paysandú, Leonardo Abelando, propietario de la bodega Vinoterra —uno de los más recientes emprendimientos en el sector y que llegó de la mano de una iniciativa familiar—, describió una realidad que considera cada vez más desafiante para las bodegas y los productores nacionales.
Según explicó a Montevideo Portal, la cosecha de este año entregó fruta de “excelente calidad”, pero la comercialización resultó más compleja debido a que “muchas bodegas llegaron a la vendimia con elevados niveles de stock de vino”.
Esa situación impactó directamente en el mercado de la uva, en el cual varios productores encontraron mayores dificultades para colocar su producción.
Abelando señaló además que la “caída de las ventas no es exclusiva del sector vitivinícola”, sino que forma parte de un contexto económico más amplio. Sin embargo, entiende que la industria del vino enfrenta “desafíos adicionales derivados de la competencia con productos importados”.
A su juicio, Uruguay carece de mecanismos suficientes para proteger a los productores nacionales frente al ingreso de vinos extranjeros que llegan al mercado con costos significativamente menores.
El empresario sostuvo que los importadores operan con grandes volúmenes y pueden ofrecer etiquetas a precios con los que las bodegas locales encuentran “difícil competir”, especialmente si se consideran los costos asociados a la producción nacional, la carga impositiva y las inversiones necesarias para elaborar vinos de calidad.
La preocupación se vuelve más relevante en un contexto en el que el consumo de vino continúa descendiendo. Abelando afirmó que existe una “tendencia internacional” hacia una menor ingesta de vino y que Uruguay no escapa a esa realidad. Ante ese escenario, considera que las políticas públicas deberían apuntar a fortalecer la presencia del vino nacional en el mercado interno.
El empresario destacó que los vinos uruguayos mantienen altos estándares de calidad y que el país ha logrado construir una reputación positiva en el exterior gracias al desarrollo de vinos de calidad preferente (VCP) y a una oferta cada vez más diversa.
También valoró la calidad sanitaria de la uva obtenida en las últimas cosechas, especialmente en el norte del país, donde las condiciones climáticas permitieron obtener fruta sana y adecuada para la elaboración de vinos de alto nivel.